Tenerife, medio año de duras restricciones para bajar al nivel mínimo de alerta sanitaria

Casos activos de COVID-19 en Tenerife a 12 de febrero de 2021

Karen Estévez

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Ha pasado medio año desde que el Gobierno de Canarias endureció las restricciones en Tenerife para frenar el avance de la pandemia. Entre toques de queda, límites en aforos y prohibiciones en general, la isla ha pasado estos últimos seis meses conviviendo con semáforos naranjas y rojos (cuando aún se denominaban así) o nivel de alerta 3 y 2. La noticia de la llegada del nivel 1 de alerta sanitaria, el mínimo establecido por el Gobierno regional, ha sido un soplo de aire fresco para los tinerfeños a las puertas de su Carnaval.

La primera ola de contagios de COVID-19 en Tenerife amainó entre finales de abril y principios mayo de 2020. En ese período se pasó de los 45 casos por cada 100.000 habitantes a siete días, el 1 de abril, a 6,5 para el 9 de mayo. Los datos epidemiológicos de los dos meses siguientes mantenían a la isla en una “nueva normalidad”. La baja incidencia de casos de coronavirus a principios del verano pasado dieron una sensación de falsa seguridad en la población, que vio relajadas todos las restricciones y que aún no era consciente de las graves consecuencias de la enfermedad. Hubo que esperar al mes de agosto para comenzar a retratar la verdadera cara de la pandemia.

Desde principios de ese mes, Tenerife fue notificando cada vez más casos de coronavirus, pero no fue un crecimiento rápido, más bien lento y constante. A mediados de agosto, se duplicaba la incidencia con respecto al mes anterior, pasando de los 6,5 a los 13,7 casos por cada 100.000 habitantes a siete días. Era la llegada de la segunda ola.

Septiembre, el mes del semáforo rojo

Durante septiembre los datos COVID no mejoraron y la isla comenzó a sufrir restricciones para frenar el avance del virus.

El inicio del curso escolar marcaría este mes, con brotes en centros educativos, como es el caso del colegio Echeyde I, de Ofra, que aislaba a toda una clase por un positivo. A mediados de enero, el Ayuntamiento de Santa Cruz publicaba que la Policía Local se encontraba desbordada por los numerosos botellones descontrolados y las fiestas privadas, que favorecieron la transmisión del coronavirus.

En este momento, el Gobierno de Canarias decidió que Tenerife activaría el semáforo rojo por la COVID-19, también sucedió en Gran Canaria, Fuerteventura y La Gomera. La inclusión en el semáforo rojo de una isla se establecía si al menos un municipio superaba los 100 casos por 100.000 habitantes en la incidencia acumulada a siete días. A finales de septiembre, Santa Cruz de Tenerife notificó 120,83 casos, convirtiéndose en la segunda ciudad del Archipiélago con mayor incidencia, solo por detrás de Las Palmas de Gran Canaria (126,08).

La activación del semáforo rojo implicó la suspensión de eventos y actos sociales con más de 10 personas, con la excepción de las actividades culturales ordinarias que estuvieran programada de carácter público.

Octubre, el primer positivo en Vilaflor

Y llegó octubre. A pesar de las restricciones, los datos solo empeoraban en Tenerife, la única isla que se mantuvo en semáforo rojo de toda Canarias. A finales de mes, solo Vilaflor permanecía sin casos de COVID-19, mientras que, a día 29, se mantenían activos 3.381 casos y 148 fallecidos por la enfermedad desde el inicio de la pandemia.

Noviembre, brotes en residencias y peores datos epidemiológicos

Noviembre empezó con semáforo rojo y con todos los ojos puestos en La Laguna. El alcalde de la Ciudad de los Adelantados, Luis Yeray Gutiérrez, tuvo que convocar una reunión con carácter extraordinario para abordar junto a distintos departamentos del Gobierno de Canarias y agentes sociales implicados el refuerzo de las medidas para reducir la curva de contagios por COVID-19 en el municipio. No obstante, se decidió no cerrar la localidad: “La Laguna no tiene índices epidemiológicos para cerrarse”, apuntó entonces Gutiérrez. No tardaría en darle una vuelta a su decisión.

El día 5 de noviembre, Vilaflor, el único municipio de la isla libre de COVID-19, notificaba su primer contagio y la curva, que seguía sin ser dominada, abocaba a la isla a pasar dos semanas más en semáforo rojo.

Desde entonces, los brotes y los contagios se aceleraron, sobrepasando la línea de los 50 casos por cada 100.000 habitantes a siete días. Para intentar controlar la situación, el presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, convocó una junta de seguridad para analizar la evolución de la pandemia. En ese momento, Tenerife contabilizaba el 67% de los positivos identificados en el Archipiélago.

En noviembre, el Gobierno de Canarias también tuvo que asumir la gestión de la residencia de la tercera edad de Vistabella (San Pancracio), en Santa Cruz de Tenerife, tras el brote en el que se detectaron 26 positivos en residentes y 13 en trabajadores. El 10 de noviembre, se notificaba el fallecimiento de tres ancianos del centro.

A mediados de mes otro brote hizo saltar las alarmas, esta vez en la residencia de mayores de Ifara, con 25 positivos, de los que 19 son residentes y seis trabajadores. El 25 de noviembre se apuntaba un tercer brote en la isla, en la Residencia de Mayores Virgen de la Divina Gracia en Guamasa, en el municipio de La Laguna, con al menos 12 afectados. Finalizó el mes con el brote en el Hogar Santa Rita, en Puerto de la Cruz, con 28 casos positivos en un primer momento.

Asimismo, la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife tuvo que remitir un informe a la Fiscalía a raíz de una manifestación de una decena de personas a finales de noviembre. Los manifestantes se mostraban contrarios al respeto de la normativa preventiva para frenar el contagio de la COVID-19 en la isla.

Ya el 24 de noviembre y aún con el semáforo en rojo, el Gobierno comenzó a plantearse restricciones de cara a las Navidades, como limitar a seis personas las reuniones familiares y sociales que se celebren durante las fiestas de Navidad y un confinamiento nocturno entre las 01.00 horas y las 06.00 horas los días 24 y 31 de diciembre, Nochebuena y Nochevieja respectivamente, según se establecía en el borrador Propuestas de medidas de salud pública frente a la COVID-19 para la celebración de las fiestas navideña.

Al finalizar el mes, Tenerife copaba casi el 80% de los nuevos contagios de COVID-19 de Canarias, por segundo día consecutivo.

Diciembre, frenazo a la Navidad y primeras vacunas

Diciembre empezó con toque de queda a las 23:00 horas y con la preocupación por el incremento de casos positivos en la residencia de mayores Hogar Santa Rita, que a 9 de diciembre sumaba 195 afectados.

La Laguna también fue protagonista del mes tras alcanzar la incidencia acumulada a 14 días más elevada del Archipiélago, con 403,8 casos por cada 100.000 habitantes, y estar entre las quince ciudades españolas donde más crecían los contagios. En los primeros 10 días de diciembre se sumaron hasta 600 positivos de coronavirus.

Mientras el descontrol del virus en Tenerife hacía perder a Canarias el turismo británico en diciembre, la presión hospitalaria se encontraba cada día en mayor riesgo, con una ocupación de camas UCI desbocada. No dejaban de sucederse brotes y la incidencia en mayores de 65 años preocupaba a los médicos de la Isla. Tenerife se sumergía en el peor momento de su segunda ola, hasta que, el 16 de diciembre, el Gobierno de Canarias anunció nuevas restricciones, el cierre de la isla y el adelanto del toque de queda a las 22.00 horas hasta las 6.00 horas.

Las duras medidas hicieron que los ayuntamientos se pusieran manos a la obra para facilitar el desarrollo de algunos sectores, como la hostelería, que tuvo que cerrar todos los comedores interiores. Entre las populares medidas, la del Ayuntamiento de Santa Cruz, que otorgaba autorizaciones express para instalar mesas y sillas en la calle a los establecimientos que no dispusieran de espacio en el exterior.

A pesar de las medidas, Santa Cruz de Tenerife y La Laguna se convirtieron, respectivamente, en la quinta y sexta ciudad de España con mayor incidencia de coronavirus en los últimos 14 días, según los datos actualizados hasta el 22 de diciembre que eldiario.es recopilaba de los municipios con más de 40.000 habitantes con las cifras que ofrece cada autonomía.

Y entre restricciones llegaron las fechas navideñas. El 24 y el 31 de diciembre pasaron con la prohibición de reuniones de más de cuatro personas y hasta las 00.30 horas en Nochebuena y las 01.00 horas en Nochevieja.

EL 27 de diciembre brilló el primer rayo de esperanza con la llegada de las primeras vacunas.

Enero, empieza la desescalada

Las duras restricciones en Tenerife dieron sus frutos en enero. Pese a que las cifras seguían siendo preocupantes, la isla comenzó a mejorar sus indicadores epidemiológicos, dominando la curva de contagios.

A mediados del mes ya se auguraba una relajación en las restricciones. Entonces, la isla pasaría a nivel 2 de alerta, pero antes, Santa Cruz fue escenario de una protesta contundente del subsector de los gimnasios y centros deportivos, que exigían la reapertura de sus establecimientos, cerrados desde el 19 de diciembre, con el nivel 3 de alerta.

Fue el 19 de enero cuando San Cristóbal de La Laguna se convirtió en el municipio con más fallecidos de Canarias, superando a Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria.  

Y así, llegó por fin el nivel 2 de alerta y la relajación de las restricciones mantenidas en el tiempo desde septiembre.

Febrero, nivel 1 de alerta a las puertas del Carnaval

Tenerife comienza a ver la luz al final de un largo túnel de duras restricciones para frenar los contagios de COVID-19, que se comenzó a recorrer en el mes de septiembre, cuando se fueron incrementando paulatinamente los casos positivos. El horizonte esperanzador lo determina la mejora en todos los indicadores epidemiológicos que se han ido registrando en las últimos semanas en la isla, que ya se presenta, en general, en riesgo bajo.

Esto provocó que el Gobierno de Canarias bajara, por fin, a la isla a nivel 1 de alerta. No obstante, la inminencia de los carnavales y la posibilidad de las fiestas clandestinas han llevado a los expertos a aprobar una serie de medidas extraordinarias que se aplicarán en todas las islas de cara al puente de carnavales.

“No vamos a salvar fiestas, vamos a salvar vidas”, señalan desde Sanidad del Gobierno de Canarias. Hace ya un año que Canarias convive con la COVID-19, al menos eso se ha aprendido.

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