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Las colonias felinas siguen al margen de la ley ante la inacción de las entidades locales y arropadas solo por los vecinos

Montse Rojo alimentando a uno de los gatos de la colonia del Cabildo, en Santander.

Irene Sainz Oria

Santander —

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La colonia animal del Parlamento de Cantabria está servida. “Todos los domingos salto con bolsas de basura y recojo todo para que no haya quejas de los vecinos, porque a nosotros nos multan por la ordenanza de residuos urbanos. Y claro, la Policía nos conoce de sobra”, cuenta David Durán. “Ahora parece que se han relajado un poco con las sanciones”, añade. Quizá es porque hay una ley de protección de los derechos y el bienestar de los animales que estipula, entre otras cosas, en el artículo 39, Funciones de la Administración local, que corresponde a las entidades locales “el establecimiento de planes de control poblacional de los gatos comunitarios”.

“En esta colonia llevo unos cuatro años. Me turno con una señora que viene por las mañanas”. Todos los días, a las 21.00 horas, Durán sirve tres tápers de pienso con comida húmeda. Los pasa por debajo de la puerta en un abrir y cerrar de ojos. “¿Te suena la especulación que hay en este barrio?”, comenta. Tenía que ser en el Cabildo de Arriba de Santander, dónde si no. En los distintos solares de la zona vive una veintena larga de animales. En algunos puntos, tienen los días contados. “Van a meter las excavadoras en breve y los van a sepultar”. Durán confía en que uno de los vecinos que lo avisa cuando ve obreros por allí esté atento también cuando llegue ese día para rescatarlos a tiempo.

“Nosotros nos encargamos de alimentarlos, pero también de pagar las esterilizaciones y de comprar las medicinas cuando están enfermos. Hay varias clínicas veterinarias que colaboran y cuando se trata de un animal abandonado nos cobran un precio más ajustado. De todas formas, yo calculo que entre comida y veterinario me puedo gastar un mínimo de 300 euros al mes, aparte del tiempo que invierto”, explica Durán mientras baja por La Cuesta del Hospital para encontrarse con Kika, otra de las voluntarias que desde hace más de una década no falta a la cita. “Por aquí antes había más, pero a Rosa y a la Siamesa las envenenaron. No sabemos quién”, lamenta. “Más de una vez nos hemos encontrado cápsulas de matarratas en el agua”, especifica Durán. “Ahora solo quedan Nicolás, Amarillo, Esmeralda y Cayetana. Están todos operados y lo hemos pagado nosotros”, relata. Hay más colonias gatunas, pero ninguno de ellos quiere especificar dónde están: “Si se sabe, vienen a matarlos a todos. Yo ya no me fío de nadie”.      

El presupuesto que Kika destina a esta labor es incluso más alto. “Puede que sea de unos 500 euros al mes. No sé, el caso es que debo dinero. Además tengo otros tres en casa”. Y es que los voluntarios no solo atienden a los gatos en la calle, sino que si ven alguno cuya supervivencia peligra lo acogen en su vivienda. “Mírala, parece una orca”, suelta Kika como piropo definitivo a una de sus favoritas, que asoma la cabeza por debajo de la puerta: “¿No ves cómo tiene el morro así cortado?”. Aunque parezca mentira, comenta Durán, “los gatos negros tienen difícil adopción por la superstición. Es más, en octubre y noviembre cortamos la adopción de ejemplares negros y blancos porque hay gente que los quiere solo para ritos”, añade. “Sí, sí”, subraya ante el escepticismo. 

Durán es voluntario en un refugio de la asociación Cantabria Felina, ubicado en la zona de Cudón, donde en la actualidad hay más de 90 animales. “A veces nos llaman porque hay abandonos, pero es que no tenemos capacidad para acoger más gatos. Ya no se trata ni de pedir dinero, pero al menos nos podrían facilitar un local para atenderlos, aunque sea con nuestro trabajo y nuestro dinero”. En su opinión, la labor de la asociación Vecinos del Gato, que “el año pasado recibió una subvención de 12.000 euros del Ayuntamiento de Santander”, está en entredicho.

“Para empezar, esa cuantía es una trampa. Es imposible cubrir con esa cantidad los gastos que genera el control real de las colonias santanderinas”, explica. elDiario.es ha intentado ponerse en contacto con esta organización, pero no ha sido posible encontrar a nadie que quisiera explicar qué funciones realiza a día de hoy. “Lo que queremos es que haya una gestión ética de los animales”, continúa Durán: “Tú imagínate cómo estaría esto de ratas si no. No se trata de que la zona esté desmadrada sino de que los gatos estén esterilizados, chipados y de que el Ayuntamiento tenga constancia. Que cumplan la ley”.

Entre comida y veterinario me puedo llegar a gastar unos 300 euros al mes en la colonia del Parlamento de Cantabria

David Durán Cuidador voluntario

La norma, que entró en vigor el pasado 29 de septiembre, obliga a la implementación del método CER (Captura, Esterilización y Retorno) y establece, en sus artículos 38 a 42, que “corresponde a las entidades locales la gestión de los gatos comunitarios, a cuyos efectos deberán desarrollar Programas de Gestión de Colonias Felinas, dentro de los cuales será obligatoria la identificación mediante microchip, registrada bajo la titularidad de la Administración local competente, y la esterilización quirúrgica de todos los gatos comunitarios. También que se prohíbe el sacrificio de animales sanos”, recuerda Victoria Cedrún, portavoz de la Federación DEAN (Defensa Animal Cantabria). 

DEAN ha iniciado una campaña para “recordar” a los 102 municipios de la comunidad autónoma que el incumplimiento de las obligaciones impuestas “supone incurrir en infracciones administrativas que van desde graves a muy graves y que son sancionables con multas de hasta 50.000 euros en el caso de las graves hasta 200.000 euros si se convierten en muy graves”. Además, las administraciones pueden “incurrir en ilícito penal según los artículos 340 bis a 340 quinquies del Código Penal”. Y la Federación está dispuesta a interponer denuncias siempre que detecten dejación de funciones y vulneraciones flagrantes de la norma.

Mientras el Consistorio santanderino decide si mueve ficha o no, los encargados de la tarea de alimentar y mantener a los felinos del Cabildo de Arriba son, entre otros, David, Kika, Julia, Luis y Montse. “Mira, Perla, mira, Snoopy, que vais a salir en el periódico”, exclama esta última mientras señala a un par de gatos que se acercan con reservas al comedero lleno de pechuga de pollo que ha colocado detrás de la valla alambrada. “A ver si el Ayuntamiento se moja un poco o, por lo menos, que no ponga trabas, encima de que nos estamos gastando nuestro dinero. A mí me paró la Policía Local hace unos días para pedirme una autorización. Fui al Ayuntamiento, perdí toda la mañana y no tenían ni idea de qué estaba hablando. Ni ellos mismos saben lo que hay que hacer. Me mandaron a Vecinos del Gato y ni caso me hicieron”. 

Montse Rojo, que viene cada noche desde el Parque de La Marga, a casi dos kilómetros, –“antes tenía una amiga que vivía aquí y empecé a ver las colonias, a mí es que me gustan mucho los gatos”, desarrolla para justificar su paseo nocturno– lleva “solo cuatro años” en esta zona, pero Luis, que desde el patio trasero de su vivienda enfoca con una linterna a los animales que ocupan el solar adyacente, lleva “más de 20 años” cuidando de los felinos callejeros.

“Cuando los veo chiquitines es que se me parte el alma. Me voy con el sufrimiento para casa porque cualquier día los mata un coche. Y es que el Ayuntamiento tiene que encargarse de esterilizarlos, pero no lo hacen. ¿Qué hacemos nosotros entonces? Pues a veces a las gatas les damos la pastilla para que no se queden preñadas”, confiesa Montse. “La Progevera –anticonceptivo para uso humano– es malísima para las gatas, les provoca cáncer”, apunta David Durán indignado. “Ya, pero el Covinán, que es inyectable, es carísimo”, justifica la primera.

El único método ético de control de los animales comunitarios es el protocolo CER: captura, esterilización y retorno

Victoria Cedrún Portavoz de la Federación DEAN

“Los ayuntamientos cántabros ya vienen incumpliendo de forma sistemática sus obligaciones, entre ellas, la recogida de animales abandonados. Esto ya estaba recogido en la Ley que tenemos, totalmente obsoleta, de 1992, pero como esa norma no establecía sanciones, las entidades locales hacían caso omiso. Más de la mitad de los municipios no tenía ningún convenio establecido para llevar a cabo esta labor”, describe Cedrún. “Ahora ya no solo es obligatoria la recogida, sino que se exige sacrificio cero”. Existen honrosas excepciones en Cantabria: “Laredo, Comillas, Cabezón de la Sal y Castro Urdiales, por ejemplo, sí tienen implantado el método CER, que es el único control ético de las colonias felinas comunitarias. Y luego nos encontramos con municipios como Santander o Torrelavega con los deberes sin hacer”, recalca.

“La ordenanza de la capital cántabra no garantiza ni los mínimos que exige la Ley estatal. Intentaron modificarla el año pasado para avanzar hacia una ciudad pet friendly –amiga de los animales–, pero solo incluyeron a los animales de compañía, con propietario. Los abandonados, que son los que más apoyo necesitan, quedaron fuera”, apunta la portavoz de la Federación DEAN. Y en Torrelavega la situación no es mejor: “No han sido capaces de implantar todavía un protocolo CER. Han localizado las colonias y han repartido carnets de cuidador o cuidadora pero no esterilizan a las poblaciones. Han empezado la casa por el tejado”, critica Cedrún.

Desde la asociación Almas Abandonadas, que actúa en la comarca del Besaya, piden “reflexión”. “El concejal del área es del PSOE y no está haciendo nada, solo nos pone trabas, solo entorpece la labor. Y se piensa que por dar una subvención de 4.000 euros –que eso no es nada, nos lo gastamos nosotras en dos meses de castraciones, subraya una de sus voluntarias– nos tenemos que callar. Tienen que cumplir la ley que ha aprobado su propio partido e implantar el método CER”, incide. “Parece mentira la hipocresía, si un ciudadano no cumple la ley lo achicharran, pero para ellos no, para ellos es diferente”. 

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