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Más cruceros y menos pesqueros: el turismo marítimo bate récord mientras la pesca desaparece en los puertos cántabros

Imagen del crucero Ventura, con unos 3.200 pasajeros y 1200 tripulantes a bordo, saliendo del puerto de Santander el pasado 1 de junio.

Bárbara Ferrer

13 de junio de 2026 22:08 h

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La pérdida de flota sitúa al sector pesquero cántabro en mínimos históricos. Según datos de la Federación de Cofradías de Cantabria, la flota de embarcaciones pesqueras de la comunidad se encuentra en sus niveles más bajos en años. La situación es especialmente crítica en el segmento de artes menores -pesca cerca de la costa-, que actualmente cuenta con solo 64 barcos en activo tras haber perdido nueve unidades en lo que va de 2026.

La flota de cerco -dedicada a captura de sardina, anchoa o caballa- la componen apenas 30 embarcaciones, con una pérdida constante de una o dos unidades anuales. Esta merma de barcos no solo supone una pérdida económica, sino el desmantelamiento de un modo de vida que ha definido al litoral de Cantabria durante siglos.

En concreto, la estampa del frente marítimo de Santander está cambiando de forma acelerada. Donde antes dominaba el ajetreo de barcos yendo y regresando de faenar a la lonja, hoy son cada vez más habituales las imponentes siluetas blancas de grandes ‘hoteles flotantes’ circulando por la canal.

El Puerto de Santander ha consolidado una apuesta decidida por el turismo de cruceros, un sector que vive un momento de gloria con cifras que este 2026 baten todos los registros previos.

La apuesta por el turismo como motor estratégico

Frente a la crisis del sector primario, la política institucional se ha volcado en la marca 'Santander Cruise Deluxe'. Esta alianza entre el Gobierno de Cantabria, el Ayuntamiento de la capital y el Puerto busca posicionar a la comunidad como el referente de cruceros premium en el norte de España.

Las previsiones para esta temporada son históricas: 38 escalas y más de 60.000 turistas. El retorno para la ciudad se articula a través del desembarco masivo de pasajeros que, durante sus horas de escala, supuestamente consumen en la oferta gastronómica, visitan centros culturales y realizan excursiones por diversos puntos de la región.

A finales de este mes de mayo, el puerto fue testigo de la visita simultánea de buques como el Ventura, con capacidad para 3.300 pasajeros y una tripulación formada por 1.200 personas, y el World Voyager, con 200 turistas a bordo y 125 tripulantes. Entre ambos casi unas 5.000 personas.

César Díaz, presidente de la Autoridad Portuaria de Santander, destaca que este mercado no solo favorece la desestacionalización del turismo, sino que aún cuenta con un “importante margen de crecimiento”. El objetivo es claro: convertir a Santander en el puerto de referencia para los cruceros de lujo, aprovechando la comodidad de un atraque situado en pleno corazón de la ciudad.

Barco de pesca atracado en el Barrio Pesquero de Santander.

Un futuro incierto entre el lujo y la tradición

Sin embargo, la convivencia entre el modelo de puerto turístico de éxito y la supervivencia de la pesca tradicional parece cada vez más difícil especialmente en puertos como el de Santander. Mientras la Autoridad Portuaria celebra el éxito de sus gestiones internacionales en ferias como Seatrade Miami, los pescadores locales ven cómo su infraestructura básica, como el puente de acceso a la lonja, no goza del mantenimiento adecuado.

Agustín Trueba, secretario de la Cofradía de Pescadores de Santander, confirma que la flota de la capital se encuentra bajo mínimos. Actualmente, la cofradía cuenta con solo nueve barcos de artes menores. Aunque es la misma cifra que se registró en 2025, supone un descenso significativo respecto a 2024, cuando todavía faenaban 12 embarcaciones. Esta reducción del 25% en apenas dos años ilustra la velocidad a la que el sector está desapareciendo en la propia bahía santanderina.

Trueba pone el foco en una infraestructura que se ha convertido en el principal enemigo de los marineros: el puente levadizo de Raos. La avería prolongada de esta estructura el pasado año, que se mantuvo inoperativa entre febrero y octubre, dice que sin duda “ha incidido muy negativamente en la actividad pesquera”.

Este periodo de bloqueo, fue una de las causas, según Trueba, de que se descargase un 50% menos de bocarte (anchoa) en la lonja santanderina durante la última costera, ya que los barcos de mayor porte no podían acceder al punto de subasta y se veían obligados a descargar en puertos vecinos como el de Santoña.

Hasta la fecha, solo se ha reparado una de las dos hojas del puente. Aunque la autoridad portuaria se comprometió formalmente a tener lista la segunda hoja en un plazo de dos meses -desde febrero que se reparó la primera-, ya han transcurrido cuatro y el mecanismo sigue sin funcionar en su totalidad, recuerda el secretario de la cofradía santanderina. Según Trueba, aunque en principio los barcos actuales pueden pasar con una sola hoja abierta, “en el momento en que surja cualquier mínima avería técnica en la hoja operativa, la flota volvería a quedar atrapada”, impidiendo el acceso a la lonja.

Promoción internacional frente a realidad local

La efervescencia turística convive, por tanto, con una realidad menos amable, la paulatina desaparición de la identidad pesquera y la agonía de una flota que lucha por no extinguirse. El Barrio Pesquero de Santander, uno de estos últimos reductos se enfrenta al desafío de no convertirse en un mero escenario pintoresco para los miles de cruceristas que, cada año más, desembarcan en el muelle de Maliaño buscando esa esencia marinera.

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