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La historia de “un capricho” de palacio en Santander: de 'neomudéjar' abandonado a manos de una estrella del 'street art'

Imagen de archivo del frente del Palacio Ortiguera, en la calle López-Dóriga, de Santander.

Elsa Cabria

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El grafitero que, a mediados de los noventa, firmó muchas paredes de Santander con el seudónimo Okuda, tiene una conexión, desde esta semana, que parecía improbable. Okuda tiene ahora un vínculo con Joaquín Cortiguera, un célebre ginecólogo que fue el artífice, en el siglo XIX, del único palacete de estilo 'neomudejar' que hay en Santander: el palacio Cortiguera.

La Cadena Ser desveló la negociación que el hoy artista internacional de 'street art' Óscar 'Okuda' San Miguel (Santander, 1980) mantiene con el Ministerio del Interior para convertir en un centro de arte urbano el interior del palacete. Un inmueble de azulejo, ladrillo y arcos de herradura, que lleva 30 años entre la indolencia y el abandono institucional, en el centro de la capital cántabra.

El palacio está protegido dentro del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Santander, pero no forma parte de ningún inventario de patrimonio civil. Es hoy propiedad del Ministerio del Interior, pero hasta llegar a la negociación con el colorista Okuda, ha experimentado muchas negociaciones infructuosas con el Ayuntamiento de Santander, un concursos de ideas para ser rehabilitado, y fallidos intentos de subasta pública.

En origen, el palacete fue un encargo del ginecólogo santanderino Joaquín Cortiguera y Fernández-Pelilla, casado con Magdalena Pujol Ruiz. El médico hizo un encargo singular en 1888: pidió al laureado arquitecto Atilano Rodríguez que construyese un palacio inspirado en la arquitectura de los mudejares -musulmanes que vivieron entre los cristianos previo pago de tributo y dejaron un gran legado artístico-. Un año después, en 1889, Cortigera inauguró el palacete, que convirtió en su residencia y en clínica ginecológica, con una fachada repleta de elementos nada habituales en construcciones del norte de España.

Frente al estilo regionalista de otros palacetes en Santander, el llamado Palacio Cortiguera tenía un aspecto diferencial, aunque curiosamente la definición 'mudéjar' se asentó en el mismo siglo XIX. “Fue un capricho del propietario, eligió el estilo 'neoárabe' por gusto personal”, explica el experto Aurelio González de Riancho, miembro de Grupo Alceda, que trabaja en la protección del patrimonio cultural cántabro y que describe las particularidades del edificio a elDiario.es.

El estilo 'neomudéjar' solo tiene reflejo en Cantabria en el complejo residencial de Solvay, en Barreda, y en menor medida, en la plaza de toros de Santander, explica otra fuente experta en arte, bajo anonimato: “En el segundo tercio del siglo XIX y principios del XX, hay una atracción por estilos considerados exóticos” por parte de cierta alta burguesía que quiso dar una impronta mudéjar a la construcción civil.

Joaquín Cortiguera y Magdalena Pujol, propietarios del palacio, fallecieron sin descendencia. Después, el inmueble ubicado en una céntrica y frondosa finca en cuesta en la calle López-Dóriga, pasó a acoger la Cámara de Propiedad Urbana, hasta 1993. Desde entonces, el palacete Cortiguera entró en desuso y en lenta decadencia hasta hoy. Y es que si la negociación resulta fructífera, aunque no han trascendido más datos, podría generar un centro de arte urbano auspiciado por Okuda, un artista que empezó en el grafiti y cuya obra se encuentra en numerosas fachadas de edificios de Cantabria y del mundo.

El valor patrimonial del palacio reside fundamentalmente en su exterior, en sus ventanas y arcos. Por eso, los expertos consultados defienden la posibilidad de que Okuda pase a crear un centro de arte urbano dentro del palacete abandonado. “Me parece bien que Okuda adquiera el palacio para que sea rehabilitado, porque al no ser parte del inventario de patrimonio civil, la iniciativa privada permitiría protegerlo”, defiende González de Riancho.

El universo comercial de la marca Okuda

El centro de arte del palacio Cortiguera estaría influido por el universo de Okuda, un artista cuyo estilo se fundamenta en el graffiti y el arte urbano, “pero está profundamente vinculado” al movimiento Low Brow, “un estilo de arte underground que surgió en California entre finales de los años 70 y los 80, vinculado al surf”. Así lo explica el artista y comisario de arte Jesús Álberto Pérez Castaños: “Esta corriente tiene una fuerte influencia de la estética del cómic, caracterizada por el uso de la línea clara, elementos que han marcado la trayectoria y la identidad visual de la obra de Okuda hasta la actualidad”, explica.

Pérez Castaños (Santander, 1950), más conocido como JAPC, ha hecho escuela en Cantabria con su impronta también colorista y conoce el trabajo de Okuda desde sus orígenes grafiteros. Recuerda bien cuando fue a conocer a un grafitero que pintaba “o escribía” a mediados de los noventa en Canfrisa, un viejo matadero hoy derribado, con sus amigos. En 2009, el comisario de arte organizó una exposición titulada 'Jóvenes cachorros' en una nave del Puerto de Santander, dedicada a pintores menores de 30 años: “Fue significativa porque representó la primera vez que expuso obra enmarcada”.

Imagen del catálogo de la primera exposición de obra enmarcada de Okuda

En el catálogo de aquella primera vez que Okuda expuso obra enmarcada, citó entre sus referentes a Banksy, dijo que lo más importante era tener estilo propio, y también dijo: “Por parte de las instituciones de mi ciudad, nunca he notado apoyo”.

Desde entonces, Okuda ha evolucionado hasta celebrar ahora 30 años en el mundo del arte y tener un gran espacio cultural en Madrid llamado Factory of Dreams y además pinta fachadas, palacios, iglesias, tazas, bolígrafos o coches, con un equipo de profesionales. Tiene una colorista y reconocible marca cuya esencia está en el proyecto para el interior del palacio Cortiguera, que muchos grafiteros puros y otros tantos expertos en arte contemporaneo rechazan y que JAPC defiende: “Okuda ha pasado a tener un modelo empresarial y comercial, pero sin perder el trato humano y la inocencia. Es un artista total con rentabilidad, pero no pinta por hacer negocio”.

Y JAPC advierte mirando muy atrás sobre el futurible arrendatario del palacio 'neomudéjar': “Okuda está en un entramado comercial que no es ajeno al pasado: Rembrandt y Rubens tenían estudio y vendían obra; hoy se propicia la comercialización del producto y él tiene una repercusión económica muy grande, pero detrás sigue existiendo ese niño que pintaba muy bien en la calle”.

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