El Palacio de Ocharán, un patrimonio protegido en Castro Urdiales con piscina de agua de mar que sale a la venta por 6,5 millones
Los coches y autobuses atravesaron durante años el estrecho túnel de Ocharán en Castro Urdiales y fugazmente se apreciaba la singular arquitectura del Palacio y el espléndido jardin que siempre ha estado cerrado. Nadie ha entrado nunca a la casa, en manos privadas, aunque desde hace once años, el Ayuntamiento organiza visitas a la mitad del amplio jardín que es de uso público.
Castro Urdiales ha heredado un notable patrimonio modernista, rubricado en su mayoría por los arquitectos castreños Eladio Laredo y Leonardo Rucabado: El Palacio de Ocharán, las casa de los Chelines, los edificios Bristol y Salvarrey, el chalet San Martín y la arquitectura funeraria del Cementerio de la Ballena, con su relevante catálogo de panteones modernistas, neogóticos y art noveau.
El primero de ellos, el Palacio y los jardines de Ocharán -protegido como Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1984- ha salido a la venta por 6,5 millones de euros en una inmobiliaria que lo promociona como “uno de los conjuntos monumentales privados más singulares de España”. Una finca de veinte mil metros cuadrados -la mitad son públicos- con una piscina de agua salada, que toma del cercano Cantábrico, ahora seca, fuentes y más de cincuenta especies de árboles diferentes -cocoteros, acacias, Grinkgo bilova y secuoyas entre otros- que trajo en sus barcos Luis Ocharán y que configuran un considerable jardin botánico.
Un lugar que, hasta ahora, pocos conocen porque sus jardines solo se abren al público unos días al año, con cierta regularidad desde el año 2015, para un cupo de visitas reducido.
Observatorio astronómico y puerto de Luis de Ocharán
El lugar toma el nombre de su propietario original, Luis de Ocharan, que eligió este emplazamiento para poder contemplar la carga y descarga de sus barcos en el muelle. De hecho, la casa se ubicó cerca del llamado Muelle de Don Luis, que él mismo construyó para poder atracar el barco que utilizaba para llegar desde Bilbao a Castro Urdiales.
Un empresario que llegó a Castro Urdiales con su familia en los años sesenta del siglo XIX, que destacó como fotógrafo -su gran vocación- y que también abrazó la literatura como autor de dos novelas. Su gran empeño fue elaborar un gran álbum fotográfico sobre la historia de El Quijote que quedó incompleto.
Su espíritu empresarial, artístico e intelectual confluye en el encargo de su singular residencia en Castro, que hizo al arquitecto castreño Eladio Laredo: un palacio de estilo ecléctico revestido de mármol rosado y blanco, con ornamentos de estilos italiano y griego y una fachada porticada de diez columnas clásicas de orden jónico en doble hilera.
Un singular conjunto de principios de siglo, al otro lado de la ya desaparecida vía del ferrocarril de Castro-Traslaviña, formado por cuatro elementos. El más antiguo, construido en 1901, es el Palacio de Ocharan o Toki-Eder (hermoso paraje, en vasco) rematado por una torre clásica, cuadrangular, y un frontón decorado con motivos florales.
Otra de las grandes aficiones de Ocharan fue la astronomía, hasta el punto de que -trece años más tarde, en 1914- se construyó un observatorio en el que no quiso instalar luz eléctrica para poder contemplar mejor el firmamento. Con su telescopio obtuvo imágenes fotográficas interesantes, como la de la nebulosa Herchell, que reprodujo en 1915 la revista La Esfera.
El Palacio y el Castillo-Observatorio están ubicados en un extenso jardín que alberga otras dos construcciones: la capilla y la casa de los guardeses. Todo el conjunto está rodeado de una muralla almenada de inspiración mudéjar. Del edificio llama la atención el colorido de los azulejos de técnica mayólica, un tipo de decoración cerámica sobre loza esmaltada, que fueron diseñados por Daniel Zuloaga, hermano del pintor.
Durante los años 70, la propiedad pasó a manos de Miguel de la Vía, el dueño de la cantera de Santullán. Un conocido coleccionista de Rolls-Royce que tenía además negocios de construcción.
En el año 2000, el Ayuntamiento llegó a un acuerdo con él para que cediese 11.000 metros cuadrados de jardin para uso público a cambio de recalificar otros terrenos de su propiedad, los de la antigua cantera, para usos industriales. El acuerdo que, además incluía urbanizar el exterior del Palacio para construir viviendas, quedó sin ejecutarse en su totalidad. Nueve años después, De la Vía falleció y la propiedad pasó a manos de sus herederos quienes, hace unos meses, tomaron la decisión de vender la propiedad.
Desde entonces, ha habido ocho clientes interesados -señala la agencia inmobiliaria- seis de ellos de nacionalidad española, uno de Reino Unido y otro de Finlandia. Aunque, de momento Toki Eder continua en venta. La directora de Engel & Völkers Norte, Laura Berridi, dice que su atractivo reside “precisamente en aquello que no puede reproducirse”: su historia, el estado de conservación, la protección legal, el valor arquitectónico y el valor cultural.
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