Mirar hacia otro lado
Es una forma de vivir. Sin duda. Es una forma de vivir que relaja pero carcome; que alarga el tiempo y estrecha la dignidad. Miramos a otro lado para no mirarnos al espejo. Miramos a otro lado para no mirar. Entretenemos a nuestra moral con trampantojos y practicamos el cómodo deporte de echarle la culpa a todo aquel que no se parezca a nosotros.
En España, desde hace unos años, además, es cómodo mirar hacia otro lado sabiendo que la culpa de todo la tiene una sola persona (siempre que esa persona sea presidente y pertenezca al PSOE) y que, en todo caso, tenemos categorías gigantes en las que descargar todo lo que nos desagrada. Nosotros podemos tratar de aprovecharnos en el día a día de los resquicios del sistema pero todos los políticos son unos corruptos; podemos ser violentos desde la grada defendiendo al equipo infantil de nuestro hijo pero los aficionados británicos al fútbol son todos, sin excepción, unas bestias violentas; consumimos productos chinos a pares y al mismo tiempo echamos pestes del comunismo; estiramos la baja por enfermedad hasta límites insospechados pero ponemos a parir a los funcionarios; denunciamos con furor en la barra del bar la 'evidente' falta de libertades en España pero no nos parece insoportable que Israel bombardee hasta a los cadáveres de los civiles palestinos; aseguramos con 'conocimiento' de causa que los ocupas acechan las casas de nuestros vecinos pero no discutimos las cláusulas abusivas de los bancos; nos quejamos de los impuestos, de todos los impuestos, pero no nos molesta que los que más tienen no los paguen o utilicen costosos abogados para evitarlos; reciclamos botellas y cartones para proteger el medio ambiente mientras nos importa un carajo que se 'extraigan' lobos de unos bosques abandonados por una cultura urbanita que solo desequilibra la vida.
Miramos a otro lado para que no nos salpique la sangre, la mierda, la pobreza, las injusticias, los abusos de poder, la violencia institucional, el racismo estructural, el patriarcado que tiene el nombre del vecino, del amigo, del familiar…
Mirar hacia otro lado también tiene otros efectos. Uno de ellos es la nostalgia de lo infame. Como la nueva asociación de vecinos de El Sardinero, que denuncia que “lo que antes fue un rincón emblemático y señorial de la ciudad, en la actualidad ha perdido por completo su encanto” porque se quiere “borrar el carácter distinguido de El Sardinero, convirtiéndolo en un espacio impersonal y vulgar”.
Si seguimos mirando hacia otro lado estiraremos el tiempo de la ignorancia tranquilizadora, pero la tortícolis terminará paralizando nuestro sistema nervioso. Enderezar la mirada nos enfrenta a complejos dilemas morales, pero también nos hace más humanos
Añorar el clasismo es parte de la incapacidad de mirarse al espejo y darse cuenta de que los privilegios son eso: privilegios de clase y no derechos. Otro de los efectos es la incapacidad de (re)conocernos. Si nunca nos miramos no podemos conocernos. Creemos ser lo que nos dicen que somos, no lo que realmente somos. Esta semana, de hecho, he tenido una experiencia reveladora. He visto por primera vez un informativo de Antena 3 TV y si el espejo que nos ofrece correspondiera con la realidad (por suerte, no es así), buscaría asilo en cualquier otro país que no fuera este. Yo no vivo ni soy como esa propaganda difunde.
El último efecto que tiene es el del derroche de esfuerzos estériles. Si miramos a donde no debemos, estaremos obsesionados por asuntos mínimos y vacuos. En un momento en el que nos enfrentamos a la degradación generalizada de la vida, con gobiernos autocráticos, guerras, crisis climática, fronteras físicas y virtuales y persecución de la diferencia, nosotros andamos obsesionados con la microbiota, el gimnasio o los pasos que marca nuestro podómetro.
Si seguimos mirando hacia otro lado estiraremos el tiempo de la ignorancia tranquilizadora, pero la tortícolis terminará paralizando nuestro sistema nervioso. Enderezar la mirada nos enfrenta a complejos dilemas morales, pero también nos hace más humanos. Re-humanizarnos pasa por aceptar la fragilidad, la injusticia y la oscuridad. Y, claro, hacerlo es el primer paso para salir de ese profundo estado de inconsciencia.
Sobre este blog
Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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