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La educación presencial en pandemia, a examen: Cantabria afronta su vuelta al cole más incierta con las medidas para evitar contagios masivos en el punto de mira

Un profesor echa gel hidroalcóholico a un grupo de niños con mascarilla en el colegio.

Rubén Alonso

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La vuelta al cole ha llegado en pleno auge de la segunda oleada del coronavirus. Desde que la COVID-19 obligara a cerrar los centros educativos en marzo, adaptando el final de curso a un modelo telemático excepcional, la educación presencial en tiempos de pandemia es una realidad desconocida, que a partir de ahora se verá sometida a un 'examen' en todo el país.

Y es que en Cantabria, al igual que en los demás territorios, el retorno a las aulas está siendo el foco de todas las polémicas en las últimas semanas y la principal preocupación de padres y madres, profesionales docentes y administraciones públicas encargadas de gestionar los protocolos sanitarios y de prevención.

La incertidumbre sobre si se producirán contagios masivos en las aulas prevalece y las medidas establecidas por la Consejería de Educación -en coordinación con la de Sanidad, y siguiendo las pautas del Ministerio- están en el punto de mira desde este lunes que arranca el curso 2020-2021 en la comunidad.

“Habrá contagios”, han advertido tanto la titular de Educación, Marina Lombó (PRC), como el de Sanidad, Miguel Rodríguez (PSOE), pero lo importante es “actuar rápido para evitar que el brote se propague”. Así todo, el Gobierno autonómico ha garantizado a las familias que sus hijos “van a estar seguros” en las aulas porque el protocolo cántabro, en palabras de la consejera, es uno “de los más restrictivos y exhaustivos” del país.

En este sentido, Lombó informó este jueves en una comparecencia parlamentaria de que este lunes se incorporan a las aulas cántabras 90.020 alumnos de enseñanzas no universitarias, 2.743 estudiantes menos que el curso pasado, y que la comunidad cuenta con 293 docentes más -24 de ellos en la concertada- con previsión de que este número “crezca considerablemente”.

Masarilla obligatoria desde Primaria, 'grupos burbuja' para evitar contagios entre los más pequeños, distancias de 1.5 metros, ratios de hasta 25 alumnos, tal y como establece el Ministerio, e incluso un 'contrato' de responsabilidad para padres -en el que se comprometen a que los estudiantes no acudan al centro educativo si presentan síntomas de sospecha de coronavirus, así como a comprobar diariamente el estado de salud de los mismos-, son las principales medidas anunciadas por la Consejería el pasado 20 de julio para este nuevo y atípico curso escolar.

Familias y docentes

No obstante, las nuevas directrices no tranquilizan a las familias, quienes, a través de las asociaciones de padres y madres exigen más garantías para una vuelta al cole “presencial y segura”. “No podemos consentir que en pocos días veamos cómo volvemos a una suspensión de la actividad lectiva presencial que sería imperdonable”, advirtió FAPA de Cantabria.

Pero si hay un colectivo que lleva semanas dando la voz de alarma y reclamando a las administraciones más recursos para evitar un colapso del sistema son los propios docentes, quienes desde este lunes van a tener que aplicar las medidas de prevención establecidas, en uno de los ámbitos donde el contacto social -con y entre niños- y la cercanía son la esencia de la profesión, cargando con la responsabilidad de tratar de evitar que sus centros se conviertan en un foco de contagio.

Han reclamado recientemente pruebas PCR masivas, reducción de ratios y controles de temperatura, y solo han conseguido esto último, después de que Sanidad dijera que que hacer test a todo el profesorado “no tiene ningún sentido desde el punto de vista de la salud pública” y de que el presidente, Miguel Ángel Revilla (PRC), asegurara en un programa de televisión que “no hay en Cantabria una clase que tenga más de 15 niños”, unas afirmaciones que no se ajustan a la realidad y que indignaron a docentes de la región.

En definitiva, Cantabria arranca este lunes su particular prueba de fuego en lo que al retorno a las aulas en plena pandemia se refiere, con muchas incógnitas que el paso de los días y la evolución de los datos de la COVID-19 irán despejando. “Las primeras semanas serán clave para saber hasta qué punto los centros educativos son capaces de recuperar una cierta normalidad académica y convivencial sin que por ello se conviertan en focos de propagación de la enfermedad”, apuntó Jesús Aguayo, miembro del sindicato educativo STEC. 

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