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Artículos de opinión de Javier Gallego, director del programa de radio Carne Cruda.

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Un virus recorre Europa (y no es el coronavirus)

No hay nada que temer. Turquía ha abierto la puerta para enviarnos la plaga pero Grecia ha evitado que entre en Europa. Miles de mujeres, hombres y niños han sido gaseados por la policía griega en la frontera turca, el gobierno heleno ha cancelado su proceso de asilo durante un mes en contra de la legalidad internacional y la Guardia Costera ha repelido con disparos al agua y palos a una patera que intentaba llegar a Lesbos. ¡Que no entren los infectados!

Ha habido que lamentar la muerte de un niño de seis o siete años cuando su embarcación ha volcado ante la llegada de un guarda costas. La Unión Europea culpa al gobierno del turco Erdogan por abrir sus fronteras y respalda a Grecia. Llevan años dejando que los griegos y la fosa común del Mediterráneo haga el trabajo sucio de impedir la entrada de los refugiados con su pobreza, feas costumbres y mal olor.

No es el coronavirus, son personas, pero se les está tratando como si fueran ellas mismas un virus letal. El primero Erdogan que las utiliza para sacarle dinero a Europa por ocuparse de la emigración. Ahora también para que le ayuden a enfrentarse a Al Asad y Putin en Siria y detener el flujo migratorio de una guerra en la que Estados Unidos y sus aliados azuzaron una hoguera que luego no han podido controlar. Cuando juegas con fuego, te quemas. Cuando pagas a la mafia para que te recoja la basura, te chantajea.

Turquía ha mandado a sus guardacostas a guiar a las pateras y ha fletado autobuses de refugiados a los que prometía que Grecia les esperaba con los brazos abiertos. Nada más lejos de la realidad. Mujeres con bebés en brazos, niños solos, ancianos y hombres jóvenes han tenido que correr huyendo de los gases lacrimógenos o sufrir desde una patera los tiros y palazos de la policía. Les han recibido como si fueran leprosos que intentaran contagiarnos. Sólo han faltado las antorchas. Europa parece cada día más medieval.

Nada justifica lo ocurrido pero Grecia se ha cansado de ser el desván de una Europa que condena con palabras la brutalidad pero avala las devoluciones en caliente y deja a los griegos a solas con el problema. Las consecuencias empiezan a verse. Hace unos días, los habitantes de Lesbos se manifestaban contra la construcción de un nuevo campo de retención para dar cabida a las miles de personas que desbordan Moria, un campo para 3.000 donde viven hacinadas 15.000 en condiciones infrahumanas. La población isleña mayoritariamente solidaria y paciente hasta ahora, se niega a convertirse en una cárcel permanente.

En las últimas horas, fascistas griegos han agredido a cooperantes y refugiados en la isla. Un virus mucho más peligroso y mortal que el coronavirus recorre Europa. Una epidemia de fascismo y xenofobia. No es sólo asumible, la emigración puede ser positiva para el crecimiento y rejuvenecimiento de nuestros países, como señalan todos los indicadores. Pero cuando la Unión Europea convierte esta oportunidad en crisis y legitima la violencia contra el que viene de fuera, alienta los discursos de odio que nos infectan.

Defender la solidaridad, la integración y la fraternidad con los más vulnerables fortalece a nuestras democracias y debilita a los fascismos. No olvidemos que los muros que se levantan para que otros no entren, nos encierran también a los que estamos dentro.

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Publicado el
2 de marzo de 2020 - 21:46 h

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