Viviendas pasivas, “diseñadas para ahorrar” y sentar las bases del autoconsumo energético

Las Lomas Passiv

Carmen Bachiller


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“La pandemia ha acelerado el interés por las viviendas pasivas que están diseñadas para ahorrar” debido al tiempo que hemos tenido que pasar -y que seguimos pasando- en casa.

El coronavirus ha revelado “que nuestro parque edificado tiene carencias en cuanto a las condiciones de confort interior, tanto térmico como de calidad del aire”, dicen desde el ámbito del sector de la Arquitectura regional y lo confirman desde la Administración castellanomanchega.

De ahí la necesidad de mejorar esas condiciones y de que, entre otras cuestiones, se haya suscitado el interés por las llamadas viviendas pasivas.

Pero, ¿qué son? ¿Cuál es la diferencia con las viviendas de consumo energético nulo o casi nulo? ¿Todas las casas con elementos de eficiencia energética son viviendas pasivas? La respuesta es que no.

Este modelo de construcción y diseño suele responder a la filosofía del estándar Passivhaus “con requisitos mínimos internacionales, que combinan el diseño del edificio (compacidad, orientaciones, aislamientos, ventilación…) para obtener las condiciones interiores máximas de confort tanto en invierno como en verano, con el mínimo consumo energético”, explica Ana Teresa García, arquitecta y presidenta de la Demarcación en Albacete del Colegio de Arquitectos de Castilla-La Mancha.

En el mercado hay otros estándar (BREEAM o certificado de construcción sostenible referente en Europa o LEED, un sistema de certificación de edificios sostenibles, desarrollado por el Consejo de la Construcción Verde de Estados Unidos o Green Building Council), aunque en España, el Passivhaus es, según los expertos a los que consultamos, el más “concreto y estricto” y asumido por las Administraciones públicas.

En todo caso, recalca la arquitecta albaceteña, “para que una vivienda pueda considerarse pasiva debe responder a la filosofía y los requisitos del estándar, aunque no esté certificada”.

Las ‘bondades’ que los expertos predican en torno a este tipo de construcciones son “el confort, el bienestar y la salud además de la calidad del aire interior”, además del ahorro económico y su contribución a frenar el cambio climático.

“Una vivienda pasiva resuelve perfectamente estas necesidades gracias una envolvente térmica mejorada y a los sistemas de ventilación de doble flujo con recuperador de calor, que tratan el aire, lo filtran y lo introducen en la vivienda a la temperatura adecuada”, explica Teresa García.

Desde la Administración pública regional, la directora general de Vivienda, Inés Sandoval, define este tipo de edificación como “ahorro energético y económico, es mejora de la calidad de vida del ciudadano, es generación de empleo, de riqueza, es economía. Una vivienda pasiva, en comparación con la tradicional, optimiza al máximo el uso energético”.

Castilla-La Mancha se adhirió en 2019 al manifiesto por la eficiencia energética en la edificación suscrito en la 11 Conferencia Nacional de Passivhaus celebrada en Burgos bajo el lema 'Vivir mejor, consumiendo menos energía'. Para Sandoval, “no es tan importante el modo de conseguirlo como el hecho de lograrlo. Es un objetivo de presente tener viviendas de consumo casi nulo”, aunque este último concepto (en inglés bajo las siglas nZEB) no es exactamente el mismo que el de una casa pasiva.

La directora general de Vivienda en Castilla-La Mancha subraya que “es un compromiso del Gobierno de España y tenemos que ir en la línea de lo que marcan las directivas europeas. Los requisitos apuntan a viviendas muy pasivas, con ahorros energéticos y económicos potentes”.

La “desinformación” sobre las casas pasivas

Precisamente, el caballo de batalla está en la “desinformación” en torno al concepto, señala otro arquitecto y fundador de BIONM Estudio de Arquitectura, con sede en Ciudad Real.

Pablo Carranza, conocido por haber llevado el estándar Passivhaus a proyectos a gran escala, cree que este tipo de edificación vive un momento de expansión por varias razones.

“Ahora es muy accesible en costes”, dice Carranza. Un escenario alejado de lo que ocurría hace unos diez años, cuando empezó a implementarse en España. Hoy, el sobrecoste respecto a la vivienda tradicional “se sitúa en torno al 3 o el 5%”. Si hablamos de periodos de retorno, o sea de amortizar el gasto, se tarda unos cinco años en que resulten rentables, dice este experto.

Ana Teresa García ofrece cifras algo distintas. “Una vivienda pasiva, puede suponer en principio un desembolso inicial para su construcción o rehabilitación un 10% o un 15% mayor, pero el ahorro económico en el tiempo debido al consumo energético nulo o casi nulo, hace que la inversión se amortice más rápidamente que en otro tipo de construcciones”.

"Con las nuevas exigencias del Código Técnico de la Edificación su precio se va a equiparar al de una construcción de tipo tradicional"

Además, matiza, “hay que tener en cuenta, que en los próximos años y con las nuevas exigencias del Código Técnico de la Edificación su precio se va a equiparar al de una construcción de tipo tradicional”.

Algo en lo que coincide el arquitecto. “La modificación del Código Técnico de la Edificación ha permitido adaptar nuestra normativa a la Directiva Europea de 2010 (conocida como Directiva 20- 20- 20 y que ya es obligatoria en las nuevas edificaciones) en la que cada país define su estándar de construcción de consumo de energía casi nulo”, lo que en inglés se conoce como nZEB (Nearly Zero Energy Buildings).

Pero el consumo de energía casi nulo aplicado a la vivienda, dice Ana Teresa García, no es lo mismo que una casa pasiva. “El estándar Passivhaus o casa pasiva, tiene la finalidad de reducir al máximo el consumo de energía a través un diseño eficiente y sostenible. Los edificios nZEB responden a la necesidad reducción del consumo energético y de las emisiones de CO2, a través de un comportamiento energético eficiente y la utilización de fuentes de energía renovables producidas en el propio edificio a ser posible”.

Superados los matices, el siguiente paso en la normativa europea será, en opinión de Carranza, “la construcción neutra en carbono”. Se tendrán en cuenta no solo las emisiones de CO2 durante el uso de la vivienda, sino en la fase de construcción previa. “Entraríamos en la aplicación de la economía circular, trabajando con materiales de nuestro entorno, menos transformados y menos contaminantes”.

Pero eso, dice, “requiere una gran transformación del sector Construcción y se apunta a 2050 para lograrlo”.

"Vamos a pasar de una generación de energía centralizada a que los edificios también sean productores de energía. El excedente será mucho mayor y se podrá destinar a cargar vehículos, a climatizar una piscina o a compartirla con otros vecinos”

La casa pasiva que nos prepara para el autoconsumo

Pablo Carranza sostiene que “el ahorro es mayor en la casa pasiva si lo comparamos con la de consumo de energía casi nulo. En torno a un 50%. Además, son edificios más confortables en los que el diseño reduce de manera extrema la demanda de energía tanto que llega a ser ridícula”, sostiene.

Es un firme defensor de un modelo de edificación que, en su opinión, facilitará al usuario el paso al siguiente nivel en la eficiencia energética: el autoconsumo en el hogar.

Y es que “lo interesante”, recalca, no está solo en el ahorro sino “que la flexibilidad de este tipo de vivienda permite tener preparada la casa para el siguiente contexto que nos viene: la energía procedente de fuentes renovables -la casa eléctrica- y el autoconsumo sin necesidad de conexión a la red general”.

En su opinión, “lo que va a ocurrir en la edificación es que vamos a pasar de una generación de energía centralizada a que los edificios también sean productores de energía. El excedente será mucho mayor y se podrá destinar a cargar vehículos, a climatizar una piscina o a compartirla con otros vecinos”.

Castilla-La Mancha, a la cola en la apuesta por la vivienda pasiva

En el listado de la Plataforma de Edifición Passivhaus (PEP) solo aparecen dos viviendas de obra nueva bajo el concepto Passivhaus en la región y ninguna de ellas está certificada. El apartado de rehabilitación está en blanco. Todavía no hay ninguna iniciativa ejecutada.

“En Castilla La Mancha, queda todavía mucho camino que recorrer. En cuanto a construcciones pasivas y rehabilitaciones sobre todo del tipo energético en general estamos en las últimas posiciones de España”, dice Ana Teresa García.

“Nos falta pedagogía social sobre este tipo de viviendas, sobre todo en cuanto a la rehabilitación”, reconoce la directora general de Vivienda en la región por su parte. Son relativamente jóvenes en nuestro territorio.

Salir de la cola nacional en cuanto a este tipo de construcciones eficientes, energéticamente hablando, es “el objetivo” del Ejecutivo regional, asegura Inés Sandoval. “Cuando hablamos de contaminación tendemos a poner el foco en los vehículos o lo justificamos por la escasez de lluvias, pero un tercio de las emisiones contaminantes proceden de nuestros hogares”.

Obra nueva, incluyendo vivienda protegida, pero sobre todo rehabilitación

Pablo Carranza llevó a cabo la primera casa pasiva (todavía en fase de pre certificación) en Castilla-La Mancha, allá por 2016: Los Cortijos Passivhaus, en Ciudad Real. “Es mi caso más purista, sin calefacción ni refrigeración al uso” que se puso a prueba con las bajas temperaturas que dejó la borrasca ‘Filomena’.

Se muestra optimista. “Cada vez hay más madurez en la sociedad para apostar por la eficiencia energética. Hay un cliente mucho más sensible y concienciado porque entiende que afectará a su bolsillo y que también permite un beneficio medioambiental”. En su cartera cuenta con varios proyectos a corto y medio plazo que, dice, “generará una gran cantidad de metros cuadrados construidos en la región”.

Pero no solo hablamos de obra nueva, sino también de rehabilitación. La arquitecta albaceteña recuerda que Castilla-La Mancha “tiene un parque construido obsoleto que tenemos que mejorar y parece ser que todas las directivas europeas y nuevas ayudas irán enfocadas en los próximos años a la rehabilitación”, dice la arquitecta albaceteña.

Se refiere en concreto a la rehabilitación tipo EnerPhit (Energy Retrofit with Passive House Components) que, en su opinión, “supondrá en los próximos años una buena oportunidad, al mejorar las condiciones de confort con reducciones del consumo de hasta un 90% según el clima”.

De hecho, BIONM Estudio de Arquitectura, vinculado a una empresa familiar, Construcciones Pacasa, ha sido el primero en llevar a cabo dos proyectos rehabilitación bajo este concepto en Castilla-La Mancha. Una de ellas se encuentra en Puertollano (Ciudad Real) y la otra en Gerindote (Toledo).

“Para nosotros es un motivo de orgullo ser una empresa familiar del mundo rural que además está innovando”, señala Carranza, quien apunta a la necesidad de formar profesionales en el sector. “El reto hoy no es el diseño sino la ejecución”.

El Gobierno regional dice que los "retos" pasan por "promover vivienda protegida con criterios de consumo casi nulo y apostar por la rehabilitación"

“Hay un momento interesante porque la Junta de Castilla-La Mancha se ha interesado por el estándar Passivhaus al hilo de otras experiencias de España como las de Navarra, País Vasco o Asturias donde se obliga a construir las viviendas de protección oficial bajo este estándar. Aquí se está trabajando para aplicarlo y quizá sea el detonante del interés por este tipo de viviendas”.

Es algo que apunta el arquitecto y que confirma la propia directora general de Vivienda, Inés Sandoval. Los “retos”, explica, pasan por “promover vivienda protegida con criterios de consumo casi nulo y apostar por la rehabilitación, ya lo hacemos, en eficiencia energética. La mayoría de nuestros edificios se construyeron cuando la normativa no fijaba este tipo de criterio. Es una necesidad”.

“Es verdad que nos hemos centrado más en la rehabilitación energética porque el boom de la construcción frenó con la crisis de 2008 pero hay determinadas zonas de la región donde puede haber demanda de vivienda protegida. Queremos hacerlo con criterios de consumo casi nulo”, insiste la responsable de Vivienda. 

Lo harán, explica, “analizando la situación del mercado de vivienda de Castilla-La Mancha. Con cabeza y allá donde haya demanda porque por otro lado tenemos que rehabilitar”, sobre todo en Toledo que es donde hay más suelo público propiedad de la Junta. A los promotores de vivienda protegida se les exigirá cumplir con los requisitos de vivienda de consumo energético casi nulo a través de los pliegos de licitación de suelo público . “Es la forma que tenemos de garantizar que se cumple”, ha explicado. Y se hará “en la presente legislatura”, ha avanzado.

Pablo Carranza va más allá y propone el concepto Passivhaus en la vivienda colectiva. “Castilla-La Mancha todavía no ha apostado por este tipo de rehabilitación. Algo en lo que llevan la delantera ciudades de otras comunidades autónomas como Zaragoza o Pamplona”, recuerda Pablo Carranza.

Es algo que también subraya Ana Teresa García. “Al igual que está ocurriendo en otras comunidades, en las que ya se está apostando por las edificaciones pasivas para edificios promovidos por los gobiernos regionales, por las altas prestaciones y el bajo consumo, creo que nuestro gobierno regional apostará por este tipo de construcciones, no sólo para viviendas, sino para colegios, hospitales, etc., incluso para la rehabilitación de edificios existentes, como por ejemplo los colegios, en los que la pandemia ha dejado claro que necesitan mejoras en cuanto a condiciones de confort tanto térmico como de ventilación”.

Viviendas eficientes y la nueva Ley Regional de Vivienda

Castilla-La Mancha ha de aprobar todavía su nueva Ley de Vivienda. Diseñada en la anterior legislatura bajo el Gobierno conjunto PSOE-Podemos sigue sin salir adelante. Cuando le preguntamos a Sandoval si el concepto de vivienda pasiva o de consumo energético casi nulo formará parte de la futura ley afirma tajante. “Sí, claro. Es un eje central”.

Se trata dice de “trabajar en varios ejes y que se aborde la función social de la vivienda”. Por otro lado, “las viviendas deben ser dignas y adecuadas y cumplir con criterios de habitabilidad mínimas e intentar ir a máximos a través de la rehabilitación energética, las acciones de regeneración urbana y rural. Estamos en un momento muy importante para dar un vuelco a la dignidad de nuestras viviendas”.

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