Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

La memoria tiene nombre de mujer

Estoesloquehay (2024)

José An Montero

0

Contaba María Sánchez en el germinal Tierra de Mujeres (2019) que escribía “para que las manos de mi abuela no se borren de mi memoria, para que el silencio que habitó en su boca no sea el que hereden mis hijas”. Fue ayer, pero pandemia mediante, estos años han dado para mucho en términos de presencia femenina en el mundo rural y de reivindicación de esas abuelas que plantaron la semilla.

Una nueva generación de investigadoras, gestoras culturales y creadoras se ha incorporado en los últimos años al sector cultural, multiplicando los esfuerzos mantenidos durante décadas por un grupo de profesionales de primer nivel que conservaron parte del patrimonio cultural rural.

Prácticas culturales que permanecieron fuera de los relatos oficiales y que sobrevivían en el ámbito doméstico, lejos de las obras magnas que trataban sobre monumentos o grandes tradiciones festivas. Saberes cotidianos que quedaron tantas veces en segundo plano cuando las cámaras se fijaban solo en los trajes festivos.

Canciones, remedios caseros, historias de vida y conocimientos del paisaje que se transmitían de generación en generación en cocinas y patios, espacios neurálgicos para la conservación del patrimonio cultural de un pueblo.

Durante demasiado tiempo se escribió sobre el campo español desde una mirada masculina y urbana. Son las nietas de aquellas mujeres silenciadas las que han tomado el relevo, generando prácticas culturales activas vinculadas al territorio y a quienes lo habitan. Otorgan una nueva perspectiva cultural y una nueva voz, más allá de su valor utilitario, al cántaro, la sartén, el almirez y los platos tocados con tenedores o cucharas. No es difícil recordar ese trabajo experimental que presentó en 2020 Eliseo Parra, titulado Cantar y batir, recuperando una herencia musical que se había refugiado en el interior de los hogares.

Lo que hoy vivimos es una transformación mucho más amplia en la forma de estudiar el patrimonio rural. Proyectos que van desde el teatro documental que trabaja con la memoria local hasta residencias artísticas que recuperan prácticas artesanas o proyectos de mediación cultural centrados en el diálogo con comunidades rurales. Todo ello hace más presente que nunca la conocida frase atribuida a Mahler: “La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión de la llama”.

Iniciativas que comparten un rasgo común, el contacto directo con el territorio, la vinculación con el paisaje y la memoria colectiva. Proyectos que escuchan antes de intervenir. Que buscan conocer y estudiar los saberes locales para comprender los ecosistemas donde viven las comunidades, siguiendo los pasos de la antropóloga Anna L. Tsing. Aprender esos conocimientos que aparecen en las prácticas cotidianas, pero que muy rara vez forman parte de papers o libros académicos.

Proyectos creativos o educativos basados en el conocimiento y en la investigación del patrimonio local, que aúnan la conservación del patrimonio cultural con la innovación artística. Ambas dimensiones caminan juntas, difuminando una división cada vez menos útil. Nuevas propuestas lideradas por mujeres jóvenes que toman la memoria como herramienta y hacen del arraigo una decisión de vida. Algunas nacidas en el territorio; otras recorriendo el camino inverso y regresando de las ciudades para construir una trayectoria profesional desde él. Proyectos de vida vinculados a la comunidad local y al paisaje.

Una nueva generación que reelabora su propia mirada hacia el patrimonio cultural y que selecciona qué elementos del pasado considera relevantes para su vida cotidiana, siendo conscientes, como señaló David Harvey, de que el patrimonio cultural siempre implica decisiones sobre el futuro.

Estas jóvenes emprendedoras participan activamente en este proceso de reelaboración, investigando y trabajando en iniciativas artísticas que contribuyen decisivamente a definir qué memorias y conocimientos heredarán las siguientes generaciones, construyendo así una nueva narrativa del campo.

Iniciativas que muestran una transformación profunda en la forma de hablar del campo, donde la cultura rural se vive como un entorno cotidiano de investigación, de creación y de participación comunitaria que teje redes en forma de iniciativas empresariales, asociaciones y colectivos artísticos, proyectos comunitarios y propuestas culturales donde circulan ideas y experiencias. Por esta razón, las redes de colaboración adquieren una importancia central. Asociaciones culturales, colectivos artísticos y proyectos comunitarios crean espacios de apoyo mutuo donde circulan ideas y experiencias.

De esta forma, los conocimientos transmitidos durante generaciones adquieren nuevos significados cuando se documentan, se reinterpretan y se integran en proyectos contemporáneos. Cuando una abuela canta o cuenta una historia aprendida de su abuela y una nieta escucha, entre ambas circula algo más que una canción: circula la memoria de un territorio.

Etiquetas
stats