Mario Ezno: "Ser titiritero es una locura, tienes que ser actor y cantante a la vez"

Mario Ezno, titiritero

Lleva siete años recorriendo el mundo con sus marionetas de madera y muchas historias que contar junto a su inseparable Manolo Bolaño, el títere con el que ha cosechado éxito tras éxito en más de cincuenta países. Esta es la vida de Mario González Serrano, más conocido en el panorama artístico y cultural como Mario Ezno, un joven titiritero natural de Huete al que la pandemia de la COVID-19 ha traído de vuelta a casa. 

Un accidente de tráfico y una lenta recuperación y rehabilitación hicieron a Mario interesarse por el mundo de los títeres hace casi una década ya que tras estudiar en Real Escuela Superior de Arte Dramático buscaba una disciplina que le permitiera viajar con tan solo una maleta low cost y haciendo lo que ahora dice es lo que más le gusta: ser titiritero.

Durante los meses en los que no podía salir de casa tras el accidente de tráfico “me di cuenta que se me daba bien hacer y manejar cosas con las manos”, dice. Empezó practicando en casa de forma autodidacta, construyendo su propia marioneta y mejorando a base del método prueba y error, hasta que tras meses de ensayo se lanzó a la calle para entretener al público callejero con su arte. A día de hoy viaja con un completo equipo que incluye desde luces y música hasta humo, accesorios que controla de forma remota para no tener que interrumpir el show. 

Una actuación que es apta para pequeños y mayores y que ahora dura entre 45 minutos y una hora pues, tras tener que regresar a España a consecuencia del virus, se ha dedicado durante todo el verano a recorrer los municipios de la provincia. “Me han empezado a llamar de los pueblos, he hecho alrededor de 45 actuaciones y no puedo explicar lo que siento con palabras. Me explota el pecho al ver que a la gente de Cuenca le gusta lo que hago y realmente me lo agradece”, comenta. 

Al ver la gran acogida que ha tenido se plantea quedarse en Cuenca más tiempo del que tenía previsto. Eso sí, se reinventa día a día porque “el panorama cultural está chungo y aunque yo tengo suerte no se lo que me va a durar”, asegura. 

Es miembro también de la compañía de teatro La Tartana y está inmerso en la preparación de un monólogo y una pequeña obra de teatro que le permita actuar en bares y restaurantes pues las actuaciones callejeras con títeres están prohibidas en muchas ciudades españolas, de ahí también que elija el extranjero. Sus miras van más allá y le encantaría recorrer toda la región con su furgoneta que también hace la función de hogar para explicar la historia de Castilla-La Mancha y Cuenca a través de la magia de los títeres, aunque de momento eso son palabras mayores pues le haría falta apoyo y ayuda económica. Sin embargo, está convencido de que “la cultura es una forma de visibilizar el potencial de la región, solo hay que saber utilizarlo”. 

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