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El jueves, día 15 de enero, en la Biblioteca Regional del Alcázar de Toledo, a las 7 de la tarde, Peridis (José María Pérez González) presentará su último libro: El Tesoro del Convento Caído. Un libro que, con diseño de novela, cuenta la magia de su experiencia intelectual y creativa, la trayectoria de un hombre de su tiempo y un modo de estar en la vida.
Tras ser bautizado, el párroco manifestó un deseo que su madre entendió como una profecía: “Quiera Dios que a este niño lo veamos de Arzobispo de Toledo.” Arzobispo de Toledo no ha sido, pero sí el arquitecto que ha convertido en una luminosa biblioteca, tan fantástica como la Harry Potter, una planta abandonada del Alcázar de Toledo y algunos de sus torreones. Aunque también tiene retazos de las geometrías entrelazadas de Borges. El secreto consiste en iniciar un diálogo abierto y de escucha para conseguir la recuperación de la magia acumulada de un edificio en ruinas.
Es de admirar las líneas limpias en los espacios más amplios o los juegos de volúmenes en los torreones de un edificio abandonado, tan solo preso de sus leyendas. Días llegarán en que algunos de esos jóvenes recordarán las horas pasadas en una biblioteca con trazos y texturas mágicas. Y es que hasta una ruina puede ser una esperanza, que dijera Unamuno y que Peridis ha convertido en lema de su vida y de su profesión. De hecho, casi toda su actividad arquitectónica se ha orientado a descubrir las promesas que se ocultaban entre las ruinas de nuestro gran patrimonio abandonado.
Con ese lema inventó uno de los hallazgos más portentosos de la España del Siglo XX. Bajo su inspiración se crearon las Escuelas Taller, un proyecto dirigido a jóvenes, algunos desorientados o desnortados, para que aprendieran uno de los muchos oficios que se perdían al tiempo que se perdían los buenos maestros. Con las Escuelas Taller se recuperó gran cantidad de patrimonio arquitectónico, histórico y cultural de una España que no sabía qué hacer con esas ruinas.
El invento funcionó como una máquina sutil con los recursos de la Comunidad Europea y el impulso de un directivo del INEN, natural de Quero (Toledo), llamado Valeriano Baillo, entusiasta del proyecto. Se recuperaron edificios, se habilitaron plazas, se salvaron murallas, se sacaron de la destrucción ruinas perdidas en lugares casi siempre lejanos. Desde aquella época dorada, que algunos echamos de menos, las Escuelas Taller enseñaron oficios, dieron trabajo, crearon amor por el patrimonio olvidado.
El modelo cruzó el Atlántico y con la Ayuda de la Cooperación Internacional española se actuó en Cuba, en México o en Cartagena de Indias. Recuerdo que pasear por el centro histórico de aquella ciudad fantástica resultó una experiencia mágica donde aún es fácil evocar un mundo de piratas y corsarios o de grandes hazañas de marinos españoles en aquel puerto que nutría a las arcas del Imperio y estimulaba las codicias de otras naciones.
Pero la magia de Peridis no termina en estos proyectos ni en recuperar el románico que condicionó nuestra historia posterior o salvar tesoros de lugares caídos, su actividad como caricaturista incrementa su magia. Resulta muy difícil atrapar caracteres, definir personajes, editorializar momentos del presente de España durante más de cincuenta años.
Todavía hoy, en tiempos de redes sociales, de diarios digitales, de IA, podemos entender de un solo vistazo la sociedad tras la sonrisa, el estado de las cosas, el “intríngulis” del día a día. Sus viñetas capturan las emociones del momento presente mejor que el prolijo texto de un sesudo analista. Y siempre nos regala el mensaje amable que nos invita a creer que “la vida da tantas vueltas que cada detalle cobra un valor inconmensurable cuando menos lo esperamos.”
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