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CATALUNYA

Andrew Tarbet; "Como seres humanos aún no hemos llegado al límite de la violencia pero nos acercamos"

El actor Andrew Tarbet interpreta a un médico-sicario en la nueva película de Ramón Térmens, El mal que hacen los hombres

La película, rodada en Martorelles, nos submerge en la guerra por el narcotráfico en la frontera entre México y EE.UU

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El actor Andrew Tarbet en un fotograma de la película El mal que hacen los hombres

El mal que hacen los hombres (The evil that men do) es la nueva producción de Segarra Films que se ha estrenado en los cines. La película, rodada en la antigua fábrica Derbi de Martorelles, está dirigida y producida por Ramon Térmens (Jóvenes, Negro Buenos Aires, Catalunya Über Alles), con guión de Daniel Faraldo, e interpretada por Sergio Peris-Mencheta, Daniel Faraldo, Andrew Tarbet, José Sefami y la joven Priscilla Delgado. La película, rodada íntegramente en inglés, parte de la siguiente premisa: Un sicario y un médico que trabajan para un cártel del narcotráfico reciben un "paquete" inusual: una niña de 10 años, hija del jefe de una banda rival, que deberán custodiar hasta que reciban la orden de cortarla en trozos o dejarla en libertad. La niña pronto se dará cuenta que su única posibilidad de sobrevivir será llegar a las profundidades de la psique de sus captores y averiguar si les queda algo de humanidad. Con el actor estadounidense, establecido en Cataluña, Andrew Tarbet, conversamos sobre este narcothriller cargado de tensión psicológica que reflexiona sobre la violencia y la bondad humana.

¿La metáfora es un buen recurso para hablar de la violencia?

El mal que hacen los hombres es una metáfora de lo que está pasando en el mundo. Cada día observamos en la televisión imágenes de una violencia cotidiana extrema. La pregunta que nos deberíamos hacer como humanos es cuál es el límite de la violencia para aprender a gestionarla.

¿Podemos poner límite a la violencia?  

Como seres humanos aún no hemos llegado al límite de la violencia pero nos acercamos. Mi personaje en la película se dedica a hacer daño a los demás. Este es su papel en la vida. Estos otros forman parte del mundo del narcotráfico y son enemigos de guerra. Todo vale hasta que entra en juego una inocente, una niña, y nada puede seguir exactamente igual.

La niña humaniza a los sicarios.

Mi socio, Santiago, es todo un profesional. Yo, en cambio, soy nuevo en este negocio. La distancia con el mundo real no evita que seamos sensibles ante unos ojos de niño.

¿Una persona no es esencialmente buena ni mala, sino que puede alternar la bondad y la maldad?   

Como personas somos capaces de cambiar y evolucionar. Todavía estoy esperando que lo hagamos como colectivo. En el terreno individual somos una cosa. Yo, por ejemplo, soy muy fan del individualismo bien entendido. Las cosas de grupo me interesan muy poco. Me dan miedo. El grupo puede dejar de pensar, ya lo hace un líder para nosotros, formamos parte de una ola colectiva que puede provocar grandes tsunamis. Lo hemos visto a lo largo de la historia.

¿Somos realmente conscientes de lo que representa el mundo del narcotráfico?

La película está basada en hechos reales. Las historias que rodean el mundo del narcotráfico son escalofriantes. La ficción está muy alejada de la realidad. La sociedad mexicana vive atemorizada y atrapada por una telaraña.

¿Cómo te has puesto en la piel del personaje del médico-sicario?

Siempre intento hablar mucho con el director para saber qué quiere de mi personaje y qué historia quiere que explique. Necesito saber la contribución del personaje a la historia. Este personaje lo he trabajado documentándome mucho sobre la vida y la conducta violenta de los sicarios.   

En abril podremos verte en Los vecinos de arriba de Cesc Gay en el Teatro La Latina de Madrid. ¿Tras el éxito de la versión catalana, como afrontas el reto?

Pronto me instalo a Madrid para comenzar los ensayos con mis compañeros de reparto; Candela Peña, Pilar Castro y Xavi Mira. Estoy muy agradecido a Cesc Gay que me haya elegido. Me pongo en sus manos. Será muy divertido. En Madrid gustará tanto o más que en Cataluña.

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