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No dejes de hacer nunca lo que no puedas dejar de hacer

La Breu nos ofrece la primera traducción al catalán de una novela de Jörg Fauser

El autor de ‘Matèria primera’ formó parte de la contracultura alemana de los años 60
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'Matèria prima', de Jörg Fauser (Ed. La Breu Edicions)

'Matèria primera', de Jörg Fauser (Ed. La Breu Edicions)

Ya hace días que corre por las librerías Matèria primera, de Jörg Fauser, publicado por La Breu Edicions. Por ello, tal vez ya no lo encontraréis en la mesa de las novedades, pero sí es fácil que sea uno de los títulos que reposa en la de los recomendados porque es uno de los libros más interesantes que se han publicado este 2013. Y es que leer Fauser es toda una revelación. No tanto por dónde se pasea, sino por cómo se pasea. Más allá de la perspectiva que nos ofrece del ambiente cultural de la Alemania de los años 60 del siglo XX, Fauser relata la historia de quién podría ser él mismo, la de un aspirante a escritor , y lo hace con la intensidad de quien sabe que para escribir primero hay que vivir.

Harry Gelb, el protagonista, aprendió “ben aviat i per força” que tenía que hacer algo con su vida, y a los dieciocho años tenía claro que el oficio de escritor era el único que encajaba con este objetivo. Ahora bien: “Naturalment, tots els bons llibres ja s’havien escrit. Els trobaves a les llibreries o a la teva pròpia prestatgeria, i inevitablement vaig caure sota la influència d’artistes de la vida com Henry Miller o Kerouac –només que jo vaig néixer al Frankfurt dels anys cinquanta. I només pots escriure amb fidelitat sobre coses que tu mateix has viscut o t’han passat, la tècnica ve després, sempre que provis amb prou seriositat l’escriptura.”

Miller y Kerouac, pero también Graham Greene, Chandler, Hammett, Ambler, Ross Thomas, Deighton... Escritores que cita en la novela y a quien admira. Incluso por encima de William Burroughs, el abanderado de la generación beat, el aliento del cual parece que se esparza en toda la atmósfera de la novela, sobre todo por las drogas, el alcohol y la vida más divagada. Incluso hace una entrevista al escritor, pero también lo desmitifica: “Quan ens va caure a les mans Naked Lunch, a Istanbul, a l’Ede i a mi no ens va agradar. Tant de follar, i a més gairebé només entre homes, ens tirava enrere.” Y esta divergencia se nota, ya que Fauser, a pesar de la experimentación más aniquiladora, tiene un espíritu constructivo y proyecta su alma sin comerse el suelo. Así, por ejemplo, después de flirtear intensamente con la heroína es capaz de dejarla y salir adelante.

Más allá del desenfreno y la no responsabilidad que vive Gelb, nos enfrentamos a una cierta angustia existencial de no encajar en el mundo que le ha tocado vivir. Disfruta con el alcohol, las drogas y el sexo, y se alimenta de la vida intensamente desgarrada porque tiene un objetivo: ser escritor. Así, por ejemplo, elige dejar el trabajo en el Bundesbank y ganarse el pan como vigilante nocturno de una fábrica, para estar más a raíz de la vida con contenido, para dejar que la sombra de la noche le dibuje el latido del día.

La novela gira toda ella en torno a un lema: “Fes allò que no puguis deixar de fer”. Y hazlo con toda la naturalidad del propio impulso vital. Las pretensiones son sobrantes porque aunque puedas hacer que una novela le cambie la vida a alguien, ya lo observa Gelb, nada es estático: “la vida canviava constantment i tot seguia igual, tant si llegies novel·les com revistes de curses de cavalls, tant si escrivies llibres com si feies la ronda cada nit”. Al final, lo que cuenta es ser coherente con uno mismo, el único modo de atrapar la vida por todas sus costuras.

Los diálogos nos transportan a raíz de la piel del protagonista y de todo el contexto cultural y social que le ha tocado vivir. Son diálogos muy vivos como las experiencias del mismo Gelb. Y fieles a una realidad que no necesita mucho parafernalia para ser reproducida, porque todo tiene el peso que debe tener, el del granito de vida que al final hace la montaña. Probablemente tiene que ver también la exelente traducción de Ignasi Pàmies, que acopla el estilo de Fauser a un catalán ágil, natural y muy consistente.

Con todo, tanto Fauser como Gelb parece que se queden a media ascensión, tal vez porque el tiempo (la suerte?) no acompañó. Sin duda, Fauser logró su propósito: convertirse en escritor, aunque de momento sólo conozcamos este título traducido al catalán.

Aunque no tan trágicamente, la novela nos acerca mucho tanto al pensamiento como a la vida del autor. Fauser murió a los 43 años atropellado en una autopista. Y se especula que iba bebido. Acababa de celebrar su cumpleaños en un bar.

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