Lecciones de vida y muerte de un profesor a una joven moribunda: “Nada grave hay en desaparecer del todo”
Enrique Bonete (Valencia, 1959) es catedrático de Filosofía Moral en la Universidad de Salamanca. Por su aula han pasado centenares de alumnos. El 4 de enero de 2017 recibió un correo electrónico de una de ellas. Se trataba de una joven de Girona, de la que él no se acordaba, que le escribía porque ella sí le recordaba. Tenía presente algunas reflexiones sobre la vida y la muerte que Bonete había expuesto en sus clases y también en artículos y libros. En sus primeros apuntes, ella había anotado la dirección de e-mail del profesor, la misma que ahora rescataba para exponerle su situación, con reparo y cierta vergüenza, según sus propias palabras.
Nuria, el nombre ficticio de una exalumna real, le escribía porque hacía poco le habían diagnosticado un cáncer de colón con un pronóstico pesimista. El cálculo era de dos o tres años. De ahí que buscase la serenidad necesaria para no caer en la desesperación. Primero en las notas de la asignatura de Bonete que aún guardaba. Las tenía en el ordenador porque en su momento las pasó así a limpio para poder estudiar. Ahora entendía mejor el significado de la palabra ‘muriente’, aquel sujeto que, según les explicó el catedrático, “es consciente del personal proceso de morir y capaz, por ello, de tomar decisiones morales”.
Desde esa conciencia es desde la que decidió escribir el primero de los muchos correos que durante dos años intercambió con su profesor. Algunos de ellos, tras reflexionar sobre la conveniencia de darlos a conocer y tras ser prudentemente elegidos, forman parte de un libro, ‘Querido profe, me invaden las tinieblas’ (Ariel), con el que este catedrático vuelve a recordarle al lector que el verdadero filosofar es aprender a morir.
Cuando se inició el intercambio de correos, Bonete estaba preparando un nuevo libro, ‘El morir de los sabios’ (Tecnos), un magnífico ensayo que acabaría dedicando a esta alumna. La preparación del libro, en el que se explica cómo fueron los últimos momentos de los grandes filósofos, es uno de los motivos de conversación entre Bonete y Nuria. Casi como excusa, se recurre a las reflexiones de Séneca, Spinoza o Montaigne, por citar solo algunos, para compartir reflexiones sobre la vida y la muerte, las dos caras de una misma moneda.
“La auténtica filosofía enseña que podemos sentir continuo contento, incluso rodeados de los más desdichados accidentes y los más acuciantes dolores, siempre y cuando sepamos usar la razón”, escribió Descartes. La cita le sirve al profesor para ayudar a Nuria a enfrentarse con la sensatez posible a la situación que la aflige. El filósofo y matemático francés fue también quien le recomendó a un amigo “amar la vida sin temer la muerte”.
Tras recibir el correo con los consejos del matemático francés, la alumna confiesa que le gustaría adoptar esa actitud meditativa, algo que evidentemente no es fácil nunca y menos en sus circunstancias. “Ojalá tuviera yo esa capacidad cartesiana de no pensar en lo negativo que me acontece, sino sobre todo en aquello positivo que puedo aún disfrutar…Si soy sincera, profesor, en ocasiones me siento capaz de mantener buen temple ante la oscuridad que se avecina. Pero otras veces me encuentro desvalida; sin recursos morales para hacer frente a este repentino mal”, explica. Relee a los filósofos mientras escucha Queen o Pink Floyd, en jornadas que resume como “días horribles” por el dolor físico y la tristeza.
Vivir es “estrujar el tiempo”
Nuria reconoce en sus correos que la enfermedad le ha ayudado a darse cuenta de que hay mucha gente que la quiere aunque no siempre quiera o pueda comunicarse con ellos. También descubre que vivir es “estrujar el tiempo”.
En ese tiempo, dos años, profesor y alumna transitan juntos, en conversaciones respetuosas en las que Bonete, que ha reflexionado mucho sobre la cuestión, resume el “desatino” que es planear una vida larga cuando no somos dueños ni siquiera del día de mañana. Más cuando las enfermedades o las situaciones inesperadas nos enseñan que la vida es “incierta y cambiante”.
El catedrático sabe encontrar las palabras justas, sin adornarse, para transmitir a Nuria esa serenidad que ella reclama y que no encuentra más allá de estas cortas conversaciones por e-mail. Incluso cuando las aseveraciones pueden parecer demasiado rotundas pese a ser del todo certeras. Amparándose en Schopenhauer, le explica a Nuria que la razón, la filosofía, ayudan a percatarse de que “nada grave hay en desaparecer del todo”. Se trata, en resumen, de evitar el temor irracional a la muerte.
En su correo de respuesta, Nuria considera acertada la distinción entre el temor a morir y el miedo a la muerte porque en el primer caso se trata del proceso y ahí puede haber dolor y sufrimiento. El segundo, el miedo a desaparecer, a estar muerta, es otro. Son también diálogos entre un creyente y una joven alejada de la religión. Él se posiciona en favor de la visión cristiana del ‘más allá’, algo que ella no ve nada claro pese a que es consciente de que en situaciones como la suya pueda asociarse Dios a la esperanza.
El 15 de diciembre del 2018, Nuria envió otro de sus correos. En él le comenta al profesor que van a venir sus dos tías irlandesas a verla y que intuye que la visita es para despedirse de ella. “Estoy agotada, exhausta, sin aliento. Voy a descansar otra vez”. Se despide confiando en que le enviará algunos textos cortos durante las fiestas para que no se olvide de ella.
Fue el último e-mail de Nuria.
El profesor Bonete le volvió a escribir pero ya no obtuvo respuesta. No supo nada más. Durante meses esperó alguna comunicación de su familia pero no llegó. Solo silencio.
Años después de recibir el primer correo de su alumna y en pleno confinamiento por la pandemia recuperó los textos, los ordenó y pasado un tiempo fue cuando se decidió a publicar un libro en el que una joven, de la mano de su profesor, transita del miedo a la serena aceptación. Toda una lección de vida.
20