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Del Montgó a Manhattan: la epopeya de los 15.000 valencianos que conquistaron el “sueño americano”

Un momento del rodaje de 'Del Montgó a Mahattan'.

Miguel Giménez

València —
28 de junio de 2026 06:00 h

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A principios del siglo XX, la comarca de la Marina Alta y sus alrededores se convirtieron en el punto de partida de un éxodo silencioso. La plaga de la filoxera, que devastó los cultivos de vid, unida al yugo del caciquismo local, empujó a miles de personas hacia lo desconocido. El destino principal no fue Argelia ni Argentina, localizaciones habituales de la diáspora valenciana, sino la costa atlántica de Estados Unidos y Canadá. Entre 1906 y 1920, un total de 15.758 valencianos cruzaron el océano en busca de una vida digna.

Esta gesta colectiva es el eje central de 'Del Montgó a Manhattan. 100 anys de somni americà', un largometraje documental de unas dos horas de duración producido por Info TV y codirigido por Juli Esteve y Esther Albert.

Este audiovisual, que se asoma a los cines tras superar un complejo proceso de producción y edición entre 2024 y 2025 -marcado también por la dana-, tuvo que ser financiado en su última fase mediante una campaña de micromecenazgo en la plataforma Verkami. El objetivo, recaudar un mínimo de 16.000 euros y alcanzar las 1.000 entradas anticipadas para asegurar la exhibición en salas comerciales del territorio valenciano, conseguido.

Esther Albert y Juli Esteve, codirectores del largometraje 'Del Montgó a Manhattan'.

El proyecto tiene sus raíces, reconoce Esteve, en dos momentos clave. El primero fue el éxito de un documental previo sobre la migración a Argelia, estrenado en 2012. El segundo es fruto de una experiencia estrictamente personal. En 1988, durante una comida familiar, Juli Esteve descubrió que los abuelos de la que era entonces su pareja habían residido en Nueva York durante más de una década. “Esa era una historia que para un valenciano de l'Horta, que lo desconocía, resultó fascinante por el gran contraste que suponía la pobreza de la Marina con la capital del mundo”, evoca el codirector.

A partir de 2012, el equipo inició una exhaustiva investigación que se prolongó durante cuatro años -el primero dedicado íntegramente a una labor de profunda investigación y los otros tres años de grabaciones y edición- y que dio como fruto inicial cuatro piezas documentales. La coincidencia temporal con la publicación del libro Valencians a Nova York. El cas de la Marina Alta (1912-1920), de la investigadora Teresa Morell, sirvió de acicate. “Ella encuentra 2.500 nombres, pero hay más, y Juli empieza a tirar del hilo. Creamos un registro que está más o menos completo y que nunca se había hecho”, explica Esther Albert.

El rigor de los cineastas les llevó a filtrar los pasajes de todos los buques con salida desde España y los puertos franceses de Cherburgo y Le Havre. El resultado es un censo casi matemático de 15.758 personas migrantes. El hilo migratorio comenzó el 6 de septiembre de 1906 con la llegada de diez pioneros del municipio de Orba. A partir de esa fecha, el fenómeno se expandió de forma imparable hasta que, en 1920, el Gobierno estadounidense restringió la entrada de ciudadanos españoles e italianos con la excusa del temor al terrorismo anarquista; aunque en el fondo, relata Esteve, estaban los prejuicios contra los europeos del sur.

Tonica Signes Fenoll, fotografiada con sus padres: Maria Rosa Fenoll Martí y Antonio Signes Arabí.

El impacto socioeconómico en los municipios de origen fue radical. Localidades como Pego registraron la marcha de un millar de vecinos; Pedreguer perdió a 711 y Orba vio partir a 580 personas, una cifra que representaba más de la mitad de su censo de 1.100 habitantes en el año 1900.

“Se fueron todos los hombres jóvenes y muchas mujeres; solo quedaron los niños y las personas mayores”, contextualiza Esteve. Esta ausencia de mano de obra estranguló los intereses de los grandes terratenientes de la zona. “Los latifundistas se quedaron sin trabajadores porque no tenían a nadie para cultivar las tierras, y las vendieron a los propios expatriados, que enviaban dinero desde América o volvían con los bolsillos llenos de dólares. La tierra se democratizó y se acabó con el latifundismo mucho antes de la reforma agraria de la Segunda República”, asevera el realizador.

Para certificar la veracidad de este proceso, Albert y Esteve cruzaron los testimonios orales de los propios protagonistas o de sus descendientes con documentación oficial en territorio norteamericano, donde tuvieron acceso a material que se encontraba en algunas de las 25.000 bobinas de grabación de dominio público integradas en el Congreso de los Estados Unidos. En total, la productora completó 700 entrevistas en 70 poblaciones de comarcas como la Marina y la Safor, pero también en la Ribera o el Rincón de Ademuz, además de una campaña de grabación de dos semanas en Nueva York en octubre de 2013.

El largometraje no se plantea únicamente como un documento de consumo nostálgico, sino como una herramienta de pedagogía social frente a los discursos xenófobos contemporáneos. “El trabajo sirve además de denuncia social, porque demuestra que los valencianos también emigramos por la pobreza”, defiende Esteve, quien recuerda que en contextos hostiles aquellos pioneros “se juntaban, hablaban su lengua y cocinaban los platos de su tierra para autoprotegerse, porque se sentían excluidos”. Al respecto, recuerda la anécdota recogida en el anterior documental sobre las migraciones a Argelia, cuando uno de los testimonios explicaba cómo se llegaba a la rica costa norteafricana en patera desde las pobres tierras valencianas donde reinaba la miseria, “lo que resulta muy significativo”.

Tonica Signes Fenoll, a los 97 años, uno de los testimonios que aparecen en el documental.

Por su parte, Albert incide en la necesidad de trasladar este legado al sistema educativo: “Es un ejercicio de memoria y también una reivindicación. Queremos que esta historia vaya más allá de las salas de cine o de una plataforma, que llegue a la escuela para que las nuevas generaciones puedan conocerla y combatir así determinadas ideologías de odio”.

El audiovisual valenciano, “en la UCI”

El estreno del filme, que ya superó su primera prueba de fuego ante el público en el festival DocsValència y en proyecciones especiales en Ondara y la ciudad de València, sirve también para poner el foco sobre la delicada situación que atraviesa la industria audiovisual local.

El largometraje actual es una reedición con música inédita y nuevas escenas basada en el material original, un desarrollo que fue posible gracias a las ayudas a la Proyección Audiovisual de la Generalitat Valenciana de la convocatoria de 2023. Sin embargo, los directores se muestran pesimistas ante la evolución del sector en los últimos años.

Juli Esteve y Esther Albert, en la presentación del largometraje en los cines Lys de València.

“Debemos agradecer a la Generalitat su colaboración, pero no podemos dejar de constatar que estas ayudas vienen de 2023. Hasta 2024, las subvenciones que otorgaba el IVC (Institut Valencià de Cultura) eran seis ayudas de 90.000 euros, las más bajas que se daban en el contexto nacional, pero algo ayudaban. Sin embargo, en las convocatorias de 2025 y 2026 solo se otorgan dos, lo que significa que hay cuatro empresas condenadas a la extinción”, lamenta Juli Esteve. El director señala también el declive presupuestario de la televisión autonómica À Punt como un factor agravante: “Tiene la mitad de presupuesto que tenía en 1998, 13.000 millones de pesetas (alrededor de 200 millones de uros). Ahora cuenta con unos cien millones de euros frente a los 300 que llegó a tener. Eso quiere decir que no pueden invertir en el audiovisual valenciano”. “La inversión ha demostrado que genera retorno”, subraya.

A pesar de las dificultades económicas, el equipo confía en la respuesta de la audiencia y en la viabilidad comercial de la cinta en plataformas digitales o cadenas de televisión durante los próximos doce meses. El objetivo final permanece intacto: evitar que el olvido sepulte la aventura de aquellos miles de valencianos que un día miraron al Atlántico con la esperanza de conquistar Nueva York.

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