El patrimonio románico que conserva un pueblo de Palencia conocido por sus fábricas de galletas
Aguilar de Campoo es uno de los municipios con mayor riqueza patrimonial del norte de la provincia de Palencia. Situado en Castilla y León, a orillas del río Pisuerga y muy próximo a la Montaña Palentina, este pueblo es conocido tanto por su destacado legado románico como por su larga tradición galletera.
Declarado Conjunto Histórico-Artístico, Aguilar de Campoo conserva un importante número de monumentos medievales, iglesias románicas, restos defensivos y edificios civiles que permiten comprender su papel como enclave estratégico desde la Edad Media.
Su posición geográfica, en una zona de transición entre la Meseta y la cornisa cantábrica, favoreció el desarrollo de rutas comerciales, culturales y pastoriles, lo que explica la concentración de patrimonio artístico en el municipio.
Uno de los grandes referentes del románico palentino
Uno de los principales puntos de interés es el Monasterio de Santa María la Real, situado a la entrada de Aguilar de Campoo. Fundado entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, este monasterio perteneció a la Orden Premonstratense y fue durante siglos un centro religioso y económico de referencia en la comarca. Su actividad se mantuvo hasta la desamortización del siglo XIX, momento en el que el edificio quedó abandonado y comenzó un proceso de deterioro.
El monasterio es un ejemplo destacado del románico tardío con influencias cistercienses, visibles en la sobriedad arquitectónica y la funcionalidad de sus espacios. Uno de sus elementos más valiosos es el claustro, que conserva capiteles de motivos vegetales, zoomorfos y simbólicos, así como restos escultóricos que permiten analizar la iconografía medieval en el norte de Castilla y León.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la localidad impulsó un ambicioso proceso de restauración para recuperar el monasterio. En la actualidad, el edificio alberga el Museo ROM, un centro dedicado a la interpretación del arte románico desde un enfoque social, territorial y artístico. La integración de usos culturales y educativos ha permitido que este conjunto monumental siga formando parte activa de la vida local.
El románico dentro del casco urbano
Otro de los ejemplos más relevantes del románico en Aguilar de Campoo es la ermita de Santa Cecilia, situada en la ladera del cerro del castillo, dentro del casco urbano. Construida en el siglo XII y ampliada en etapas posteriores, es un templo de pequeñas dimensiones pero de gran interés artístico.
En su interior destaca uno de los capiteles más conocidos del románico palentino, apodado el capitel de la matanza, que representa la escena bíblica de la matanza de los Santos Inocentes. Esta pieza es un buen ejemplo de cómo el románico trasladaba relatos y simbolismos religiosos a un lenguaje visual comprensible para la población medieval.
En lo alto del cerro se encuentran los restos del castillo de Aguilar de Campoo, una fortaleza de origen medieval vinculada al control del territorio y a la defensa del núcleo urbano. Aunque hoy solo se conservan fragmentos de muralla y algunas torres, el conjunto permite comprender la organización defensiva del pueblo durante los siglos XI y XII.
El sistema defensivo se completaba con una muralla que rodeaba la villa y varias puertas de acceso, algunas de las cuales han llegado hasta la actualidad. Entre ellas destacan la Puerta de Cascajera, la de Reinosa y la de Tobalina. Estas entradas regulaban el tránsito de personas y mercancías y conectaban Aguilar con otras localidades y con rutas ganaderas y comerciales hacia el norte.
La colegiata de San Miguel y el poder nobiliario
El centro histórico de Aguilar de Campoo está presidido por la colegiata de San Miguel, situada en la Plaza de España. Este templo, reformado en distintas etapas, conserva una portada románica y un importante retablo mayor dedicado al arcángel San Miguel. En su interior se encuentran sepulcros y elementos heráldicos vinculados a los marqueses de Aguilar, que utilizaron la colegiata como panteón familiar.
La presencia de este edificio refleja la importancia que tuvo la villa como centro administrativo y señorial durante la Edad Media y los siglos posteriores.
El origen de la industria galletera
Junto a su patrimonio medieval, Aguilar de Campoo es conocida en buena parte de España por su relación con la industria alimentaria, especialmente la fabricación de galletas. Esta tradición comenzó a finales del siglo XIX, cuando la economía local —hasta entonces basada en la agricultura y el cereal— experimentó un giro con la llegada de la producción industrial.
En 1881 se fundó la fábrica Fontaneda, una iniciativa que transformó profundamente la vida económica y social del municipio. Las características agrarias de la zona —especialmente la disponibilidad de trigo y agua— y la mejora de las comunicaciones, incluidas las líneas de ferrocarril, favorecieron el desarrollo de esta industria.
La fábrica Fontaneda comenzó como un pequeño obrador artesanal impulsado por Eugenio Fontaneda, que elaboraba galletas, bizcochos y chocolates en un establecimiento del centro del pueblo. Con el tiempo, la producción se trasladó a una nave industrial situada a los pies del castillo, lo que permitió mecanizar procesos y aumentar la capacidad productiva.
Durante el siglo XX, especialmente a partir de los años cincuenta, la popularización de la galleta María convirtió a Fontaneda en una de las marcas más reconocidas del país. La demanda de productos sencillos, duraderos y accesibles favoreció el auge de este tipo de alimentos y, con ello, el crecimiento de la industria galletera en Aguilar de Campoo.
A mediados del siglo XX, la localidad llegó a contar con varias fábricas en funcionamiento simultáneo. Este dinamismo industrial no solo generó empleo, sino que también contribuyó al aumento demográfico y a la transformación del paisaje urbano, con barrios vinculados directamente a los trabajadores de las fábricas.
Aunque el cierre de la histórica fábrica Fontaneda en 2002 marcó el final de una etapa, otras empresas como Galletas Gullón y el Grupo Siro han mantenido la producción en marcha y continúan siendo uno de los principales motores económicos de la zona. Estas compañías han adaptado sus procesos a las exigencias modernas, incorporando innovaciones tecnológicas y abriendo mercados más allá de Castilla y León.
6