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Cultura

Estas fueron las 11 películas más esperadas del año... ¿cumplieron las expectativas?

En nuestro repaso de lo mejor del año, nos hemos preguntado si el cine que tantas ganas teníamos de ver fue, finalmente, lo que esperábamos

¿Hay alguna película que te haya sorprendido para bien o decepcionado especialmente este año? Cuéntanoslo en los comentarios

¿Cumplieron las expectativas las películas más esperadas de 2018?

¿Cumplieron las expectativas las películas más esperadas de 2018?

La gestión de expectativas es uno de los grandes avatares que enfrenta la industria del cine actual. El clima tiende a potenciar fenómenos de 'hype' que, muchas veces, es difícil hacer frente. Y no es extraño enfrentarse varias veces al año con títulos abocados a burbujas de opinión que polarizan posiciones antes del mismo estreno de una película.

Nosotros no somos una excepción: nos ilusionamos con películas que luego no son lo que esperábamos, o nos encontramos pequeñas joyas en filmografías en las que jamás hubiésemos imaginado. Porque somos humanos y porque el cine nos sigue fascinando. 

Por eso, los redactores de cultura de eldiario.es hemos hecho un ejercicio de memoria de las películas que más esperábamos para evaluar si el 2018 ha estado a la altura de nuestras esperanzas.

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José Antonio Luna: Ready Player One (Steven Spielberg)

No eran pocas las expectativas puestas en esta adaptación cinematográfica. El best-seller de Ernest Cline iba a llegar a la gran pantalla de mano del que, probablemente, sea el director más apropiado para canalizar una aventura con la nostalgia ochentera por bandera: Steven Spielberg. El responsable de iconos como E.T. o Indiana Jones no defraudó. Demostró que su poder como narrador audiovisual sigue intacto, y que, en sus manos, casi cualquier producto sobresale por encima de la media del blockbuster actual.

Quizá, el problema de Ready Player One fuera más el contenido de la obra original que de la adaptación en sí. Ni siquiera los leves cambios narrativos logran mejorar el egocentrismo inherente en cada frase de una novela que solo otorga importancia a un geek inadaptado y obsesionado con la cultura pop. El resto del mundo, tanto el virtual como el real, gira a su alrededor. Por eso, meses después de su estreno, lo único de ella que queda en el recuerdo es su música ochentera y alguna que otra carrera con King Kong destrozando coches.

Mano

Mónica Zas:Ha nacido una estrella (Bradley Cooper)

Desde que La La Land  reconcilió hace dos años al gran público con los musicales, la cartelera se había quedado algo huérfana sin su ración del género. No sabes lo mucho que necesitas algo hasta que lo pierdes, dicen. Por eso algunos vieron en Ha nacido una estrella  la sustituta natural de la película de Damien Chazelle, aunque no se parezcan ni en las doce notas musicales.

El remake dirigido por Bradley Cooper cumple con las expectativas de una historia de amor cojo, en la que una de las partes siempre falla, siempre falta, hasta que lo hace del todo. Es el Blue Valentine de la música country y el mainstream superficial. No sabemos si Gaga se representa a sí misma (o al menos una versión más comedida) durante a su ascenso a la fama, pero su transformación es tan orgánica que parece que hubiese nacido enfrente de la cámara de Cooper. Un mérito tanto de la actriz como del director, que también clava su papel de adicto descreído con la industria.

En lo que falla Ha nacido una estrella es precisamente en el reflejo descafeinado de un sistema que exprime y consume a sus peones. Evidentemente es el mismo sistema del que comen Gaga y Cooper, y el que ha calzado esta película en los Globos de Oro y lo hará también en los Oscar. Pero no habría sobrado un poco más de mordacidad en la crítica para terminar de cocinar un buen pastel. 

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Francesc Miró:Isla de perros (Wes Anderson)

Hasta el estreno de Isla de perros, eran muchas las voces que coincidían en valorar Fantástico Sr. Fox como la mejor película de Wes Anderson. Y podía argumentarse que lo era por múltiples razones, entre ellas que reuniese todas las manías paternofiliales que vertebran su obra, o que aprehendiese maravillosamente el tono de la obra de Roal Dahl. Pero sobre todas estas razones, en el corazón de servidor anidaba la sospecha de que la plasticidad de la animación en stop-motion casaba perfectamente con el estilo de un cineasta al que el artificio formal ha definido más que cualquier otra cosa. Así que verlo de nuevo manejándose en este formato era un sueño hecho realidad.

Sin embargo, el chasco con Isla de perros  no podría haber sido mayor. En ella descubrimos a un realizador absolutamente acomodado en sus formas, que recurría a la autoreferencia antes que a la mínima sorpresa. Que se descubría falto de garra en una película de perros, pero también de andamiaje emocional que sostuviese todo un espectáculo de la excentricidad por la excentricidad. Casi se diría que con Isla de perros, asistimos a cómo un cineasta es capaz de convertirse en parodia de sí mismo.

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José Antonio Luna: Los Increíbles 2 (Brad Bird)

La secuela de Pixar llegó 14 años después en un contexto totalmente diferente: con Marvel llenando las salas de cine con casi cada estreno. La sobredosis superheroica podía jugar una mala pasada, pero Los Increíbles  jugaban en otra liga. No solo es una película de mujeres elásticas y hombres forzudos, sino la historia de una familia que lucha por aprender a convivir con sus habilidades. Y aún así, ha decepcionado.

El director y guionista Brad Bird dijo que su intención "no era hacer una película política", pero su trasfondo indica todo lo contrario. Si Toy Story 3  habla sobre el paso de niño a adulto o Wall-e  sobre la contaminación, Los Increíbles 2 lo hace sobre el valor del neoliberalismo para montar una campaña publicitaria y hacer ver que pueden salvar vidas sin partir edificios a cada paso. El héroe, en realidad, pasa a ser el libre mercado.

Mano

Mónica Zas:El reino (Rodrigo Sorogoyen)

Corrupción hay en todas partes, pero la corrupción de la clase política española tiene un tufo especial a puro habano y un marco de yates, mariscadas y relojes de oro que la convierten en un caramelo cinematográfico. Ejemplos no faltan. Si no hay muchas películas al respecto no es por una cuestión de referentes, sino de agallas, y Rodrigo Sorogoyen y la guionista Isabel Peña han demostrado que ambas tienen de sobra.

El reino  no necesita mojarse porque cualquiera que preste un poco de atención a los telediarios o esté enterado de las tramas reconocerá a los protagonistas. Pero casi lo mejor de esta cinta es que, mientras corroboras que la realidad es mucho peor que la ficción, te lo pasas en grande con un thriller bien ejecutado. De hecho, la única pega es que su pulso frenético en ocasiones arrasa con varios datos desaprovechados. Así que no se lo piense dos veces. Si eso ocurre, vuélvala a ver. 

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Francesc Miró:Vengadores: Infinity War (Anthony y Joe Russo)

Es una verdad ineludible que las grandes narrativas del blockbuster actual giran en torno al género superheroico. Y que concretamente Marvel domina la escena marcando el tempo y camino de lo que entendemos como películas de gran presupuesto dispuestas a arrasar taquillas y asentar narrativas repetidas hasta la saciedad. Pero aunque hubiésemos visto antes fuegos artificiales como Vengadores, La era de Ultrón  o Civil War, la aventura que nos tenían preparada para  2018 Stark, Capitán América y compañía era otra cosa. Infinity War se nos presentaba como el espectáculo definitivo.

No obstante, lo que vino fue otra cosa. O mejor dicho: fue exactamente lo que tenía que ser y ahí radicaba su escasa fuerza. En la última película de los hermanos Russo no había lugar para la sorpresa. Todo, absolutamente todo, estaba milimetrado para ofrecer un constante ir y venir de personajes cuyo desarrollo no computaba: solo tenían que tener su momento de acción y su onliner  graciosillo de rigor.

Con eso bastó para convertir Vengadores: Infinity War  en un evento gigantesco que, además, arrastraba mareas de fans que quedaban boquiabiertas por un cliffhanger no sólo previsible sino falto de anclaje emocional alguno. Una jugada que convertía la película en una cuidada estrategia de marketing  en lugar de en una historia orgánica sobre cómo los superhéroes, en ocasiones, también pierden.

Mano

José Antonio Luna: La forma del agua (Guillermo del Toro)

Parece que no, pero la cinta de Guillermo del Toro se estrenó en España el 16 de febrero de 2018. Fue la ganadora del Oscar a Mejor película de 2018 y, aunque probablemente no sea la obra más trascendental de la historia (ni siquiera de la filmografía de su director), esta solo aspira a contar una fábula entretenida sin aires de grandeza.

También supuso que, por primera vez, la Academia reconociera a la ciencia ficción en el lugar donde La naranja mecánica o E. T. El Extraterrestre  pasaron desapercibidas, algo destacable en el año de Dunkerque y los 30 minutos de planos al entrecejo de Tom Hardy. La forma del agua  ha cumplido con las expectativas, sobre todo porque tampoco se vendió como algo que no era. La trama es complaciente, los secundarios son clásicos arquetipos y los protagonistas tampoco destacan por nada en especial. Sin embargo, la belleza poética de esta fábula inclina la balanza a su favor.

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Mónica Zas:First Man (Damien Chazelle)

Si había algo que despertaba más expectativas que otro La La Land, eso era la nueva unión de su director, Damien Chazelle, con su actor mimado, Ryan Gosling. En First Man, el dúo que nos hizo bailar en la ciudad de las estrellas al ritmo del jazz, se pasa al drama y al biopic serio. Quizá demasiado. Cuando no están grabando las escenas dentro de unas naves que parecían cafeteras a punto de explotar, la película se hace larga hasta el tedio.

Quizá en Estados Unidos, las penurias familiares del gran héroe americano tengan un efecto desmitificador. Pero en el resto del mundo, Neil Armstrong es una figura demasiado lejana como para que la certera interpretación de Gosling atrape durante tres horas mirando a una pantalla. A su favor, la valentía de haber obviado la escena de la bandera norteamericana y el breve reflejo del movimiento crítico que despertó en la sociedad la multimillonaria carrera espacial. 

Mano

Francesc Miró:El hombre que mató a Don Quijote (Terry Gilliam)

La película maldita de Terry Gilliam nació antes que el siglo XXI. Ya en los ochenta rondaba por la cabeza del ex-Monty Python la idea de narrar algunos episodios del Quijote con un zapatero enloquecido como hidalgo y un exitoso hombre del marketing como Sancho. 32 millones de dólares iniciaron la preproducción de la aventura a principios del 2000 en Navarra.

Con Jean Rochefort, Johnny Depp y Vanessa Paradis encabezaban un rodaje en el que, pronto, todo fueron complicaciones: tormentas que se llevaban gran parte del equipo, decorados imposibles, aviones militares que sobrevolaban el rodaje... Al poco tiempo, Rochefort volvió a París aquejado de dolores por montar a caballo durante largas horas. Le diagnosticaron cáncer. Depp se bajó del proyecto por temas de agenda y Paradis se marchó al ver que todo se iba al garete. Mucho dinero y el esfuerzo de decenas de profesionales cayó en saco roto, como bien relataba el magnífico documental Lost in La Mancha.

Años de penurias y búsquedas de financiación terminaron con el anuncio de que el rodaje se retomaría. Jonathan Pryce sería el falso Quijote y Adam Driver el falso Sancho. Aunque incluso ya rodada, la maldición parecía seguirle los pasos al realizador: primero fue una batalla legal por los derechos de distribución y luego un aparente derrame cerebral justo antes de presentar la película en Cannes.

¿Cumplió, a pesar de todo? Es difícil decirlo, pues la leyenda ya había alcanzado proporciones bíblicas entre la cinefília. Pero sin duda El hombre que mató a Don Quijote se parece a la película que un día Gilliam imaginó hacer. Y tras décadas detrás de la historia, conseguir plasmarla en imágenes ya es un logro para todos.

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José Antonio Luna:Tres anuncios a las afueras (Martin McDonagh)

La actuación de Frances McDormand es lo mejor de la película. El resto, lo que aspiraba a convertirse en la comedia del año, es como algo que se parece a los hermanos Coen sin ser de los hermanos Coen. Tres anuncios a las afueras es una sucesión de escenas que cabalgan entre la denuncia y la ironía sin adentrarse de lleno en ninguna de las dos facetas.

De hecho, oculta sus debilidades de guion abanderándose como crítica a los paletos de Missouri. No obstante, por el camino se olvida de mostrar un mínimo de coherencia que justifique ver a McDormand prendiendo fuego a toda una comisaría entera y que, de repente, el policía corrupto decida en los últimos instantes de su vida salvar unos documentos que hasta entonces no le habían importado lo más mínimo. Pretende ser una escena para abrir bocas de sorpresa, pero acaba en bostezo.

Mano

Francesc Miró: Jurassic World: El reino caído (Juan Antonio Bayona)

Tras haberse consagrado como el director más internacional y taquillero de la historia del cine español, la noticia de que J.A. Bayona fuese a dirigir la nueva entrega de la saga jurásica iniciada por Steven Spielberg en los noventa, fue acogida con entusiasmo. Y las esperanzas puestas en el proyecto también. Efectivamente: finalmente se convirtió en un éxito.

Es cierto que Jurassic World: El reino caído  volvía a acomodarse en viejas estrategias que intentaban esconder lo que en el fondo no era más que una actualización de El mundo perdido. También es cierto que se atisban en ella moderadas pinceladas de un autor que parecía querer decir más de lo que le dejaron. Pero por todo lo demás, cumplía lo que se proponía: un entretenimiento con buenas ideas y una factura impecable. Y con el devenir de los meses y la llegada de más de una película de gran presupuesto pero diminuta personalidad, se nos ha terminado convirtiendo en uno de los taquillazos más dignos del año.

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