eldiario.es

9
Menú

Cultura

De pirañas a ranas: ocho películas sobre terror acuático en las que no encontrarás tiburones

El estreno de Megalodón vuelve a explotar uno de los miedos atávicos más vivos del cine: el temor a lo que se esconde en el agua

La variedad de la fauna y flora subacuática nos ha ofrecido multitud de variantes del monstruo marino alejadas completamente del manido escualo

- PUBLICIDAD -
Póster de 'Frogs', terror acuático de ecos orwellianos

Póster de 'Frogs', terror acuático de ecos orwellianos

La tendencia a la hipérbole del blockbuster actual produce discursos sorprendentes. Allá donde hace seis años nos parecía increíble que coincidiesen en pantalla cinco superhéroes en Los Vengadores de Joss Whedon, hoy nos parece de lo más lógico que haya 25 en Infinity War. También que la Estrella de la Muerte parezca una pelota de ping-pong al lado de la Base Starkiller de los villanos de El despertar de la fuerza, que lo que era un parque jurásico con discutibles sistemas de seguridad ahora se haya convertido en una plaga de alcance mundial en Jurassic World: El reino caído.

Pero entre tanto estimulante visual puede que se nos haya pasado un fenómeno igualmente interesante, calco de la caligrafía que hace más grande e impresionante lo que ocurre en pantalla, pero con un discurso distinto. Hablamos de la artimaña de disfrazar de sentidos homenajes lo que no dejan de ser versiones hartas de anabolizantes de blockbusters clásicos. Es lo que hizo El rascacielos con La jungla de cristal de John McTiernan, y lo que ha acaba de hacer Megalodón con el Tiburón de Spielberg, como bien señalaba el periodista Alberto Corona en este brillante artículo.

A la vista de las frustradas reacciones que ha suscitado Megalodón, podríamos estar ante una nueva constatación de que un tiburón más grande no significa necesariamente un tiburón mejor. Pero también podríamos estar ante un mal ejemplo de un subgénero, el de los terrores acuáticos, prolijo en criaturas abisales gigantescas absolutamente terroríficas, que van mucho más allá de los escualos. Monstruos marinos los hay en el cine desde hace décadas, y monstruos marinos gigantes también. En honor a todos ellos, aquí van unas cuántas películas que nos hicieron pasar un buen mal rato en verano.

La mujer y el monstruo (1954)

Durante una investigación, el doctor Maia encuentra una terrible garra fosilizada que no corresponde a ningún animal conocido. Motivados por desvelar el secreto que esconde el fósil, los doctores Reed y Williams inician una expedición hacia la Laguna Negra, un paraje lleno de leyendas. Allí se las verán con un hombre-anfibio con especial querencia por Kelly, la mujer de uno de los investigadores.

Precursora del terror acuático tal y como lo conocemos, esta película fue entendida en su momento como una estrategia comercial de la Universal que quería veinte años después de haber estrenado el Drácula de Lugosi y La Momia de Karloff, seguir añadiendo monstruos clásicos a su panteón. Lejos de significarse como tardía adhesión, La mujer y el monstruo cuenta con algunos de los hallazgos visuales más bellos de toda la serie de los clásicos de la Universal, pero sobre todo, sienta las bases de la construcción del relato del cine de monstruos marinos sobre las que se erigirán las generaciones venideras.

El monstruo de Piedras Blancas (1959)

Una pareja de pescadores aparece asesinada en la pacífica playa de Piedras Blancas. Mientras el sheriff del lugar investiga el caso, un joven se enamora de la hija del misterioso farero. Con el tiempo, aparecen más cadáveres y, a su alrededor, unas extrañas escamas. Nada es casualidad y el misterio puede tener algo que ver con el Faro del lugar.

Contestación gore, cuando no imitación bestia, de La mujer y el monstruo, este film inauguraría la tradición de reformular un monstruo ya asentado en el imaginario para hacerlo más feo y más terrible, amén de desembarazar al subgénero de toda pretensión artística abrazando la suspensión de la credibilidad y la narración de brocha gorda sin por ello dejar de cumplir su función: dar miedo.

Ranas (1972)

Una familia acaudalada decide celebrar el cumpleaños del patriarca, Jason Crockett, en una remota isla de su propiedad. Sin embargo, el viejo hombre odia la vida salvaje y no cesa en su empeño de fumigar y envenenar los alrededores de la casa con el legítimo objetivo de pasar unos días tranquilos. Con tan mala suerte que todos los reptiles y anfibios del lugar se ofenderán hasta el punto de querer aniquilar la vida humana sobre la isla.

Aunque la película entrañe una pequeña traición, puesto que las ranas en sí mismas no son el enemigo principal de la familia Crockett, este film dirigido por George McCowan, realizador que hizo fortuna en televisión gracias a series como S tarsky y Hutch o Los ángeles de Charlie, explota de forma singular el miedo a la naturaleza como síntesis máxima del subgénero acuático. Y lo hace personificándose como un remix del género en el que caben cocodrilos, lagartos acuáticos y todo tipo de criaturas viscosas. La Rebelión en la granja owerlliana del terror bajo las aguas.

Piraña (1978)

Una especie de piraña alterada genéticamente durante la Guerra de Vietnam para poseer unos dientes aún más mortíferos, se escapa de unas viejas instalaciones militares. Tras devorar a un par de turistas despistados, se acercan peligrosamente a un lago en el que se acaba de inaugurar un complejo turístico con campamento infantil incluido.

Después de probarse en documentales como The Movie Orgy, u homenajes a la serie B como Hollywood Boulevard, Joe Dante saltó a la fama con este film que nos descubrió el oficio de alguien que luego nos regalaría algunos de los entretenimientos más memorables del siglo XX: Aullidos, Exploradores, Gremlins, El chip prodigioso o Pequeños Guerreros. Y lo hizo además inaugurando una saga por la que pasarían el mismísimo James Cameron con Piraña II: Los vampiros del mar o realizadores capaces de ofrecer sustantivas sorpresas en el género como Alexandre Aja con Piraña 3D.

Leviathan: El demonio del abismo (1989)

Durante una misión, la Corporación Minera Transoceánica descubre un viejo barco de la armada soviética hundido en las profundidades. En él no hay resto de vida alguno pero sí una botella de vodka guardada en una caja fuerte. Entre bromas y estrés, los marineros empiezan a beber de la botella. Pronto sufren terribles mutaciones de un ente marino que podría acabar con todos.

Leviathan: El demonio del abismo, se nos presenta como una rareza del subgénero por proponer la exploración de un concepto poco transitado: el terror acuático invisible, o más bien el terror al líquido en sí mismo, capaz de terribles acciones en contacto con el ser humano. Con todo, el film no deja de ser una trasunto subacuático de Alien, el octavo pasajero producido a mayor gloria de la poderosa familia napolitana de los De Laurentiis.

La grieta (1990)

Un submarino de alta tecnología desaparece en una grieta submarina cerca de las costas de Noruega. Otro submarino de alta tecnología acude para descubrir qué ha pasado, perdiéndose en un laberinto de fosas marinas en las que habitan las más variopintas y poco hospitalarias criaturas asesinas abisales.

Dirigida por Juan Piquer Simón, realizador valenciano autor de películas como Mil gritos tiene la noche o Slugs, muerte viscosa, La grieta sería la representante española de esta breve lista por su falta de pretenciones y su absolutamente libre concepción del terror bajo las aguas. Una desprejuiciada y disparatada aventura subacuática en la que actores como Emilio Linder o Tony Isbert luchan con criaturas propias del imaginario lovecraftiano, y personajes de la farándula como José María Martínez Bordiú –Pocholo- interpretan a musculosos buceadores escandinavos llamados Sven.

Anaconda (1997)

Una expedición de documentalistas capitaneada por la realizadora Terri Flores, se interna en el Amazonas en busca de la tribu indígena de los Shirishama. Cuando un insecto pique a uno de los integrantes del grupo, se verán obligados a retroceder y de paso descubrir que la verdadera razón de ser de quién patrocina la aventura es dar caza a una gigantesca anaconda.

Un reparto que contaba con Jennifer López, Jon Voight, Owen Wilson, Danny Trejo e incluso Ice Cube, se enfrentó a la variante serpenteante del terror bajo las aguas sin demasiado éxito. Dirigida por el peruano Luis Llosa, Anaconda significó el resurgir hollywoodiense de un subgénero estancado no tanto entre la crítica -que masacró el film-, como entre los ejecutivos de estudios que viendo la taquilla de este título se animaron a producir películas como Deep Rising, Esfera, Deep Blue Sea o Mandíbulas los años siguientes.

The Host (2006)

Tras vaciar centenares de litros de formaldehído en el río Han, en Seúl, una criatura anfibia muta lo suficiente para alcanzar proporciones bestiales. Atraído por la carne humana, un día asalta un parque y secuestra a una niña llamada Hyun-Seo. Su padre, atontado vendedor de comida ambulante, unirá a toda la familia para rescatarla.

Seguramente una de las películas más destacadas que ocupan esta lista y, sin lugar a dudas, la mejor película de monstruos marinos y temores acuáticos de lo que llevamos de siglo, The Host supuso el asalto al terror del realizador surcoreano Bong Joon-ho, responsable de obras de valía tan rotunda como Memories of a Murder, Mother, Rompenieves u Okja. Su pericia técnica solo está al nivel de su profundo humanismo, empeñado en recordarnos que, tal vez, nuestros mayores miedos no sean criaturas gigantescas venidas de aguas turbias.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha