Amarga Navidad es una de las películas más complejas de Pedro Almodóvar. Su estructura, donde una historia contiene a la siguiente, la convierte en un filme brillante que reflexiona sobre la responsabilidad del artista y hasta qué punto cuando un creador está poseído por la inspiración está legitimado a vampirizar a los que tiene a su alrededor. Pedro Almodóvar ha elegido para nuestro formato 'Anatomía de una escena' un momento que muestra a la perfección ese debate. Es una escena que tiene como protagonistas a Bárbara Lennie y a Victoria Luengo y confiesa que es una de sus preferidas. “Afortunadamente, en la película hay muchas secuencias importantes, pero esta es una de mis favoritas”, dice con humor.
Lennie interpreta a una directora de culto que ha dirigido solo dos películas. En un viaje a Lanzarote junto a su amiga Patricia, ella encuentra la energía para volver a escribir. Pero lo que le inspira es la desgracia de su amiga, que ha vuelto a ser engañada por su pareja. Ambas, como explica Almodóvar, viven un duelo. Lennie, el de su madre, recién fallecida; Luengo, el de una relación que se termina.
Es una escena donde el debate más importante del filme se hace explícito, ya que Victoria Luengo le echa en cara a Lennie que vaya a usar su ruptura como materia prima de su nuevo guion. Una escena llena de diálogos punzantes, frases llenas de la esencia de Almodóvar y un duelo interpretativo entre dos actrices brillantes. Almodóvar se sabe de memoria cada diálogo de la escena, lo repite y hasta lo interpreta mientras se rinde al talento de ambas actrices. “El estupor de Victoria va creciendo y Victoria va mereciendo premio tras premio con este plano”, dice el director de la actriz con la que ya trabajó en La habitación de al lado.
Almodóvar destaca de esta escena su sobriedad. “Casi toda la escena ellas están de espaldas, sobre todo la que habla, que es Bárbara Lennie. Y hay solo tres colores. El blanco de la cocina, el jersey verde de Bárbara y una chaqueta roja de Patricia, el personaje de Victoria”, analiza. Una sobriedad que ha ido puliendo en sus últimas películas, pero que contiene señas de identidad de su cine, como esos colores brillantes o el gusto por la composición de cada plano.
Define esta secuencia como “esencial” y una de las que está “más orgulloso”, sobre todo por “la austeridad y la sobriedad, porque tiene mucho contenido y los elementos son blanco, rojo y verde, una cocina y ella casi todo el tiempo de espaldas”.
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