Carlos Sadness, músico y compositor: “La creatividad no siempre tiene que salir de la dificultad, es bonito celebrar lo bueno”
Cuando Carlos Sadness comenzó a escribir lo que ha terminado siendo el ensayo El ruido de las estrellas (Lunwerg), no pensó que fuera a publicarse. El cantante y compositor reconoce que, precisamente por ello, no tuvo reparo en exponerse como lo ha hecho en sus páginas. Se palpa en la manera en la que ha abrazado su vulnerabilidad, compartiéndola de forma explícita y con generosa transparencia.
Aquellas reflexiones que partieron de un momento de crisis de identidad se convirtieron en el contexto inseparable de las que posteriormente volcaría sobre el proceso de creatividad. Fue entonces cuando decidió unirlas, y que de manera conjunta materializaran su nuevo libro. Sintió que debía incorporar ambas líneas de pensamiento y no esconder las más íntimas por una cuestión de pudor, que es algo que, como artista, defiende que “debes aprender a manejar. Aceptar que no puedes tenerlo porque a veces es una censura muy grande”.
En el libro aborda temas tan íntimos y complejos como la vulnerabilidad, la convivencia con el síndrome del impostor, la soledad de la vida del artista, que contrasta con la visión de sus vidas que normalmente se transmite o percibe desde fuera, en especial en las redes sociales.
La imagen superficial que se tiene del artista coincide muy poco con la real. Es verdad que vivimos cosas extraordinarias, muchas veces estamos subidos en ese caballo de “todo esto increíble”, y uno puede mirar a un lado y darse cuenta de que nada está a ese nivel. El libro muestra la parte de atrás de unos años de mucho éxito y crecimiento a nivel laboral, cómo se siente todo detrás de ello. Son cosas extraordinarias por las que hay que sentirse agradecido cada día, porque en el momento en el que olvidas que lo son, estás perdido.

Su vida tiene un claro componente de soledad por el tiempo que pasan solos. ¿Se complica cada vez más poder mantener los vínculos y generar nuevos?
Sí, aunque también existe la opción, que he visto en muchas personas, de hacerse amigo de la gente que te adora e idealiza. Es mucho más sencillo. Hay quien su persona de marketing, su mánager y su fotógrafo son gente que eran sus fans. Eso vuelve a esas personas insoportables, porque están acostumbradas a tener la razón, a que todo lo que digan es válido y bueno. No se están enfrentando a un mundo real.
Ahí sucede el “a esta persona se le ha subido a la cabeza” o “se ha vuelto estúpida”. Hombre, claro, porque lo que ha hecho es rodearse de gente que se lo ha permitido. Gente que no solo no le ha discutido, sino que le ha aplaudido cualquier cosa que se le ha pasado por la cabeza. No hace falta ser una estrella para que todos necesitemos a alguien que desde fuera nos diga: “Esto no mola”.
Lo malo es cuando no tienes a gente que no te dice que no mola porque tampoco quiere que moles. Ese es otro escenario que también he vivido, personas dándote lecciones de cosas limitantes. Cuando te las quitas de encima, te das cuenta de que descorchas una botella y empieza a salir algo que te cambia la vida. Qué complicado es el saber tomar o no consejos.
Que tu persona de marketing, mánager y fotógrafo fueran antes tus fans te vuelve insoportable
¿Es fácil rodearse de gente que viene bien dentro de la industria musical?
Siento que a veces hablo de cosas del mundo de la cultura y de la música, pero imagino que en todos los lados hay una mecánica humana. Es muy difícil saber a ciencia cierta qué personas te suman, cuáles te restan. No sé si tenemos esa lucidez tan desarrollada, y es normal. En este libro también he escrito cosas para hacer las paces conmigo mismo. No odio ni guardo rencor a nadie, pero sí que a veces tenía la sensación de preguntarme: “¿Por qué has sido tan ingenuo?”. Por no hacer sentir mal a alguien, no le pones límites. Es que igual poner límites no nos convierte en malas personas, y aprender esto no ha sido fácil para mí. Pensar que no estoy siendo un cabrón por reclamar algo que necesito.
¿Cómo de fácil es para una artista mantener su personalidad y esencia?
No es tan fácil, sobre todo ser consciente de que puedes estar yéndote, porque a veces saber quién eres es mucho más profundo y difícil de lo que creemos. Cuando algo te va bien porque has apostado por tu personalidad tampoco es infinito. En España todo eso va cambiando. Es imposible que estés estéis seis años molando, que todo lo que hagas vaya a ser novedoso, fresco, que sorprenda. Es imposible, porque la gente va cambiando constantemente de gusto y de perspectiva. Ahí, en un momento dado, uno puede decir llevo seis años con esta identidad y la he quemado, ¿qué está molando ahora? Igual me voy a ir un poco por ahí, es muy humano, le puede pasar a cualquiera y siempre va a poner muy a prueba tu identidad.
Puede ocurrir que lo que en ese momento esté molando encaje con tu personalidad y aporte; o puede que no vaya nada contigo y sea un lío. Algo muy forzado y las cosas forzadas no transmiten lo mismo. Hay que tener en cuenta que todo es cíclico, evolutivo, está bien conocer cuál es la tendencia y estar al día, pero muchas no van a ir contigo y no tienes que meterte ahí. También es importante saber identificarlo, esa sensación de querer ser siempre moderno. Pues es que no, no siempre puedes serlo, y no pasa nada, la propia palabra va en contra de eso.
La contemplación a la hora de crear se complica cada vez más por lo rápido que va todo, en la música en concreto, por tener que estar sacando sencillos todo el rato.
Es antinatural. El tiempo es algo relativo, pero tiene también una medida humana, y la hemos roto. No podemos esperar que las cosas sean igual de valientes, valiosas y válidas si el tiempo no tiene una medida humana. Entonces, ¿qué está pasando? Que hay que hacer camps de composición en los que hay diez personas para hacer una canción. ¿Dónde está ahí la mierda de la identidad artística? Seguramente pueda ser muy pegadiza, pero es que igual no hace falta que todas lo sean.
¿Para qué sirve el arte? ¿Lo estamos usando para lo que realmente sirve, o se ha convertido en una industria como la de cualquier cosa que se pueda comprar? Se está perdiendo un poco la medida humana de muchas cosas a favor de la recompensa instantánea a la que nos estamos acostumbrando y volviendo adictos. Y ya no es solo una cuestión de la música, es en todo.
¿Dónde está la identidad artística en una canción compuesta por diez personas?
Dice que para crear, estar en un momento peor es mejor, ¿no se puede componer desde la felicidad?
La creatividad no siempre tiene que salir de la dificultad, es bonito celebrar las cosas buenas. Muchas veces hemos tratado el arte de la celebración como un pasatiempo, algo con menos valor, canciones de broma, cuando en realidad para el usuario, el consumidor de música; también es bonito que la música o el arte en general te puedan acompañar tanto en una crisis como en un momento de celebración. Darle categoría al arte creado desde la felicidad, que a veces se tiende a tildar de naíf o de infantil.
De Rosalía a Siloé, pasando por Rigoberta Bandini y Hakuna, el auge de artistas y producciones con referencias cristianas está marcando un giro estético y discursivo en la escena pop internacional, pero ya en 2020 usted lanzó su álbum Tropical Jesus. ¿Cómo surgió aquello y cómo piensa que está ahora de presente?
El nombre salió de una entrevista en la que me lo dijo un periodista. En aquel momento quería crear un personaje y me gustaba la parte humanista de Jesús. 'Tropical Jesus' como un personaje que cree mucho en el amor, el perdón, el ideal humano, pero absolutamente desvinculado de cualquier doctrina, religión o fe católica. En el libro hablo de Jesús como un filósofo, un sociólogo, y ahora lo que nos estamos encontrando no es tanto un Jesús, sino los valores cristianos católicos. Para mí es importante separarlo.
En toda crisis se necesitan respuestas y explicaciones, y la religión, de algún modo, siempre nos ha dado explicación a cosas que son difíciles de entender, partiendo del génesis, el principio de la existencia. Puedo entender que haya gente a la que el mundo no le está mostrando ciertas cosas y que se aferre a ese lado, que tiene un punto de valores tradicionales. Salen muchos grupos nuevos alineados a esos valores en un momento en el que todo lo que estaba lanzándose era el trap, letras ultrasexuales. Mucha gente puede pensar que no puede estar consumiendo eso, pero tampoco quiere consumir lo que la gente que tiene veinte años más que ella, y ahí nace una escena con un contenido muy blanquito. No creo que sea el caso de Rigoberta, pero sí es verdad que hay una mirada hacia ahí.
Igual hay casualidad, pero siempre ha habido algo. Seamos o no creyentes y practicantes, siempre ha estado en el imaginario y en el arte. En Siloé dicen que algunos son abiertamente católicos y practicantes. No sé hasta qué punto lo llevan a la música. Me cuesta pensar que alguien haga canciones sin que su punto de vista intervenga. Yo soy incapaz de que mis canciones no contengan mi política. Es muy difícil liberar todo de política. En todo hay un poco de pensamiento, y no hablo de la política de izquierda o de derecha, sino de cómo tratas el deseo, la atracción, en todo eso hay ideales. Mantenerlo impermeable es imposible, por lo menos si eres artista.
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