Adia Benton, antropóloga: "En epidemias como el coronavirus se repite un patrón de discurso tóxico y denigrante"

Adia Benton, profesora asociada de Antropología y Estudios africanos en la Universidad de Northwestern (Illinois)

Alarmismo, desinformación, racismo. Uno tras otro y todo a la vez. La antropóloga estadounidense Adia Benton recuerda que ya hemos visto esta película antes. A su juicio, parte de la reacción al brote de coronavirus originado en China, del que se han detectado más de 80.000 casos, demuestra algunas lecciones que el mundo no ha aprendido de otras epidemias como el SARS o el ébola. Una de ellas, dice, es que cuando hay un vacío de información, es fácil que se forme una narrativa alrededor del brote que "busque un chivo expiatorio" y lo margine.

"No soy un virus": ciudadanos de origen asiático denuncian racismo por el coronavirus

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En una entrevista con eldiario.es, Benton, que es profesora asociada de Antropología y Estudios africanos en la Universidad de Northwestern (Illinois) y autora del libro Excepcionalismo del VIH: desarrollo a través de la enfermedad en Sierra Leona, reflexiona acerca de cómo opera este tipo de discurso y sus consecuencias.

Para usted, parte de la reacción ante la epidemia de coronavirus originada en China encaja dentro de un "patrón habitual". ¿En qué consiste este patrón? la epidemia de coronavirus originada en China encaja

Hay un patrón habitual de discurso tóxico y tiene que ver con el uso de chivos expiatorios o con denigrar a los que se considera los "otros". A veces, la propia enfermedad provoca este vilipendio. Otras veces, las condiciones sociales y políticas que preceden al brote se agravan con la aparición de una enfermedad de gravedad y capacidad de infección desconocidas.

Es decir, las características de la enfermedad pueden acabar estigmatizando a cualquier persona sospechosa de padecerla. Si determinados grupos ya están discriminados por su clase, su raza o su lugar de origen, y se percibe que tienen características asociadas a su "diferencia" que les harían susceptibles de padecer la enfermedad, acaban sufriendo doble marginación o discriminación. La gente dice cosas como: "Oh, como los chinos comen esto o los chinos creen aquello, por supuesto que padecen esta cosa, y ahora sus malas prácticas 'culturales' están poniendo en peligro el mundo". Se habla de presuntas características innatas, y esto es importante, de las personas chinas que las predisponen a una cierta clase de virus, y por las que merecen ser excluidas y aisladas.

¿Qué consecuencias reales tiene este discurso?

Este tipo de discurso está teniendo consecuencias reales en el brote actual, como la violencia psicológica y física antiasiática; consecuencias económicas como resultado de las restricciones a los viajes y al comercio dentro de China, y de China con otros países. También, rumores y desinformación que influyen en las respuestas oficiales, como el aislamiento y la cuarentena de los cruceros.

¿Qué es lo que alimenta este tipo de narrativas?

Los medios de comunicación convencionales suelen contribuir a alimentarlas, en el sentido de que pueden dar voz o informar sobre políticos que expresan ideas xenófobas o racistas. Pero las redes sociales y las narrativas que circulan a nivel local también son parte de este ecosistema. Hay bastantes analistas de sillón especulando sobre los orígenes de la enfermedad y recurriendo a fuentes dispares para apoyar ciertas teorías sobre su aparición.

¿Qué tiene en común la situación actual con la del brote de ébola de 2014 o la del síndrome respiratorio agudo y grave (SARS) de 2003?

El SARS es una comparación común porque es un virus similar. A nivel global, cambió la forma en que respondemos a los brotes con el potencial de convertirse en pandemias. Si lo comparamos con el ébola, podemos fijarnos en los usos políticos y sociales de la enfermedad. El ébola golpeó durante un año electoral en EEUU o en Liberia, así que los políticos lo usaban como una cuña para abordar otros temas que les interesaban, como la inmigración, la violencia policial por motivos raciales, la vigilancia y demás. Medios de comunicación como Newsweek y CNN se subieron al carro, viéndolo como una oportunidad de aumentar los ingresos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de la propagación de la desinformación y los rumores en el actual brote. ¿Cómo interactúan los rumores con el racismo?

La desinformación y los rumores son omnipresentes durante los brotes. Las personas tratan de encontrarle sentido a la enfermedad y a la muerte; tratan de medir los riesgos para sí mismas y para los demás. En ausencia de una información clara sobre el riesgo –y comunicar el riesgo es bastante difícil, en mi opinión– la probabilidad de que se extienda la desinformación y los rumores es mayor.

Por ejemplo, a medida que se van difundiendo noticias de que los funcionarios chinos de la capital querían restar importancia al brote o de que los expertos regionales estaban alarmados por el potencial de propagación, es de esperar que circulen rumores. Para los outsiders que miran de puertas para adentro, la tendencia será a especular sobre las supuestas motivaciones e intenciones de China con respecto a los orígenes de la enfermedad: ¿la fabricaron en el laboratorio? ¿desencadenaron intencionalmente el virus para diezmar a un grupo en particular? Son respuestas comunes, aunque preocupantes, en los brotes. El hecho de que se trate de un nuevo virus, y de que los científicos y los especialistas clínicos aún estén aprendiendo sobre él, solo aumenta el espectáculo.

Cuando la OMS bautizó la enfermedad como COVID-19, lo hizo intencionadamente, para no hacer referencia a ninguna persona, lugar o animal para evitar el estigma. ¿Está de acuerdo?

Se ha debatido mucho sobre las taxonomías de las enfermedades y si hacer referencia a lugares y personas en los nombres de las enfermedades las estigmatiza. Pero es interesante preguntarnos qué clases de nombres estigmatizan a quién. Por ejemplo, está el virus de Marburgo, una fiebre hemorrágica, ¡pero se llama como una ciudad alemana! ¿La gente se revuelve del asco en Marburgo, Alemania? ¿Rechazan a los residentes de Marburgo? Pasa lo mismo con la enfermedad del legionario. ¿La gente teme acaso ir a las reuniones de la Legión Americana?

Ciudadanos asiáticos están denunciando en varias partes del mundo el racismo con campañas como "No soy un virus". ¿Hay ahora una mayor respuesta antirracista que en otras epidemias? con campañas como "No soy un virus"

Ocurrió algo similar durante el brote del ébola en África occidental. De hecho "yo no soy un virus" circuló como un hashtag en octubre de 2014 entre los activistas liberianos, y se extendió. En realidad es una respuesta común, querer disociar a las personas de los virus. Pero también deberíamos reflexionar sobre cómo estamos colocando a la gente en la posición de sentir que son esencialmente iguales a la propia enfermedad, y quién o qué influye en esta percepción de que los liberianos, o los africanos occidentales, en general, y el ébola son sinónimos.

¿A qué se refiere?

La cuestión aquí es cómo se intercambia a las personas con el virus, que es lo que implica el lema 'No soy un virus'. Que alguien piense que la persona que tiene el síntoma en realidad es un virus. Así es como funciona el estigma: no es simplemente la forma en que los demás te tratan en relación con la enfermedad, sino también cómo empiezas a creer que estás encarnando todo lo que el virus representa. Los virus viven en los cuerpos, y cuando las políticas están orientadas a contener el virus, o a aislarlo, los funcionarios sanitarios y las autoridades gubernamentales están, en realidad, conteniendo cuerpos que son personas, aislando a cuerpos que son personas.

Por otro lado, deberíamos preguntarnos en qué medida las respuestas xenófobas y racistas son un síntoma de un sistema más amplio de desigualdad y exclusión.

¿Cuál es la mejor manera de no alimentar este discurso tóxico?

No lo sé. Está muy arraigado, pero quizás es importante hacer que la gente tome conciencia de cómo circulan estos mensajes, y de que tienen consecuencias materiales, físicas y psicológicas. Pero es difícil hacer que la gente piense en cómo contribuye directamente al dolor de los demás, que los perjudican.

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27 de febrero de 2020 - 21:20 h

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