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Río se levanta contra el machismo

Manifestante con su hija a cuestas en la marcha feminista de Río de Jaineiro, del 1 de junio de 2016.

"33, 32, 31, 30, 29, 28, 27, 26...". Una cuenta atrás demasiado larga repetida en diversas ocasiones por las miles de mujeres que el pasado miércoles se manifestaron en la ciudad de Río de Janeiro por el fin de la 'cultura do estupro' o 'cultura de la violación'. Treinta y tres fueron los hombres que violaron colectivamente a una joven de 16 años, el 21 de mayo, en el Morro do Barão, zona oeste de la ciudad. Un hecho que ha causado conmoción mundial al ser difundido en las redes sociales por los propios agresores, pero que de ninguna forma constituye un caso aislado.

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Cerca de 50.000 violaciones fueron denunciadas en Brasil en 2014, aunque el número podría ser mucho mayor pues la mayoría no son denunciadas por las víctimas. "Quando acordei tinha 33 caras em cima de mim"; ("cuando desperté tenía 33 hombres encima de mí"), gritaban a modo de liturgia las manifestantes mientras descendían la Avenida Presidente Vargas rumbo a la Central de Brasil. En la llamada Cidade Maravillosa, 13 mujeres son violadas cada día; una cada once minutos en todo el país, según una estadística del Fórum Brasileiro de Segurança Pública (FBSP), una ONG que investiga el grado de violencia en el país.

La joven Maira Brum lleva a su novio atado a lo largo de toda la manifestación. Está manchado de rojo y un sombrero cubre su rostro. "Mientras caminamos le gritamos cosas que normalmente nosotras escuchamos en la calle como: 'si vas así vestida es porque quieres guerra' o '¡uh, qué tía buena!', y al mismo tiempo, le ensuciamos de rojo mostrando la agresión que nosotras sufrimos día tras día. También, permitimos que otras mujeres le ensucien y le digan esas frases que tanto nos marcan", explica.

Si bien el número de mujeres es muy superior al de hombres, algunos de ellos también decidieron estar presentes en este acto contra el machismo y la violencia de género. "No me considero machista, pero puedo serlo sin darme cuenta en las pequeñas cosas. Vivo en una sociedad machista, en una familia machista y como hombre tengo privilegios", explica un manifestante que prefiere mantenerse en el anonimato, "lo que puedo hacer es deconstruir mi machismo, en mi caso, con el contacto que mantengo con amigas feministas. Hoy estoy aquí invitado por ellas, en una posición de oyente y nunca como protagonista", añade.

Colectivos feministas

"El día que yo morí perdí el conocimiento/ fui a parar al purgatorio, estaba muy preocupada/ era dios quien iba a darme abrigo/ pero yo soy pecadora iba a recibir castigo […]", cantan las jóvenes del colectivo feminista 'Mulheres de buço' (Mujeres con pelusa) en una performance funk frente a cientos de manifestantes y de fotógrafos. Con los pechos al aire, solamente los pezones cubiertos con pegatinas de bigotes, estas jóvenes usan el baile funk como una arma reivindicativa en la lucha por sus derechos. "Usamos el funk por la libertad corporal que permite, queremos que la mujer se empodere usando su cuerpo, que pueda bailar como quiera", explican.

"Andar sola por la calle de noche es complicado, no conozco ninguna amiga que no haya sufrido algún tipo de acoso, sea de mayor o menor grado", relata desde la experiencia Joana Castro, una de las integrantes de este colectivo. Según afirma Lucia Barros, la performance también las ha fortalecido como mujeres: "Hemos aprendido a decir mucho más 'no', a no pasar por alto muchas cosas, a escuchar los acosos de las otras y pensar en cómo denunciar eso".

Además, como muchas de las presentes, también anhelan la despenalización total del aborto y la reconsideración del nombramiento de la exdiputada federal Fátima Pelaes, fervorosa antiabortista incluso en casos de violación, al frente de la Secretaría de Políticas para Mujeres por el Gobierno interino de Michel Temer. La ley 12.845/13, sancionada por la expresidenta Dilma Rousseff, reconoce la interrupción del embarazo en mujeres víctimas de violencia sexual; hoy cuestionada por el Proyecto de Ley 5069/2013.

Otras mujeres lucen un lazo rojo atado al brazo, llevan escrito un número de teléfono en la piel y van repartiendo silbatos y carteles en los que puede leerle: "Tem um machista aqui". Se trata de otro grupo feminista de autodefensa que, a través de una comisión de seguridad, busca garantizar el bienestar de todas las manifestantes. "Si alguna tiene cualquier problema o hay alguna provocación machista, como ya ha sucedido en otras manifestaciones feministas en Río, lo identificaríamos por los carteles o el ruido de los silbatos e intentaríamos resolverlo", aclaran. El número de teléfono pertenece a una abogada feminista.

En menos de dos meses, Río de Janeiro se convertirá en la próxima sede de unos polémicos Juegos Olímpicos, tanto por la incidencia del virus zika como por la sistemática violación de derechos humanos. Miles de turistas cruzarán el océano Atlántico atraídos por el deporte, pero también por la energía de esta ciudad repleta de colinas ('morros'), playas inmensas y música al vivo. Muchas de esas turistas serán mujeres. "Los hombres de aquí tienen la cultura de vernos como objetos. Piensan que pueden acercarse e invadir tu espacio, tocarte... yo les digo a las mujeres que no agachen la cabeza frente a ningún hombre, que no acepten ninguna ofensa", concluye la manifestante Grazielly da Costa Dantas.

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Publicado el
3 de junio de 2016 - 19:42 h

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