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Ir en bici es una moda impuesta; en cambio, ir en coche lo hemos elegido libremente... Y tal

Las industrias del petróleo, el automóvil y la construcción presionan a través de lobbies para frenar políticas de movilidad sostenible y seguir imponiendo una forma de vivir y moverse pensada para su beneficio.

Pretender que el uso y fomento de la bici es tan sólo una moda pasajera es perder de vista su importancia como herramienta de transformación urbana.

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El único anuncio en que verás un coche en un atasco... y sucede muy lejos

No sé si el lector tiene el gusto de conocer a los hermanos Koch (Carles G. y David H.), pero para estoy yo aquí para presentarlos. Propietarios de Koch Industries, son los capos de un imperio que creó su papá y que se dedica a cosas variopintas como minerales, fertilizantes, ganadería, industria química, comercio, finanzas y muchas otras entre las que está el refino y distribución de petróleo.

Los hermanos, por supuesto, están forrados. Pero, como suele ser habitual en estos casos, quieren más. Por eso, además de dirigir sus empresas, se dedican a la influencia para que esas empresas que dirigen tengan más y más beneficios. Y esa influencia que ejercen para lo suyo acaba influyendo en lo de todos, o sea, en la política. Los Koch no sólo son abundantes y bien conocidos financiadores del Tea Party y de lobbies que niegan el cambio climático provocado por el hombre, Americans for Prosperity es el nombre de su organización de bandera, dedicada en teoría a “educar a los ciudadanos en política económica” y en la práctica a difundir como sea el liberalismo económico. Entre sus actividades más habituales están ataques furibundos al Obamacare, a la neutralidad en la red, a los impuestos, a las multas por contaminación… Y, cómo no, a la movilidad sostenible y las transformaciones urbanas que empiezan a darse también en Estados Unidos.

Leo en un artículo de Streetsblog que los hermanitos han estado empleándose a fondo, y empleando muchos fondos, para frenar un proyecto de transporte público en Nashville: la implantación de una línea de BRT (Bus Rapid Transit en inglés o autobús exprés a través de vías segregadas) de 10 kilómetros que conectaría (y conectará finalmente) distintos barrios de la ciudad. Los argumentos de los anti eran burdas preocupaciones por la seguridad de los pasajeros, protestas por eso de expropiar tierras privadas para fines públicos, ira ante la pérdida de plazas de aparcamiento para vehículos privados y predicciones de que el proyecto iba a aumentar los atascos. Después de llevarlo a la Asamblea General de Tennessee y de gastarse un pastizal en abogados, los Koch han perdido esta batalla pero su guerra contra las ciudades que quieren sacudirse un poco la caspa del coche va para largo y, según parece, la siguen liando en lugares como Boston, Los Ángeles, Indianápolis y más urbes de por allí.

Me acuerdo de los hermanos Koch, del padre que los educó y de todos los de su lado cada vez que alguien me tira eso de que “la bici es una moda” como queriendo decir que a) esto es un invento de los creadores de tendencias como en su momento lo fueron los programas de famosos que se lanzaban a la piscina desde un trampolín y que, b) en cuanto se nos pase la tontería, nos vamos a volver a meter en el coche, que es lo que de verdad nos gusta y hemos elegido libremente.

Y es que es cierto que la bici está de moda pero lo está porque los cazadores de lo cool se han dado cuenta de que cada vez más gente está por la labor de los pedales como vía hacia transformaciones urbanas en positivo. Desde que allá por los 70 empezaron en Holanda, Dinamarca y otros lugares los movimientos pro bici hasta hoy, en que ya es cuestión de debate habitual en todo el mundo, el impulso ha sido a partir de personas y colectivos de ciudadanos que, a base de dar mucho la chapa, han ido logrando pequeñas victorias en esta pelea por ciudades pensadas para los seres humanos y no para los automóviles.

Así pues, es una moda que “está” de abajo a arriba, a diferencia de los coches, el petróleo, las carreteras y los crecimientos urbanos en dispersión, que desde hace más de 50 años han sido costumbres que nos han sido impuestas de arriba a abajo por gentes como los Koch. Me explico: si vivimos como vivimos, en casas y pisos cada vez más dispersos y alejados de los centros de las ciudades es porque hay una industria detrás, la de la construcción, provocando a base de inversiones millonarias, a veces en sobres, a veces no, que así sea. Si sentimos la imperiosa necesidad de poseer un automóvil GTi de 200 CV es porque nos lo meten constantemente por las pantallas en campañas de publicidad que, curiosamente, asocian esta posesión a valores como la libertad, la felicidad y la independencia, muy alejados de la realidad diaria, que tiene que ver más con el encarcelamiento en el atasco continuo, la desesperación por los tiempos invertidos en moverse, y aparcar y la dependencia de una propiedad que se devalúa nada más comprarla y cuyo mantenimiento supone buena parte de nuestro gasto mensual.

Estas costumbres las tenemos tan metidas en nuestro cerebrito que protestamos ante cualquier síntoma de cambio. Sólo hay que ver cómo nos hemos puesto con ese anuncio de que la alcaldesa de Madrid pretende crear nuevas restricciones al tráfico privado en el centro de la ciudad. Y lo peor es que confundimos la defensa de esas costumbres adquiridas a base de tragar lo que nos ponen en la tele con la defensa de nuestros derechos y libertades.

No sé, uno diría que de lo que deberíamos librarnos es de gente como los hermanos Koch y de todos sus similares en nuestro país, que los hay a montones. Y que deberíamos defender nuestro derecho a vivir sin presiones ni influencias. Y pretender ser libres de verdad y no porque hacemos lo que nos dice Volkswagen. Pero que nadie me haga mucho caso, que yo soy uno de eso modernos que va en bici.

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