De técnico a la sombra de Calviño a vicepresidente: el ascenso fulgurante del tranquilo Carlos Cuerpo
Carlos Cuerpo, ahora vicepresidente del Gobierno, esquivó este martes las preguntas que lo situaban al frente de la cartera de Hacienda durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. “El hecho de que me incluyan en este tipo de quinielas quiere decir que, en el ámbito de la política económica, se está haciendo un buen trabajo”, respondió el titular de Economía.
Todas las apuestas apuntaban a un ‘superministro’ Cuerpo (Badajoz, 1980), desde que se supo que María Jesús Montero abandonaría el Ejecutivo para concurrir a las elecciones andaluzas. Calmado, didáctico y alejado de la polémica partidista, el extremeño ha conseguido convertirse en sus poco más de dos años al frente de Economía en una pieza fundamental del Ejecutivo. Los buenos datos de crecimiento económico, la respuesta a los aranceles de Donald Trump y, ahora, a la guerra en Oriente Medio han hecho despegar al miembro mejor valorado del Ejecutivo hasta convertirse en la mano derecha de Pedro Sánchez.
Cuerpo, licenciado en la pública Universidad de Extremadura y técnico economista y comercial del Estado (lo que en la jerga se conoce como ‘teco’), llegó a lo más alto del Ministerio de Economía tras desempeñarse como secretario general del Tesoro Público. El ‘número tres’ de la cartera fue el nombre que la entonces vicepresidenta Nadia Calviño recomendó a Sánchez para sustituirla tras ser elegida presidenta del Banco Europeo de Inversiones en diciembre de 2023.
El jefe del Ejecutivo siguió su consejo pero situó a Montero al frente de la vicepresidencia primera, un puesto clave para dirigir los Consejos de Ministros en su ausencia y, además, sirve de contrapeso político a la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. En una decisión casi salomónica, puso a Cuerpo –que, al igual que Calviño, no milita en el PSOE– al frente de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos (CDGAE), el ‘consejillo’ donde se mascan las grandes decisiones de política económica, lo que lo convirtió, in pectore, en el cargo que ahora desempeñará oficialmente.
Choques frecuentes con Trabajo
Quienes lo acompañan en el día a día destacan su capacidad de trabajo, de estudio y el buen trato en el cuerpo a cuerpo. Algo que se confirma en su relación con la prensa, a pesar de su estudiada lengua de madera para evitar responder con titulares a las preguntas más incisivas y polémicas sobre su cartera.
Sobre todo, aquellas sobre su relación con la vicepresidenta Díaz. En el Ministerio de Trabajo pasaron de verlo como uno de los suyos (formó parte del primer comité de expertos para subir el salario mínimo) a la personificación del neoliberalismo. A raíz de las negociaciones para sacar adelante la reducción de la jornada laboral, Díaz acusó a Cuerpo de frenar su tramitación interna. Llegó a decir que era “casi de mala persona” negarse a reducir media hora el tiempo de trabajo. Los dos socios llegaron a un acuerdo y finalmente se aprobó en el Consejo de Ministros tal y como Díaz acordó con los sindicatos. Pero en el Congreso no llegó a superar el trámite de totalidad por el rechazo de Junts.
El segundo capítulo de esta polémica ha llegado esta semana, cuando desde la vicepresidencia segunda acusaron a Economía de boicotear la puesta en marcha del registro horario con dos informes negativos. “Yo no voy a ser una cooperadora de la patronal para esas empresas que no pagan horas extra”, dijo Díaz en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. E insistió en que lo sacaría adelante “aunque sea lo último que haga”.
De Madrid a Bruselas, pasando por Washington
El ministro se ha convertido en una figura clave no solo a la interna, sino también en la esfera internacional. Habla perfecto inglés y hasta se atreve con el japonés. Los grandes foros ya cuentan con él como uno de los invitados estrella: sucedió a principios de año en Davos, cuando intervino en un panel sobre la economía española mano a mano con la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde.
“Es un buen ejemplo de transgredir con su iniciativa”, loó la francesa, hablando de la propuesta española de poner en marcha una “coalición de voluntarios” entre los gobiernos de la Eurozona para avanzar en la integración económica sin que los Estados miembros más reticentes puedan ponerle freno.
Cuerpo se curtió en Bruselas en su etapa al frente del Tesoro Público durante las eternas negociaciones europeas para reformar las reglas fiscales. También aspiró a presidir el Eurogrupo, una apuesta que no salió adelante. Y ha sido un apaciguador clave en las relaciones con Estados Unidos tras la vuelta de Trump a la Casa Blanca. Fue el encargado de viajar a Washington para reunirse con su homólogo, el secretario de Comercio, Scott Bessent, en pleno tira y afloja por los aranceles y por el enfado en la Casa Blanca —que sigue— por la inversión española en Defensa.
En el escenario de policrisis constante que vivimos desde 2020, Cuerpo ha sido también el rostro clave a la hora de diseñar –y comunicar– el embargo al comercio de armas con Israel, la intervención en la fallida opa hostil del BBVA al Banco Sabadell y, ahora, las medidas para paliar los efectos de la guerra en Oriente Medio, que este mismo jueves defendió en el Congreso.
Hasta ahora, el vicepresidente se ha beneficiado de los buenos datos económicos, que han colocado a España como líder de las economías avanzadas durante dos años consecutivos. El PP opta por no preguntarle en las sesiones de control, centrados en las vicepresidentas y sabedores de que no sacan rentabilidad a la economía. Pero con los nubarrones de la guerra en Oriente Medio y su nuevo cargo, el ‘teco’ tranquilo tendrá que sacar el colmillo. Cuerpo sabe que se han hecho los deberes y un “buen trabajo” en lo económico, como dijo este martes en rueda de prensa. Esa noche, El Gran Wyoming bromeaba en El Intermedio, de laSexta: “Alguien está a punto de pedir que le llamen ministro Cuerpazo”. Vicepresidente, nada menos.
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