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El propósito empieza a marcar la agenda de las grandes empresas: un modelo económico más justo es posible

Una oficina durante la jornada de trabajo

Una empresa con propósito es aquella en la que no importa únicamente cuánto se gana y se tiene en cuenta también cómo se hace, el impacto que su actividad causa en la sociedad y el medio ambiente. Suena utópico. Incluso, podríamos decir que son como las meigas, que haberlas, haylas, pero nadie las ve. Los hay que sí, que trabajan codo con codo con ellas. Es el caso de la consultora ImpactCO, desde donde aseguran que ya han comprobado cómo el propósito está dejando de ser algo teórico para pasar a ser un criterio más en la toma de decisiones y en la definición de estrategias corporativas. 

“Nosotros tenemos la suerte de estar trabajando para ese segmento tan exclusivo de compañías que lo creen firmemente y lo vemos todos los días”, explica Ángel Bonet, fundador y CEO de ImpactCO. Sostiene, eso sí, que es algo que se da en Europa, donde ya empieza a haber una consciencia de un modelo económico más justo, que es muy incipiente y que queda mucho por hacer. 

En esta tendencia que empieza a despegar ha tenido mucho que ver el marco regulatorio y el beneficio económico que supone aplicar el propósito; y están jugando un papel muy importante los líderes empresariales. “Empieza a haber un núcleo duro de inversores, de empresarios y de líderes ejecutivos que conecta con su propósito personal y han entendido que hay un valor”, asegura Bonet, quien no duda en ensalzar la valentía de muchos de estos altos cargos a la hora de tomar decisiones que económicamente en el corto plazo no parecen tan interesantes, pero que sí están alineadas con el propósito. 

Y es que es, precisamente, esa ausencia de resultados a corto plazo es una de las principales dificultades a la hora de incorporar el propósito en la toma de decisiones. “Llevamos casi dos décadas viendo proyectos y, claramente, cuando lo maridas con tiempo suficiente, el valor que generas y la ventaja competitiva son altísimos”.

Por eso, en un contexto geopolítico tan del siglo pasado, Bonet sostiene que corre prisa que en esta transformación hacia las empresas con propósito se consume. “Esto no es política, esto es sentido común, progreso, economía. La economía en un libre mercado nos dice que el capital y el consumidor se acercan a las compañías que aparte de dar un buen servicio, un buen producto a un buen precio, hacen bien las cosas”.

Bastien Sachet, CEO de Earthworm Foundation, durante su ponencia

De la teoría a la práctica

De esas empresas que ya están teniendo en cuenta su propósito en la toma de decisiones y en cómo hacen las cosas saben mucho en Earthworm Foundation. Esta fundación lleva más de 25 años trabajando para regenerar los suelos agrícolas y proteger los bosques, con y para la gente. 

“Las empresas con las que trabajamos se han dado cuenta de que dentro de su cadena de suministro hay una necesidad de comprar materias primas, pero también de interesarse por su origen, por quién y cómo las ha producido. Y si fueron producidas con impacto negativo sobre el medio ambiente o la gente, cómo podemos trabajar juntos con los proveedores, la marca, la industria y los agricultores o los gestores forestales para mejorar”, explica Bastien Sachet, CEO de Earthworm Foundation. 

Y es que la peculiaridad de Earthworm reside en que trabajan sobre toda la cadena de suministro para dar respuesta a los desafíos de la gran empresa, el proveedor, la cooperativa y el agricultor que, aunque distintos, están conectados. Sachet tira de ejemplos. “Una de las razones por la que los agricultores tienen dificultad en invertir en la transición agroecológica es que hay un riesgo económico muy fuerte. Si mi cliente, la cooperativa o la gran empresa no me protegen y fallo, puedo destruir económicamente mi empresa. En cambio, si mi cooperativa tiene un técnico que me va a ayudar a caminar, si la empresa alimenticia me da un incentivo económico, si el banco me reduce las tasas de crédito porque estoy haciendo algo que sirve a la sociedad, ahí estoy protegido”. 

Se encargan de tejer red, una en la que todos los implicados están interesados en que el otro tenga éxito. Earthworm Foundation ha trabajado con el sector de la madera, con materias primas con gran impacto forestal (aceite de palma, cacao, soja…) y, desde hace ocho años, en zonas con climas cálidos, se han volcado con el trigo, la cebada, el azúcar… Cuentan que a estos agricultores se aproximan sin juzgar y sin imponer soluciones, sino buscando maneras de colaborar. “La gente que produce está muy sola, enfrentando desafíos como el cambio climático, las dificultades económicas, la competencia internacional y queremos ser un partner para tener más éxito”. 

Cuando se trata de implicar a la gente de los despachos, intentan, literalmente, llevarlos al campo y, cuando no es posible, tratan de acercarles la realidad del terreno a sus oficinas “Mostramos imagen satelital y fotos, usamos ejemplos como el precio del cacao… que son realidades, no hipótesis. Y la realidad no la puedes discutir”. 

Aunque reconoce que los tres factores que llevan a moverse a las empresas son las campañas de denuncias de las ONG, los inversores que, con su visión a largo plazo, demandan planes climáticos porque son conscientes de que a futuro pueden enfrentarse a una escasez de materias primas; y, por último, un aspecto más personal. “Lo que marca la diferencia en los proyectos, es la personalidad, el compromiso que tienen las personas. Tú puedes ser un líder, pero si el tema es solo un KPI, no lo vas a hacer con corazón y cuando se trata de agricultura si no lo haces con corazón, no puedes ser sincero en lo que planteas con la cadena”. Una vez más, el propósito.

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