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¿Quién sobrevivirá en la guerra de la derecha?

Que en la última semana de campaña no se puedan publicar encuestas no significa que no se hagan y que en las redacciones no sepamos por dónde van. En esta campaña tan anómala la última semana es incluso más relevante de lo habitual

Si se cumplen los pronósticos, si las encuestas no fallan, sin duda será la última ocasión en la que la derecha española se presente partida en tres. Si no gobiernan, uno de los tres partidos en poco tiempo morirá

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En la última semana de campaña no se pueden publicar encuestas electorales. Eso no significa que no se hagan, que no circulen y que en las redacciones de los periódicos no sepamos por dónde van. Son datos interesantes y tienen a todos los partidos en una enorme tensión. Nada parece durar. En esta campaña tan anómala –con vacaciones de por medio y dos debates a muerte pocos días antes de votar– la última semana es incluso más relevante de lo habitual.

Todos los partidos y algunos medios siguen preguntando a los ciudadanos qué van a votar. Y todos coinciden en que la foto final dependerá en gran medida de la participación. Si la izquierda no se queda en casa, si hay poca abstención, la derecha no sumará la mayoría absoluta. No será porque tengan pocos votos. Al contrario: es posible que, en números absolutos, la derecha sume más apoyos y escaños que la izquierda. Si no alcanzan el Gobierno será como consecuencia de su fragmentación en tres partidos. Por culpa de esa división y de la ley electoral.

Pase lo que pase, será la última ocasión en la que la derecha española se presente dividida en tres. Más aún si no gobiernan: uno de los tres partidos, en poco tiempo, morirá. La gran duda es quién.

En los primeros días de esta campaña, el rival más débil de la derecha sin duda era Ciudadanos. El partido de Albert Rivera no contaba ni con la solidez del viejo PP ni con la novedad que supone Vox. Ciudadanos también llegaba a las elecciones desangrándose por sus cambios de alianzas y su papel de bisagra, un pecado imperdonable en un momento de extrema polarización.

Pero los debates electorales han provocado un cambio en las tendencias. Albert Rivera gustó mucho a los votantes conservadores y ha recuperado posiciones frente a Pablo Casado y el Partido Popular. El fichaje de última hora del expresidente de Madrid Ángel Garrido es un puñetazo más.

Los politólogos, por ahora, no se acaban de fiar. No saben si, en el último momento, el PP se recuperará. La indecisión entre el votante conservador es enorme y el resultado en escaños dependerá de tantas carambolas en las pequeñas circunscripciones que el orden de llegada en la derecha es muy difícil de predecir. Sigue siendo lo más probable, pero ya no parece tan seguro como lo era antes que el más votado entre las tres derechas vaya a ser el Partido Popular. Nunca antes ha estado tan débil como lo está hoy.

La subida de Vox está mordiendo mucho al PP por su derecha y en la España rural. Ciudadanos no entra ahí con tanta fuerza, pero sí se está quedando con el voto de centro derecha más moderno. Las tendencias dan un repunte para Albert Rivera, a costa del Partido Popular. También una subida de Vox.

Las encuestas son encuestas, y siempre pueden fallar. Hay quien cree que el PP tiene mucho voto oculto y que Pablo Casado resistirá. Que el efecto de los dos debates poco a poco se desdibujará. Pero también quien pronostica que el partido que lideró la derecha durante más de tres décadas se ha quedado sin espacio, ha fallado en la campaña, tiene un candidato pésimo y corre un enorme riesgo de colapsar.

Para Pablo Casado es doble o nada. Sin duda registrará el peor resultado electoral de la historia de su partido. Pero, como pasó en Andalucía, será un éxito histórico si consiguen gobernar. A cualquier precio y con lo que puedan sumar.

A favor de un gobierno del PP la principal herramienta es Vox, que es la gran incógnita de este domingo: si su resultado no será para tanto, como dicen la mayoría de las encuestas, o si, por el contrario, arrasarán. Si lograrán en las urnas los llenazos que están consiguiendo en los mítines. Si esas colas ante las oficinas de Correos son para frenar a la extrema derecha o para darle sus votos.

Ocurra lo que ocurra, las del domingo no son unas elecciones más.

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