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Clima: todo por el medio grado

Es urgente revertir la inacción y el maquillaje al que nos tienen acostumbradas las instituciones europeas, con el comisario Miguel Arias Cañete a la cabeza de una política climática al servicio de los lobbies

La gasolina y el gasóleo se vuelven a encarecer y marcan máximos desde 2014

EFE

Medio grado centígrado. A primera vista puede parecer insignificante; en la práctica, aumentar la temperatura en medio grado probablemente no nos obligue a quitarnos el jersey, pero para el clima es diferente. Es lo que confirma el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que publicó la semana pasada un informe especial con unas conclusiones demoledoras: la diferencia entre limitar el calentamiento global a dos grados (objetivo principal del Acuerdo de París) en vez de hacerlo a 1,5 grados implica, ese medio grado de más, unas consecuencias colosales para las condiciones de vida de las personas. 

Los resultados de los trabajos cuantitativos y cualitativos del IPCC son, si aún quedaban dudas, más claros que nunca. Esa estrecha diferencia de medio grado duplicaría la pérdida del hábitat natural de los vertebrados o provocaría la casi total desaparición de los arrecifes de coral del mundo. 

Con un aumento de 1,5 grados, el nivel del mar subiría entre 26 y 77 centímetros para 2100, mientras que si el ascenso es de dos grados, habría que sumar diez centímetros más. Esa decena de centímetros significaría hasta diez millones de personas adicionales afectadas directamente. 

La acción humana ya ha provocado un calentamiento de la tierra de un grado y, de acuerdo con los pronósticos de la ONU, ahora mismo estamos en una trayectoria que nos llevará al aumento de tres grados. 

Este escenario podría incluso ser el menos peligroso ya que sigue modelos lineales de aumento de temperatura correlacionados con el incremento de las emisiones. Sin embargo, existen otros estudios más preocupantes que señalan la posibilidad de un aumento no lineal e incontrolable del clima una vez superado cierto umbral de emisiones. 

A principios de diciembre, los Estados de todo el mundo se volverán a reunir esta vez en Katowice (Polonia) en la COP24. El objetivo declarado es redoblar los esfuerzos internacionales para evitar el fracaso. 

Lamentablemente, la realidad está lejos de las bonitas palabras. Según un informe de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), de los 180 países firmantes del Acuerdo de París, tan sólo nueve han presentado programas lo suficientemente concretos y ambiciosos. 

Cambiar el sistema, no el clima. Es el lema desde hace muchos años del movimiento por la justicia climática. Para evitar las catástrofes anunciadas, que lamentablemente ya se están notando, debemos hacer exactamente lo contrario de lo que marcan Macron, Juncker, Trump, etc. 

De hecho, en Francia, la dimisión del ya exministro de Transición Climática, Nicolas Hulot, fue un varapalo para la política de maquillaje climático de Macron. 

En el Estado español, el gobierno socialista tiene también la responsabilidad de arreglar los ocho años de nefastas políticas del PP si no quiere que su campaña climática se quede en papel mojado. 

El IPCC pone blanco sobre negro esta cuestión: para evitar la catástrofe hacen falta transformaciones “sin precedentes”. Dicho de otra manera: debemos poner fin al insostenible crecimiento capitalista reinventando nuestros modelos de producción y consumo. 

Europa en el punto de mira

Aunque a primera vista las elecciones europeas de mayo de 2019 parecen relativamente desconectadas de los problemas climáticos, una parte importante de la partida se jugará en ese momento. De hecho, lo que se decide en Bruselas influye mucho sobre nuestras políticas energéticas, medio ambientales o agrícolas, así como en las de gestión del agua, del transporte, de la industria, de la minería y de los residuos. 

Inspirándose en alternativas que ya se están construyendo y están funcionando, como es el caso de los ayuntamientos del cambio o el ejemplo de Alternatiba (surgido en Bayona en 2013) y de resistencias como Ende Gelände en Alemania, la candidatura europea de Ahora La Gente, formada por la alianza entre Podemos, Francia Insumisa, Bloco de Esquerda y partidos de la Izquierda Nórdica, pondrán encima de la mesa el próximo año un programa que no ceda al catastrofismo y que haga de la transición una gran oportunidad para establecer un nuevo paradigma. 

Es urgente revertir la inacción y el maquillaje al que nos tienen acostumbradas las instituciones europeas, con el comisario Miguel Arias Cañete a la cabeza de una política climática al servicio de los lobbies.  

Para ello, debemos adoptar la regla del techo verde a nivel europeo, es decir, no extraer ni explotar más recursos de la naturaleza que los que se renuevan anualmente. Este año hemos vuelto a superar el récord: el 1 de agosto ya habíamos consumido todos los recursos naturales del planeta de este año (lo que se conoce como el Overshoot Day o Día de la Deuda Ecológica). 

Para lograr este obligatorio necesario objetivo, es esencial reconocer la energía como un bien común, aumentar significativamente los objetivos climáticos para 2030, poner fin a las subvenciones de los combustibles fósiles, sustituir el ineficaz mercado de carbono por una rigurosa fiscalidad verde con objetivos vinculantes de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y garantizar mecanismos de solidaridad y justicia climática con el Sur global. 

Además, es crucial detener los grandes proyectos inútiles e impuestos para garantizar la protección incondicional de los ecosistemas que almacenan carbono, como los bosques y los humedales. 

En Francia, el ejemplo de Notre-Dame-des-Landes es muy claro y ha sido y es un modelo de construcción colectiva y sostenible. En España también contamos con cuantiosos megaproyectos que han sido inútiles y dañinos para el entorno como los aeropuertos sin aviones, la llamada Y vasca, la mina de uranio de Salamanca o los almacenes de gas del Castor y el Musel, entre otros. 

Por último, apostar por la transición ecológica a escala europea es también apostar por un empleo de futuro y sostenible. Según Luis Morales, director de innovación de Greenbiz, se podrían crear dos millones de empleos verdes en España de aquí a 2020 siempre y cuando se apueste por políticas públicas enfocadas a la innovación y a la cooperación. 

Es por eso que, para evitar el incremento de este medio grado tan importante, pero también para construir un futuro deseable para todas las personas, la candidatura de Ahora La Gente será en las próximas elecciones europeas la candidatura para salvar el clima.

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