El Gobierno vasco homenajea a 86 víctimas de ETA: “No sois un número más de una fría estadística”

La consejera Artolazabal, en la entrega de uno de los cuadernos

Rubén Pereda


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El Gobierno vasco ha rendido homenaje este viernes en Bilbao a 86 víctimas de ETA cuyos crímenes, comprendidos entre los años 1968 y 1979, quedaron sin esclarecer o amnistiados, y les ha entregado para ello un cuaderno con todos los detalles que se han podido recoger de las circunstancias y una carta firmada por el lehendakari, Iñigo Urkullu. “No sois un número más de una fría estadística, no sois un nombre más en una lista macabra”, ha señalado Beatriz Artolazabal, consejera de Igualdad, Justicia y Políticas Sociales, que ha recalcado los objetivos de mantener viva la memoria, mostrar un firme compromiso con todas las víctimas del terrorismo y acompañar a sus familiares y allegados. “Queremos recordaros como lo que erais: camareros, jueces de paz, comerciales, guardias civiles, policías, policías municipales, taxistas, montadores-ajustadores, periodistas, chapistas, pensionistas. Hombres y mujeres sencillos, con aficiones e ilusiones, sueños y retos, sinsabores y dificultades. Esposos, padres, hermanos y hermanas felices con los vuestros”, ha expresado.

Crímenes de ETA sin culpables desde 1968 a 1979: "Había quienes apoyaban y quienes no apoyaban pero callaban"

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Eulalia Rodríguez ha recogido una de esos cuadernos. Es la viuda de Jesús María Colomo Rodríguez, asesinado por ETA el 21 de julio de 1979, cuando iba camino de la sala de fiestas de la localidad guipuzcoana de Beasain en la que trabajaba. Ella, que tenía 20 años, estaba embarazada. “Dando a luz lloré lo imposible. Veía a otros matrimonios juntos, pero yo estaba sola en el paritorio y le echaba de menos. No esperé nada desde el primer momento. No hubo justicia, no hubo investigación”, ha lamentado. Han transcurrido más de cuarenta años desde el asesinato, pero no había sido capaz de contarlo hasta ahora, y fue solo con motivo de este acto que reunió la fuerza para desvelarles a sus propias amigas que su marido no había fallecido en un accidente como les había contado hasta entonces, sino que había sido asesinado por ETA. “He estado 41 años sin poder decirlo en voz alta. Se lo comenté a las amigas: 'Os voy a decir ya lo que pasó'. Porque siempre decía que había muerto de accidente, porque me daba vergüenza o miedo. Pero me dije: nosotros no somos sus asesinos, no somos los verdugos, somos los inocentes aquí. Y lo dije”, ha relatado este viernes.

Desde el Gobierno vasco, se estima que hay 252 casos de estas características en Euskadi, sin esclarecer o cuyos autores han sido amnistiados. Un informe del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, que depende del Gobierno de España, cifra el total de asesinatos de ETA de después de 1978 sin resolver hasta los 311. En la elaboración de los cuadernos de esta primera tanda de 86 ha participado la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), representada en el acto por la presidenta, Maite Araluce, el consejero, Miguel Folguera, y la asesora jurídica, Carmen Ladrón de Guevara, a quienes Artolazabal ha agradecido su trabajo. “Os puedo decir que en su elaboración hemos puesto lo mejor de nuestro equipo: sentimiento, buen hacer, voluntad, profesionalidad y también, y sobre todo, amor, mucho amor”, ha señalado. En este especial, se puede buscar a cada una de esas 86 víctimas, con detalles de cada uno de los crímenes y el grado de esclarecimiento, y leer también el testimonio de algunos familiares.

Artolazabal ha recitado nombres de víctimas —“Miguel, Jesús María, Anselmo, Manuel, Arigimiro, Valentín, José Javier, Domingo”, entre otros— y lugares en los que se cometieron los crímenes —“Arrasate, Azpeitia, Beasain, Elgoibar, Zarautz”...—. Ha querido humanizar a cada una de las personas asesinadas por la banda, a las que sabe, ha dicho, que las breves páginas de los cuadernos que se les han entregado “no hacen justicia”; el texto, ha sostenido, pretende aun así ser un “símbolo de sincero reconocimiento”. Los familiares de las víctimas han recogido los cuadernos de manos de Artolazabal, que se ha abrazado a cada uno de ellos tras la entrega. “Este es el sentido: hacer eterna vuestra memoria, vuestra memoria de personas únicas e irrepetibles. No sois seres anónimos, conceptos y entelequias a las que ETA quiso borrar de la faz de este país. Sois personas, personas de carne y hueso”, ha proclamado. De hecho, Artolazabal ha pedido guardar un momento de recogimiento para honrar a aquellas personas asesinadas por la banda terrorista un 17 de diciembre: Argimiro García Estévez y Luis Santos Hernández en Arrasate-Mondragón en 1974 y Diego Fernández-Montes Rojas en Donostia. “Las víctimas merecen la verdad con mayúsculas, sin adjetivos, y a esa verdad es a la que quieren contribuir estos cuadernos”, ha añadido Artolazabal.

“Me he sentido como un cero a la izquierda”

En esa misma línea, Urkullu, que ha comparecido la mañana de este viernes en el Parlamento Vasco, ha sostenido en respuesta a una interpelación de la única parlamentaria de Vox, Amaia Martínez Grisaleña, que en cada cuaderno se reconocen “expresamente la injusticia y el sinsentido del sufrimiento que padeció la familia de la víctima”. Ha explicado, además, que este acto institucional ha querido ser “expresión del homenaje y reconocimiento éticos y humanos ante la injusticia que padecieron”. “Este proyecto, por voluntad y acción exclusiva del Gobierno vasco, va a continuar para seguir proclamando que la vulneración del derecho a la vida de cada víctima asesinada por ETA fue una injusticia que nunca debió producirse”, ha abundado.

Al final de la entrega de estos cuadernos, algunos de los familiares que los han recibido han participado de un coloquio. José María García es el mayor de los siete hijos de Argimiro García, guardiacivil asesinado por ETA el 17 de diciembre de 1974 en Arrasate-Mondragón. Tenía 50 años cuando, según los testigos y tal y como se recoge en el cuaderno del que se le ha hecho entrega, “un Seat matrícula BI-0945-E, robado horas antes a punta de pistola, se puso a su altura y los ocupantes, unos cuatro o cinco, dispararon una ráfaga de ametralladora” contra él y contra Luis Santos Hernández, subteniente comandante que también murió horas después. Ni José María ni ningún otro familiar tuvo constancia de que se estuviese llevando a cabo investigación alguna. “Nos encontramos muy solos. Muchas veces me he sentido como si fuéramos un cero a la izquierda”, ha lamentado.

Lo ha acompañado también Rosa Vadillo Uranga, viuda de Epifanio Benito Vidal Vázquez, asesinado el 25 de octubre de 1978 en Durango, cuando salía del taller en el que trabajaba de chapista e iba de camino a casa a comer. Estaba afiliado a la UGT. “Algo habrá hecho o chivato. Esas eran las opciones. Incluso la Policía tenía miedo”, ha recordado. Un hombre que aparentaba estar echando un ojo a un coche se acercó a Epifanio y entabló conversación con él. Al poco, tanto él como las dos personas que lo acompañaban efectuaron varios disparos, de los que siete alcanzaron a Epifanio, que murió en el instante. “Les vio prácticamente medio Durango y no se reconoció a ninguno. Lo que hubo en realidad fue miedo”, ha lamentado. “Año y pico” le costó hacerse a la idea de que su marido estaba muerto.

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