Martutene no quiere ser “de segunda” en Donostia y exige mejoras en los autobuses hasta el barrio
Este jueves, la vecindad de Martutene ha dicho basta. Alrededor de 120 personas han boicoteado el trayecto de un autobús de la línea 26 de Donostia subiéndose todas juntas, con pancartas y silbatos, mientras coreaban cánticos. Debido al límite de capacidad del vehículo y por decisión de quienes esperaban el bus, no se han podido realizar todas las paradas. Los vecinos, con menores incluidos, han llegado al Boulevard en 38 minutos desde la parada de Larrunmendi, punto de partida del trayecto. El ruido dentro del autobús ha roto la serenidad del centro de la ciudad y ha hecho que la protesta no haya pasado inadvertida.
Dos vecinas han tomado la palabra para abrir la rueda de prensa. Han celebrado que hayan conseguido llenar el autobús, una alegría que sus acompañantes han compartido. Sin embargo, el tono ha cambiado rápidamente: la euforia inicial ha dado paso a la rabia que les provoca que “una de las líneas principales” de DBus esté tan recortada. Desde 2023, la línea 26 ha sufrido recortes de frecuencia. La ruta atraviesa siete barrios y cuenta con 20 paradas.
Normalmente, el trayecto dura “entre 35 a 40 minutos” y recorre “apenas 4 kilómetros”. Los días laborables, la espera es de 15 minutos, mientras que los festivos alcanza los 20. Pero los domingos la línea realiza su último trayecto a las 21.40 horas, “dejando a Martutene completamente incomunicada por las noches”. Las vecinas han recalcado que esta situación perjudica la “vida social y económica del barrio”, sobre todo a los trabajadores de hostelería y comercio, a los jóvenes y a los estudiantes, como los del MKE.
“No somos ciudadanos de segunda”, ha declarado una de las vecinas. Ha destacado que Martutene no cuenta con ambulatorio, polideportivo ni casa de cultura, ni con ningún tipo de complejo para el ocio —aunque sí una antigua cárcel—. Por esa razón, ha defendido que “una movilidad eficiente es necesaria para garantizar la equidad y cohesión social en la ciudad”. Además, ha señalado que tampoco cuentan con servicio de Euskotren, que en menos de un mes inaugurará tres estaciones —dos en Amara y una en Antiguo—, mientras que “las frecuencias de Renfe se encuentran fuertemente recortadas debido a las obras ferroviarias en la zona”.
A pesar de esta situación, las vecinas han recordado las palabras de la concejala de Movilidad, la nacionalista Olatz Yarza, quien calificó el servicio público como “deficitario”, una justificación que, según denuncian, se ha utilizado para rechazar las propuestas del barrio. “Año tras año, podemos ver cuáles son los intereses y prioridades de este Ayuntamiento”, han declarado las portavoces vecinales, que han señalado la “gentrificación y turistificación” de la ciudad.
Entre las exigencias del barrio se encuentran aumentar las frecuencias de la línea 26 y ofrecer un “bus directo especial” que realice menos paradas intermedias. También proponen que la línea 31, que llega hasta el polígono 27, aproveche “sus minutos de margen” para entrar en Martutene. Por último, plantean cambiar la ubicación de la última parada, ya que un tercio del barrio debe caminar más de 500 metros para llegar a ella. Las vecinas han recordado que las recomendaciones generales de la Unión Europea sugieren “que el ciudadano de cualquier barrio periférico debería tener un acceso a una línea de transporte público a menos de 500 metros de su casa”.
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