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Trabajar con orgullo

rosado

José María Rosado

A estas alturas del siglo 21, lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB), sufren discriminaciones en el entorno laboral por su identidad de género o por su orientación sexual. Pretender que la construcción de las formas de pensar y de sentir y de actuar se tienen forzosamente que conducir en dos carriles: macho/hembra, traducirse  unívocamente en las identidades hombre/mujer y desembocar necesariamente en la heterosexualidad es un reduccionismo binario que ya no tiene justificación ni fundamento.

Lo que tiene menos fundamento aun es adjudicar a estas opciones (LGTB) toda una serie de juicios y prejuicios asentados en creencias como “desviación, pecado, delito o enfermedad”. Estas falsas creencias alimentan la LGTBfobia.

Aunque el principio de igualdad de trato está reconocido formalmente en las leyes, no es plenamente efectivo y de manera particular en el mundo laboral. El miedo a salir del armario es mayor por las repercusiones en las relaciones que se producen en el ámbito del trabajo e incluso por el temor al despido. El solo hecho de la ocultación ya supone pérdida de derechos laborales al no poder disfrutar de permisos como los derivados de uniones, nacimientos, adopciones o cuidados. En el caso de las personas transexuales, por el contrario, la dificultad de ocultar su condición se traduce en discriminación en el acceso al puesto de trabajo.

Si salirse de la “norma” es penalizado socialmente, cuando esto lo hace una mujer, como es el caso de las lesbianas, la penalización es mayor. La universalidad democrática no incorporó a las mujeres de manera inmediata, sino que tuvieron que conquistar uno a uno los derechos civiles, sociales y políticos y por ello han sido ejercidos con retraso. A este decalage también hay que añadir el derecho de las mujeres a la autodeterminación de sexualidad y de identidad.

Avanzar hacia una democracia más real en el contexto laboral, requiere penalizar la LGTBfobia y poner en marcha protocolos, actuar sobre los convenios colectivos e incorporar formación específica para evitar estas discriminaciones. Estamos hablando de hacer realidad derechos democráticos para avanzar hacia una sociedad más justa y más feliz.

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