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ENTREVISTA | Candidata del BNG a la presidencia de la Xunta de Galicia

Ana Pontón, candidata del BNG: "El monopartito de Feijóo fue absolutamente inútil para Galicia"

Ana Pontón, candidata del BNG a la presidencia de la Xunta de Galicia

La enérgica subida del Bloque Nacionalista Galego (BNG) es una de las tendencias más claras de entre las que detecta la demoscopia electoral en Galicia. Algunos sondeos incluso sitúan a la organización que encabeza Ana Pontón (Chorente, Sarria, 1977) en condiciones de disputar el segundo puesto al Partido Socialista el próximo 12 de julio. Con Pontón al mando, portavoz nacional del BNG desde 2016, los nacionalistas remontaron la delicada situación en la que habían quedado tras las escisiones de 2012. "Tuvimos errores, aprendimos de ellos, pero también supimos modernizarnos y poner en marcha un cambio importante", asegura quien aspira a convertirse en "la primera presidenta" de la historia de Galicia.

¿Qué sensaciones le quedaron tras el debate de este lunes en la Televisión de Galicia?el debate de este lunes en la Televisión de Galicia

Que necesitamos un segundo debate. Quedaron demasiadas cosas sin poder debatir. Pero la sensación que me transmite un poco el contacto que me llega por las redes o en la calle es que la alternativa para que en este país haya un cambio es el BNG.

Precisamente Feijóo contrapone su partido unido y estable a un hipotético multipartito de, asegura, hasta diez partidos. ¿Teme que este mensaje cale entre los votantes?

Me parece un discurso muy simplón. Es curioso que ataque las coaliciones o los pactos post electorales cuando su partido forma parte de tripartitos y además con la extrema derecha. Él mismo ha avalado aquí a algún alcalde, como es el de Ourense [Gonzalo Pérez Jácome, de Democraia Ourensana], al que antes de las elecciones municipales calificaba de letal para esa ciudad. Me parece que los gallegos y las gallegas saben que lo importante de un gobierno no es el número de partidos que lo integran, sino cuáles son los resultados de sus políticas. Y el monopartito de Feijóo fue absolutamente inútil para Galicia. Lleva una década destruyendo en nuestro país.

¿A qué se refiere?

Destruyó las cajas, destruyó el empleo industrial, destruyó una parte muy importante de la galleguidad de muchas empresas... Lo que vemos es que con las políticas del monopartito de Feijóo Galicia va a menos y, además, los gallegos y gallegas viven peor que hace diez años. Tienen peores servicios públicos.

El 12 de julio, ¿el BNG quedará por encima del PsdeG?

Creo que va a haber sorpresa. El 12 de julio podemos hacer historia y tener por primera vez a una mujer en la presidencia.

En el caso de que el Partido Popular pierda la mayoría absoluta, ¿para el BNG sería un problema no liderar la alternativa?

Nosotros trabajamos con el objetivo de liderar la alternativa, y evidentemente de aquí al 12 de julio vamos a dar los mejor de nosotros para convencer a toda esa gente indecisa. Yo no creo mucho en las encuestas, sí en las tendencias, y me quedo con dos indicadores. Uno es que hay más gallegos que quieren cambio que gallegos que no lo quieren. Y el segundo dato es que tres de cada diez gallegos todavía no han decidido su voto. Esos son los que pueden decantar el gobierno. En estos años y en esta campaña se está viendo que el BNG tiene solidez para poder liderar Galicia. Somos un proyecto que tiene un programa transformador y que quiere que nuestro país aproveche esta crisis para reorientar nuestra economía, blindar nuestros servicios públicos y, en definitiva, meter a Galicia en el siglo XXI.

En esas mismas encuestas hay un dato paradójico. Más de la mitad de los gallegos quieren un cambio y, a la vez, más de la mitad entienden que no lo va haber.

Sí, y para mí esa es la clave. Quizás hay gente que el día 12 pueda pensar que un voto no es importante, incluso a algunos los puede convencer la campaña de la derecha de que no hay nada que hacer. Yo a todas esas personas quiero decirles que, si están en las urnas el día 12 de julio, vamos a amargarle la noche al Partido Popular. Y lo más importantes es que vamos a hacer algo importante por Galicia: dejar atrás esta década de recortes, de destrucción y de sumisión a Madrid.

¿A qué cree que se debe esa dislocación entre desear un cambio y pensar que no lo va a haber? ¿Qué responsabilidad tiene la oposición en que exista?

Ese es el marco que se quiere crear en el país. En las campañas siempre hay la campaña oficial y la campaña oculta. Esto intuyo que es una parte de la campaña del Partido Popular, que quiere movilizar a los suyos y desmovilizar a los del resto. La mejor respuesta es que el 12 de julio no nos dejemos llevar por las encuestas sino por el corazón.

El BNG apoyó la investidura del Gobierno de coalición. ¿Sigue formando parte de ese bloque político?

Nosotros tenemos una actitud responsable y también exigente. Teníamos claro que era importante que la derecha no gobernase, pero lo que no podíamos permitir era la alternancia en la discriminación a Galicia. Esperamos que el bloque de investidura cumpla ese compromiso. Y nuestro papel es sobre todo y ante todo defender los intereses de Galicia.

¿Cuáles son sus líneas rojas?

Tenemos un acuerdo de investidura que tiene que materializarse y cumplirse. Es cierto que estamos hablando del mes de enero, y tenemos una pandemia, pero ahora hay temas importantes sobre la mesa en los que el Gobierno tiene que cumplir.

¿Por ejemplo?

Alcoa. No entiendo cómo los que defendieron salvar a la banca con 90.000 millones de euros, o rescataron las radiales madrileñas pagando más de 5.000 millones de euros, dicen que no se puede rescatar el empleo de Alcoa. El Estado debe poner ya esa propuesta sobre la mesa sin más dilación. Y si soy presidenta, el próximo 13 de julio Pedro Sánchez tendrá una propuesta en la mesa sobre cuál es la participación de la Xunta en esa intervención pública.

La Galicia que viene después del coronavirus se va a enfrentar a graves turbulencias económicas. Para el BNG, ¿cuáles serían las medidas más urgentes?

Lo más urgente es impedir que cierre la industria que tenemos. Un país sin industria no tiene futuro. Pero también es cierto que nosotros tenemos que tomar nota de cómo se están reorientando las economías de nuestro entorno. Y es evidente que debemos caminar hacia una economía verde, apostar por la innovación y el conocimiento como base de nuestro desarrollo económico, frenar el abandono del medio rural y de esa política que convirtió nuestros montes en polvorines para que una empresa como ENCE tenga pingües beneficios, o blindar los servicios públicos, la atención a los mayores o la sanidad.

La sanidad o la atención a los mayores fueron los puntos de mayor tensión durante la epidemia de coronavirus.

Feijóo quiere justificar en base a lo que pasó en esta crisis de la COVID-19 que los recortes no existieron en la sanidad. Pero todos y todas sabemos que, afortunadamente, en Galicia la incidencia del virus fue menor por razones obvias. Una es que el virus llegó más tarde y el confinamiento fue más eficaz. Y otra, que somos una población dispersa que dificulta la expansión del virus. Querer aprovecharse de esta coyuntura para intentar engañar a los gallegos y gallegas diciéndoles que los recortes no tuvieron incidencia en la sanidad es grave desde el punto de vista ético, porque significa la mentira como forma de gobierno. Pero también es grave porque tenemos que preparar la sanidad para el futuro. Lo que nos está diciendo la propia OMS es que tenemos que acostumbrarnos a convivir con las pandemias.

La de coronavirus todavía está activa.

Para que Galicia cumpliese los criterios de desescalada, Feijóo tuvo que incluir en su plan hospitales de campaña con camas que no existen, que habría que instalar en polideportivos o en recintos feriales. Y su responsabilidad ahí es mucha, porque él suprimió en esta legislatura más de 600 camas. Y recuerdo perfectamente las declaraciones de su conselleiro, en las que nos decía que las camas eran importantes en los hoteles pero no en los hospitales. Me preocupa cuando escucho al candidato del Partido Popular que el futuro es la telesanidad. Quieren convertir las universidades en una especie de cursos online. Y quieren convertir la sanidad en una sanidad a distancia. Quieren aprovechar la crisis para seguir desmantelando el estado de bienestar.

Los recortes presupuestarios son algo objetivo, no opinable. Hay cifras y maneras de compararlas.

Y hay una opacidad total. Nadie sabe cuántas personas hay contratadas en el Sergas. Y esta opacidad es funcional a su discurso.

En esta campaña, el PP está basando sus promesas en materia sanitaria en la construcción y reforma de hospitales.

Sí, ellos hacen obras en hospitales. Pero el nuevo hospital de Vigo supuso menos camas para el área de Vigo. Después están los profesionales. Medio país está manifestándose porque no hay pediatras, y no los hay porque la Xunta del PP, un partido que lleva casi 40 años gobernando este país, no hizo una buena planificación sanitaria. Es una responsabilidad directa del PP. Y que intenten esconder responsabilidades echándole la culpa a los demás es lamentable.

Pero el PP afirma, en su programa y en sede parlamentaria, defender la sanidad pública.

Porque saben que lo contrario tiene una penalización en las urnas muy importante. De hecho, lo vimos en Verín. Es el símbolo de que la sanidad es uno de los elementos que más valora la población. Al margen de que tocaron un tema tan sensible como querer cerrar un paritorio en una zona en la que el hospital más cercano es el de Ourense, fue también un ataque a los derechos de las mujeres. La sanidad es uno de los sectores en los que el malestar social es mayor, con hechos sin precedentes como que dimitan todos los jefes de atención primaria del área de Vigo, cansados y cansadas de gestionar la miseria. La atención primaria va a ser ahora la punta de lanza en la pandemia. Con menos medios y recursos. Eso no es sostenible. La atención primaria, a día de hoy, sigue teniendo menos recursos de los que había en el año 2009. Y estamos hablando de casi 200 millones de euros.

Mencionaba la necesidad de que Galicia camine hacia una economía verde. ¿Cómo se resuelve la contradicción entre ese propósito e industrias como las electrointensivas o las centrales térmicas?

Entiendo esa cuestión, pero también tenemos que hacer una reflexión. Antes de destruir, tenemos que construir. Y lo que no podemos es dejar caer un sector económico si nosotros no tenemos una alternativa. Porque la historia en Galicia lo que nos dice es que aquí se destruye pero no se construye. Tenemos demasiados ejemplos. Podemos ir a lo que pasó en el sector naval en Ferrol. Por eso decimos que antes de cerrar hay que tener una alternativa y unos plazos en los que transitar. Porque todo el programa de descarbonización no es para hacer de un día para otro. Es un proceso. Y aquí quiere hacerse un programa de descarbonización exprés sin alternativa. Ya sabemos lo que va a significar, que este país cada vez va a menos.

Su campaña electoral está llamando la atención por un tono personal hasta ahora inédito en la comunicación política del BNG. ¿A qué se debe este cambio?

En la política, igual que en la vida, las cosas no son estáticas. Nosotros somos una organización dinámica que se adapta a los tiempos y creo que a muchas personas le da confianza saber quien son los candidatos y candidatas, qué pensamos, qué opinamos, más allá de las ideas que podemos defender, que también son conocidas. Es una forma de generar confianza.

Parece que el BNG deja definitivamente atrás unos años muy difíciles, ¿cuáles fueron las claves para esta remontada?

Tenemos una gran organización, con personas, principios e ideas muy claras. Mucha gente quiere precisamente eso, principios y valores. Quiere la solidez de un proyecto que tuvo errores pero aprendimos de nuestros errores. También supimos modernizarnos y poner en marcha un cambio importante en estos últimos años. Acompasar esas dos cosas, la capacidad de renovación y de ir con los tiempos, y la solidez y los principios. Se necesita solidez para ser alternativa, y por eso mucha gente ve en el BNG un proyecto que puede simbolizar un cambio real en nuestro país. Necesitas a mucha gente detrás empujando para que las cosas cambien. Y necesitas tener una estructura enraizada en el propio país. Y si hay alguien que tiene una gran organización en Galicia ese es el BNG.

Ese aprender de los errores que señala no es lo más usual en política...

A veces hay como una exigencia de creer que siempre hay que tener la razón. Esta es una reflexión un poco muy básica, pero a veces lo básico es lo fundamental: la perfección y la humanidad están reñidas. Todos y todas nos equivocamos y tener humildad nos hace ser más fuertes. Reconocer los errores nos fortalece. Y en eso nunca me han dolido prendas. Porque me parece que la humildad es un gran valor. No siempre acertamos y no siempre tenemos razón, aunque nos gustaría tenerla siempre, pero es imposible.

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Publicado el
1 de julio de 2020 - 22:10 h

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