Santuario para caballitos de mar en Vigo: arrecifes artificiales frente a la pérdida de su hábitat natural
Al principio, a los investigadores les sorprendió la cantidad de avisos de personas que habían visto caballitos de mar en aguas del puerto de Vigo. Estos animales buscan zonas tranquilas y los muelles, con más turbidez, movimiento de barcos y contaminación acústica, no parecían la mejor opción para dar con ellos. Sin embargo, ahora el biólogo Jorge Hernández Urcera, del Instituto de Investigacións Mariñas (IIM) de Vigo, le encuentra una lógica a que haya ejemplares buscando refugio ahí. Señala que siempre hay alguna zona con pocas perturbaciones y con alimento y que los amarres les proporcionan sitios a los que agarrarse. Para facilitarles la tarea, el IIM va a instalar en los próximos meses cuatro estructuras submarinas para crear arrecifes artificiales en Vigo que puedan resultar acogedores para los hipocampos.
Urcera explica, en conversación con elDiario.es, que los caballitos de mar son vulnerables. En Galicia, y en las aguas del resto de la Península y Baleares, se pueden encontrar dos tipos: el Hippocampus guttulatus y el Hippocampus hippocampus. Ambos están incluidos en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre). Como otras especies, están perdiendo su hábitat preferencial en Galicia. En este caso, son las praderas de zostera, una planta acuática que está en retroceso por la contaminación y otros efectos de las actividades humanas, como artes de pesca agresivas que se emplean, por ejemplo, para extraer bivalvos desde embarcaciones. En el Mediterráneo, las praderas de posidonia tienen algo de protección, pero la zostera no, avisa el experto.
Como respuesta a esta pérdida de hábitat, estos peces han buscado otros lugares en los que instalarse y por eso han empezado a aparecer en puertos. Al encontrarse con varios avistamientos en el de Vigo, los investigadores le propusieron a la Autoridad Portuaria un plan para sumergir en sus aguas cuatro estructuras para crear arrecifes artificiales y estudiar durante un año si los caballitos de mar se instalan allí. Se han diseñado dos modelos diferentes, hechos de hierro corrugado, siguiendo la guía de un proyecto similar que ya se ha llevado a cabo en Sidney (Australia). Las estructuras están construyéndose y después pasarán entre mes y medio y dos meses “madurando”, es decir, sumergidas para que se les incrusten algas e invertebrados.
Después se van a colocar en dos puntos distintos: en los Peiraos do Solpor de Bouzas y en la zona del visor submarino de A Laxe. Urcera explica que son similares a jaulas, con paredes que miden un metro por un metro y que llevan instalados otros hierros y cabos para que los caballitos se puedan agarrar, una necesidad de esta especie, que se sujeta a algún elemento con la cola para consumir menos energía. En esa postura, se alimentan de forma constante porque no tienen estómago.
El investigador del IIM señala que el equipo hará una inmersión cada mes para hacer un seguimiento del programa piloto: comprobar si hay caballitos de mar en las estructuras, hacerles fotos, verificar si siguen allí los mismos en visitas posteriores o se han incorporado otros ejemplares, identificar si prefieren un modelo u otro. Si la prueba tiene éxito, el plan más a largo plazo es presentarla para recibir más financiación -este año es la Autoridad Portuaria la que aporta fondos- y poder instalar más arrecifes artificiales en otras zonas de la ría de Vigo e incluso otros puntos de la costa gallega.
Sin mapas de la distribución del caballito de mar
La idea, relata Urcera, nació dentro de un programa del Instituto de Investigacións Mariñas -que forma parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)- centrado en la ecología de los caballitos de mar. Hace dos años se puso en marcha una línea, financiada por el Ministerio para la Transición Ecológica, para estudiar la distribución de la especie en toda la península ibérica porque hasta ahora no hay mapas de dónde está presente. Para dibujar esos mapas se está recurriendo a ciencia ciudadana. Es decir, quienquiera que aviste un ejemplar puede notificárselo a los investigadores subiendo una imagen a través de una web. La ubicación concreta solo la conocen los científicos. No se hace pública para proteger a estos animales, en situación vulnerable y para los que existe un mercado negro.
Quienes están colaborando con el IIM son, sobre todo, submarinistas y pescadores. Así fue como les llegaron entre 20 y 30 avistamientos en varios puntos del puerto de Vigo. Después de la extrañeza inicial, se dieron cuenta de que había zonas que se adaptaban a las necesidades de los caballitos de mar: áreas poco batidas -“son muy malos nadadores”, dice Urcera-, con mucho zooplancton. “Lo único que les faltaba, a veces, era un sustrato de fijación, que necesitan para agarrarse con la cola”, indica. En las observaciones que les llegaron vieron que muchos estaban sobre la arena o nadando entre aguas, así que pensaron en crear arrecifes artificiales.
Al margen de esta prueba concreta en el puerto de Vigo, el investigador explica que el IIM está haciendo los primeros mapas de distribución para entregárselos al Ministerio para la Transición Ecológica, con el fin de catalogar la situación y proponer medidas de conservación para la especie. El programa de observación, recalca Urcera, debería seguir para poder obtener series históricas y detectar si las poblaciones disminuyen.
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