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En este espacio se asoman historias y testimonios sobre cómo se vive la crisis del coronavirus, tanto en casa como en el trabajo. Si tienes algo que compartir, escríbenos a historiasdelcoronavirus@eldiario.es.

Trabajar con miedo a la entrada del virus en una residencia de personas con discapacidad intelectual

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Vega Muriel

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Durante estas semanas hemos acudido a un cambio de paradigma sin precedentes. A un miedo atroz a salir a nuestro medio. Al temor del contacto y a las miradas furtivas en el metro. Soy psicóloga en una residencia de personas con discapacidad intelectual (aunque está mejor dicho con necesidad de soporte extenso y generalizado). La discapacidad intelectual suele estar abandonada en los medios y/o políticas en el mejor de los casos, imagínense en un estado de alarma.

Se han sucedido noticias sobre residencias de personas mayores, por supuesto una población con un alto riesgo. Hemos visto camiones de la UME, directores llorando en televisión por la demonización pública que se estaba haciendo ante la gestión de la situación. Conozco muchas residencias, tengo colegas que se dejan la piel en ellas diariamente, ¿de verdad nadie veía los ratios (número de trabajadores por usuario) dados por ley? Por favor hagamos crítica, todo el mundo quiere llegar a viejo pero nadie quiere serlo y todos hemos visitado a nuestros mayores en ellas continuando nuestras vidas como si tal cosa. No echemos el peso a las personas que trabajan en ellas, sino a la administración y al sistema que reduce y recrudece las condiciones.

En discapacidad intelectual los ratios en los centros varían según el soporte de apoyo que se valora en un momento vital de la persona. En residencias de discapacidad es cierto que son mejores pero vivimos las mismas situaciones que en las de mayores: en el momento en el que entre el virus las personas que atendemos somos vulnerables y las arquitecturas limitan los aislamientos (qué paradoja). Hacemos protocolos, diferentes equipos de trabajo (porque sabemos que habrá bajas) y volvemos a casa con las manos y los dedos cruzados en los bolsillos. Esta semana hemos hecho videollamadas con unos padres que llevan tres semanas sin abrazar a sus hijos y lloran cuando los ven y llaman diariamente y se acogen a los dioses para que el virus no entre. 

Venimos de una economía movida por aspectos abstractos, importantes para mantener los salarios de millones de familias, pero debemos priorizar otros modelos. Paguemos unos impuestos bien invertidos y tengamos un sistema público de atención fuerte. Hagamos memoria cuando esto pase.

Historias del coronavirus es un espacio de eldiario.es dedicado al lado más personal y humano de esta crisis sanitaria. ¿Cómo lo estás viviendo en casa? ¿Y en el trabajo? Mándanos tu experiencia o tu denuncia a historiasdelcoronavirus@eldiario.es

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5 de abril de 2020 - 21:02 h

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