“La locura es que se haya autorizado”: una antigua masía, convertida en viviendas por 2,4 millones con aljibes como spa
A primera hora de la mañana, en Son Xigala, el silencio todavía aguarda entre los gruesos muros y los patios de piedra de esta barriada de Palma. En una de sus calles asoma uno de los nuevos símbolos del lujo inmobiliario en la ciudad: pisos de hasta 2,4 millones de euros levantados en el interior de una antigua possessió histórica, hoy reconvertida en promoción exclusiva con piscina, zona wellness con spa integrada en la cisterna histórica del edificio y acceso privilegiado a una torre medieval. Donde durante siglos la finca marcó el paisaje y la actividad agrícola del entorno, el mercado ha encontrado otra forma de colonizar el patrimonio: reconfigurarlo como un activo inmobiliario de alto valor accesible únicamente a los bolsillos más pudientes. “Esta finca histórica, cuyos orígenes se remontan al siglo XIII, encarna la esencia de los grandes latifundios que durante siglos marcaron la vida de la nobleza y la economía agraria mallorquinas”, subraya el dossier comercial del proyecto, consultado por este periódico.
Pese a que durante estos años los colectivos conservacionistas han alertado del riesgo de banalizar el valor patrimonial de la possessió, la operación ha avanzado sin freno envuelta en un relato de exclusividad y confort: la promoción se presenta como un conjunto de 14 viviendas high-end -gama alta- con superficies de entre 78 y 250 metros cuadrados, piscina comunitaria, jardines mediterráneos, 16 plazas de aparcamiento y un espacio de bienestar en el aljibe del edificio. El texto promocional insiste en la idea de que el proyecto “revaloriza” el legado de la finca y promete una convivencia armoniosa entre autenticidad y confort contemporáneo. “Un hogar con alma, donde vivir el lujo en armonía con la historia y el paisaje mallorquín”, como señala el anuncio que promociona una de las viviendas más caras de la promoción: un dúplex con jardín y piscina privada en una finca que “ofrece la combinación perfecta entre el sosiego de un entorno natural, la proximidad a Palma y el acceso a una de las zonas más exclusivas de Mallorca, reconocida por su sofisticación, privacidad y estilo de vida único”. El precio: 2,23 millones de euros.
Tras el proyecto se encuentra la promotora Vibelba, una pieza del ecosistema empresarial ligado al turismo de alto nivel y al desarrollo inmobiliario de lujo en Mallorca. Fundada en 1963, la empresa pertenece al grupo Arabella Hospitality, un conglomerado que explota varios campos de golf en Mallorca, entre ellos el Golf Son Vida y el de talla internacional Golf Son Muntaner, así como 16 “selectos” hoteles -como indica su página web- en varias ciudades europeas, “desde exclusivos hoteles boutique hasta hoteles de diseño o de larga estancia, resorts alpinos o mediterráneos y hoteles muy especiales de ultralujo”. En la isla explota el Castillo Hotel Son Vida, The St. Regis Mardavall y el Sheraton Mallorca Arabella Golf Hotel, próximos a la promoción recientemente salida a la venta en Son Xigala. elDiario.es se ha puesto en contacto con la empresa -vía telefónica y de forma directa por correo con su CEO Francisco Vila- para conocer su nuevo proyecto en profundidad y los criterios que han guiado la rehabilitación del conjunto histórico, pero no ha obtenido respuesta.
Tras el proyecto se encuentra la promotora Vibelba, una pieza del entramado empresarial ligado al turismo de alto nivel y al desarrollo inmobiliario de lujo en Mallorca: la empresa pertenece al grupo Arabella Hospitality, un conglomerado que explota varios campos de golf en Mallorca así como 16 "selectos" hoteles -como indica su página web- en varias ciudades europeas
Conexiones con el capital inmobiliario alemán
Arabella Hospitality opera además con Bayerische Hausbau, integrante del Schörghuber Gruppe, un poderoso grupo familiar bávaro fundado en los años cincuenta con intereses en sectores como el inmobiliario, la hostelería, la alimentación y la gestión de activos y cuya trayectoria ha estado marcada por el llamado 'Bauland-Affäre' (escándalo del suelo urbanizable), uno de los grandes conflictos de la Alemania occidental de los años ochenta y citado de forma recurrente cuando se analiza el impacto del gran capital inmobiliario en las ciudades, la presión sobre el suelo y la opacidad de las grandes operaciones urbanísticas: la empresa fue acusada de adquirir terrenos en Zamdorf (Múnich) a precios muy por debajo del valor de mercado y sin mediar concurso público, lo que generó una amplia polémica, alimentó el debate sobre la falta de transparencia en las adjudicaciones de suelo urbano y dio pie a una amplia investigación recogida bajo el título Moloch München, de Karl Stankiewitz, quien analiza cómo Múnich se convirtió en una de las ciudades más caras de Europa a través de las redes de influencia tejidas entre grandes promotores, bancos, propietarios de suelo y responsables políticos.
Arabella Hospitality opera además con Bayerische Hausbau, integrante del Schörghuber Gruppe, un poderoso grupo familiar bávaro marcado por uno de los grandes conflictos de la Alemania occidental de los ochenta: la empresa fue acusada de adquirir terrenos a precios muy por debajo del valor de mercado y sin mediar concurso público, lo que alimentó el debate sobre la falta de transparencia en las adjudicaciones de suelo urbano
Ahora, la venta de pisos de lujo en una possessió con raíces en el siglo XIII -y con una torre defensiva documentada del XIV- ha vuelto a poner sobre la mesa, a ojos de los colectivos conservacionistas, el debate sobre qué se protege realmente cuando se rehabilita patrimonio: si la arquitectura y sus elementos simbólicos o también el sentido colectivo de esos espacios, su memoria y su acceso. Son Xigala, que en otros tiempos fue explotación agrícola vinculada a la orden dominica y más tarde objeto de pleitos y cambios de propiedad, se convierte ahora en un producto residencial ofrecido como experiencia en la que -como reza el dossier de Arabella- “cada amanecer está lleno de historia y cada atardecer viene acompañado del suave aroma de la naturaleza cercana”. Eso sí, para los bolsillos más adinerados.
La Asociación para la Revitalización de los Cascos Antiguos (ARCA), dedicada a la defensa del patrimonio histórico de Mallorca, se posicionó en contra del proyecto cuando éste comenzó a tramitarse al aseverar que la edificación contaba con el nivel de protección A2, que, de acuerdo al Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), engloba las edificaciones, los elementos o los espacios de valor histórico o arquitectónico que por su calidad, antigüedad, escasez o rareza deban ser conservados en sus características fundamentales, tanto exteriores como interiores. A juicio de la entidad conservacionista, se trata de un elevado grado de protección que obligaba a extremar las cautelas. Para el colectivo, el caso de Son Xigala ilustra una tendencia cada vez más extendida en Mallorca: la de las grandes 'possessions' históricas que, bajo un relato comercial no solo basado en la exclusividad y el patrimonio, sino también en la puesta en valor de estas edificaciones, acaban convertidas en productos inmobiliarios de alto standing, donde la historia se preserva solo en la medida en que puede ser vendida. Un modelo que, alertan, corre el riesgo de sentar un peligroso precedente difícil de revertir.
“La locura es que se haya autorizado”
En declaraciones a elDiario.es, el vicepresidente de la entidad, Josep Masot, recrimina que la compartimentación llevada a cabo para adaptar la possessió a viviendas de lujo, especialmente en torno al claustro y el patio interior, no se adapta a la tipología preexistente. “No nos parecía una opción adecuada para el edificio”, subraya el activista y abogado, quien lleva más de tres décadas defendiendo el patrimonio histórico y los bienes públicos de Mallorca desde los tribunales, las instituciones y el activismo cívico, participando en órganos técnicos de protección y en la redacción de leyes clave en materia de patrimonio y caminos públicos.
Masot alerta de que este tipo de divisiones, aunque se acompañen de prescripciones, acaban derivando con el tiempo en barreras físicas y apropiaciones que desnaturalizan el conjunto histórico, si bien reconoce que el debate no es nuevo ni sencillo: “Es un tema siempre polémico, porque edificios de estas dimensiones necesitan un uso”, admite, advirtiendo, con todo, de que no todos los usos ni todas las soluciones arquitectónicas son compatibles con la conservación del bien.
Su crítica se extiende, asimismo, al tratamiento de los elementos más singulares de la antigua possessió. Entre ellos, el aljibe, hoy transformado en zona de spa de acuerdo a la documentación comercial del proyecto consultada por este periódico. “La locura es que se haya autorizado”, subraya Masot, quien deriva responsabilidades tanto en la parte política como en la técnica. En su opinión, son precisamente los técnicos de las administraciones quienes deberían ejercer un mayor control sobre este tipo de intervenciones, especialmente cuando afectan a piezas clave del patrimonio construido. Este periódico se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento de Palma para conocer el contexto en el que se autorizó la reconversión del conjunto a pesar de su grado de protección patrimonial, pero hasta el momento de la publicación de este reportaje no ha obtenido respuesta.
ARCA rechaza, no obstante, una lectura simplista que oponga conservación y uso residencial. Masot insiste en que la vivienda privada no es incompatible por definición con la protección patrimonial, siempre que respete la lógica y la estructura original del edificio. “Si las viviendas se adaptasen a la tipología preexistente, no habría nada incorrecto”, señala. El problema, añade, surge cuando la finca es tratada como un simple “contenedor” cuyas partes son redistribuidas en función de criterios comerciales, pensados para maximizar el atractivo del producto de lujo, aunque ello suponga alterar la configuración histórica del inmueble.
"Si las viviendas se adaptasen a la tipología preexistente, no habría nada incorrecto”, señala el activista Josep Masot. El problema surge cuando la finca es tratada como un simple "contenedor" cuyas partes son redistribuidas en función de criterios comerciales pensados para maximizar el atractivo del producto de lujo, aunque ello suponga alterar la configuración histórica del inmueble
Con todo, admite que tampoco ve en la compra pública una solución automática. No en vano, el activista recuerda que las administraciones no siempre garantizan una mejor conservación y que, en muchos casos, las rehabilitaciones públicas se limitan a mantener las fachadas mientras el interior se vacía. “No es una garantía”, advierte, aunque ello no exime -precisa- a las instituciones de exigir el máximo rigor cuando se autoriza una transformación privada de este calibre.
Leyes que allanan el camino de la mercantilización
La orientación del territorio hacia productos de alto valor (resorts, golf y vivienda de lujo) forma parte de un debate que expertos y colectivos locales vinculan con la mercantilización del patrimonio y la pérdida de accesibilidad para la población residente, un proceso que, denuncian, se ha visto acelerado por el marco normativo impulsado por PP y Vox en la actual legislatura mediante la aprobación de leyes y modificaciones urbanísticas que flexibilizan la protección del suelo, facilitan grandes operaciones inmobiliarias y priorizan los intereses del mercado frente al uso social del territorio, allanando con ello el camino legal para la expansión del lujo inmobiliario en detrimento del acceso a la vivienda y de la protección del patrimonio.
La orientación del territorio hacia productos de alto valor (resorts, golf y vivienda de lujo) forma parte de un debate que expertos y colectivos locales vinculan con la mercantilización del patrimonio y la pérdida de accesibilidad para la población residente, un proceso que, denuncian, se ha visto acelerado por el marco normativo impulsado por PP y Vox en la actual legislatura
En este contexto, el caso de Son Xigala no es una excepción en el mapa inmobiliario de la isla. En los últimos años, otras grandes fincas históricas y edificios singulares han seguido una trayectoria similar: rehabilitaciones de alto impacto orientadas al mercado de lujo que han transformado antiguos espacios agrícolas, conventuales o residenciales en productos exclusivos. Desde la compra de antiguas possessions envuelta en una narrativa de recuperación de la agricultura, el paisaje y el patrimonio arquitectónico de algunos de los lugares más emblemáticos de la Serra de Tramuntana hasta conventos, fortalezas militares y casales urbanos transformados en hoteles boutique o residencias de alto standing en Palma, el patrimonio se ha convertido en uno de los principales reclamos del negocio inmobiliario premium. Un proceso que, si bien suele presentarse como una forma de “salvar” edificios históricos del abandono, despierta un creciente rechazo social por su efecto excluyente y por la pérdida de uso colectivo de espacios que forman parte de la memoria común.
En Palma, barriadas como Santa Catalina o El Terreno, así zonas históricamente obreras como Pere Garau, sufren desde hace años las consecuencias de la turistificación, la especulación inmobiliaria y el consiguiente desplazamiento de los vecinos, que, incapaces de hacer frente a los desorbitados precios de la vivienda, han acabado siendo expulsados y reemplazados por extranjeros de elevado poder adquisitivo, mientras grandes grupos inversores se expanden a la búsqueda del máximo rendimiento. Colectivos vecinales y conservacionistas alertan de que estas operaciones no solo alteran la fisonomía arquitectónica de los entornos, sino que contribuyen a la gentrificación, al encarecimiento del suelo y a la consolidación de un modelo urbano cada vez más dependiente del capital exterior y del turismo de alto poder adquisitivo. Son Xigala es tan solo un eslabón más de una cadena que redefine la relación entre territorio, historia y acceso a la vivienda en la isla.
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