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El Mundial de Qatar, en el punto de mira hasta el último pitido: “¿Quién es más corrupto: Qatar o los que recibieron el dinero?”

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, en la ceremonia inaugural del Mundial. A su derecha, el emir de Qatar, Tamim Al Thani, y a su izquierda el príncipe heredero saudí, Bin Salmán.

Francesca Cicardi

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El Mundial de Qatar está siendo probablemente uno de los más polémicos de la historia y, a pocos días de la final, un nuevo escándalo de corrupción ha salpicado al país anfitrión, que ya había sido acusado de “comprar” los votos para adjudicarse en 2010 la celebración del campeonato. Desde entonces, el Mundial de Qatar ha estado rodeado de sospechas, y ahora vuelve a estar en el punto de mira por la investigación que ya se conoce como Qatargate: el país ofreció dinero y regalos a europarlamentarios y otras personas ligadas a la Eurocámara para conseguir decisiones favorables a sus intereses, según filtraciones de la investigación en curso.

Las autoridades qataríes han negado su vinculación: “El Estado de Qatar rechaza categóricamente cualquier intento de asociarlo con las acusaciones de mala conducta. Cualquier asociación con las alegaciones publicadas es infundada y está gravemente desinformada”, asegura una fuente del Gobierno qatarí a elDiario.es. La fuente no quiso hacer más comentarios sobre el escándalo que ha estallado en el momento álgido del Mundial, aunque insiste en que no se ha acusado a Doha directamente.

“Nadie habla de corrupción”

En Qatar, los aficionados están concentrados en el fútbol con la vista puesta en la gran final del domingo. Una reportera televisiva árabe que está cubriendo el Mundial afirma a elDiario.es que “nadie habla de la corrupción, todos están como locos con Marruecos”, que ha hecho historia al ser la primera selección árabe y africana en lograr llegar a semifinales, y el sábado se disputará frente a Croacia el tercer puesto tras perder ante Francia el miércoles.

“Muchos forofos árabes habían llegado esta semana para apoyar a Marruecos” y se van tristes, pero “orgullosos”, cuenta desde Qatar, donde el público de Oriente Medio y el Norte de África ha acudido numeroso por la cercanía geográfica y cultural y ha mostrado una unidad poco común entre los pueblos árabes. “Dicen que Occidente los mira de arriba abajo, como si no fueran capaces de organizar un Mundial de fútbol”, añade la veterana periodista deportiva. Por ello, la hazaña de los llamados “leones del Atlas” marroquíes se ha convertido en una revancha futbolística, con tintes étnicos y postcoloniales para los fans árabes en Doha y en toda la región.

Según Moustafa Khalil, consultor político egipcio afincado en Manchester, el nuevo escándalo de corrupción no afectará a la final del Mundial porque el público está más que nunca centrado en la competición. Como experto y gran apasionado del fútbol, analiza la cobertura mediática y lo que se dice en redes sociales sobre Qatar y la competición y considera que este Mundial será recordado por sus resultados sorprendentes y por la calidad del juego: “El hecho de que se haya celebrado en invierno hace que los jugadores estén todavía en buena forma física, no han llegado agotados como en verano”, explica, y “los aficionados europeos están más preocupados por la eliminación de sus equipos que por la corrupción” en la Eurocámara.

Además, considera que el escándalo mancha más la reputación de la institución comunitaria que la del Mundial: “Si Qatar pagó sobornos para promover sus intereses, ¿quién es más corrupto: Qatar o los que recibieron el dinero y traicionan los intereses de sus propios países?”, se pregunta. “El Mundial ya está terminando y esto no va a cambiar las cosas, solo sería publicidad negativa para Qatar, que ya ha logrado lo que quería”, esto es, convertirse en el primer país árabe en acoger la máxima competición del fútbol.

Un legado empañado por las polémicas

El ente organizador qatarí, bautizado como Comité Supremo para la Entrega y el Legado, buscaba que la herencia del gran evento fuera positiva, no solo para los habitantes del emirato –que podrán disfrutar de las nuevas infraestructuras–, sino para la imagen y el estatus del pequeño país del Golfo Pérsico a nivel internacional. Se calcula que Qatar ha invertido más de 200.000 millones de dólares en las obras del Mundial, el más caro de la historia de la FIFA, muy por encima de las anteriores ediciones, y esa inversión debería dar sus frutos en el futuro si los escándalos no empañan la imagen de Qatar 2022.

El dinero ha permitido al comité organizador acallar algunas de las polémicas, como la surgida por la prohibición de la venta de alcohol en los estadios. Según Khalil, Qatar compensó a la conocida marca de cerveza que tiene un acuerdo de millones de dólares con la FIFA como espónsor de las Copas del Mundo. “Probablemente nunca hayas escuchado esta historia”, comenta el analista, pero el mismo problema se presentó en Brasil 2014 y no acaparó titulares al no ser ese un país musulmán: Brasil tenía una ley que prohibía la venta de alcohol en los estadios por motivos de orden público, pero la FIFA obligó al anfitrión a hacer una excepción durante el Mundial debido al acuerdo con su espónsor. En el caso de Qatar, la empresa cervecera encontró una ingeniosa solución tras la polémica decisión.

Un periodista deportivo árabe que cubrió la anterior Copa del Mundo y que tampoco quiere publicar su nombre dice a elDiario.es que las críticas contra Qatar han superado con creces las dirigidas contra Rusia en 2018: “Occidente no fue tan duro con Moscú, por ejemplo, con [los derechos del] colectivo LGTBI”, que tampoco se respetan en ese país. Un conocido presentador de la BBC ha admitido que hace cuatro años la cadena pública británica no fue lo suficientemente crítica y cometió sportswashing (el lavado de la imagen a través del deporte), mientras que decidió no emitir la ceremonia de inauguración del Mundial de Qatar de este año.

El último incidente que ha ensombrecido este Mundial es la muerte de un trabajador migrante tras caer del estadio Lusail. Un conocido periodista estadounidense, Grant Wahl, falleció tras desmayarse en el estadio Lusail mientras cubría un partido de cuartos de final. Aunque el propio periodista había dicho que no se encontraba bien, su hermano denunció en un primer momento que había sido asesinado, tras recibir amenazas y haber protagonizado un incidente con la seguridad qatarí cuando intentó acceder a un estadio con una camiseta con los colores arcoíris al principio del torneo. Eric Wahl se ha retractado y ha afirmado que la causa de la muerte es probablemente una embolia pulmonar.

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