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Preocupación por que los vaivenes con AstraZeneca socaven las campañas en países que dependen más de esta vacuna

Ciudadanos de Nairobi esperan su turno para ser vacunados con el preparado de Astrazeneca en hospital de la ciudad.

Las dudas por la posible vinculación del preparado de AstraZeneca con algunos casos infrecuentes de trombos entre los millones de vacunados se han traducido en una estrategia cambiante en diferentes países de Europa en su aplicación por tramos de edad. La Agencia Europea del Medicamento (EMA) ha concluido que estos deben incluirse como efectos secundarios muy raros en el prospecto, pero al igual que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la agencia reguladora británica, ha abogado por seguir usándola e insiste en su mensaje de que los beneficios superan con creces el riesgo.

Los cambios en las recomendaciones de los gobiernos han suscitado temores de que se erosione la confianza en las vacunas, crucial para el éxito de las campañas, y muchas voces piden que estas decisiones se combinen con esfuerzos para contrarrestar las dudas. El posible daño en la percepción pública preocupa en Reino Unido y preocupa en la Unión Europea. Según un sondeo reciente de YouGov, los europeos ya dudaban más sobre el preparado de AstraZeneca que sobre los de Pfizer/BioNTech y Moderna, y las suspensiones de su uso por las preocupaciones sobre los trombos socavaron aún más la imagen de esta vacuna.

El impacto en la aceptación preocupa también en otras partes del mundo, donde, a diferencia de las naciones europeas, no siempre hay otras opciones que ofrecer y se depende casi por completo de las dosis de AstraZeneca. Voces expertas consultadas por elDiario.es creen que si los índices de indecisión sobre las vacunas aumentan, puede convertirse en un problema para la salud pública en todo el mundo, pero si la indecisión se centra en el suero de AstraZeneca, podría suponer una nueva piedra en el camino a la equidad en la inmunización contra el coronavirus.

A lo largo de estos meses, la vacuna fabricada por AstraZeneca se ha considerado clave en el acceso equitativo porque es más fácil de almacenar (solo requiere refrigeración) que las de Pfizer y Moderna. La empresa se ha asociado con otros para exportarla a los países con menos recursos a bajo costo, aunque en estos momentos afronta retrasos en las entregas.

También es la estrella del mecanismo de reparto equitativo COVAX en la actualidad: la práctica totalidad de las dosis que está distribuyendo el programa en este semestre a las naciones más pobres son de AstraZeneca, aunque los volúmenes son bajos si se compara con el ritmo de vacunación de los países ricos, que acapararon la mayoría de las dosis compradas. En este entorno de escasez y desequilibrio, varios países de ingresos medios y bajos han apostado también por otras vacunas (como las de China y Rusia), pero la de AstraZeneca es la principal para la mayoría de ellos en estos momentos.

Sin embargo, el camino de la compañía anglo-sueca para mantener la confianza en su producto no ha sido sencillo y las aguas se agitaron sobre todo el pasado mes, cuando decenas de países, principalmente europeos, suspendieron temporalmente su uso mientras se investigaban algunos casos de trombos infrecuentes en personas vacunadas. Las inmunizaciones se reanudaron en la mayoría de ellos después de que la EMA avalara la seguridad de la vacuna. Pero varios gobiernos europeos han extremado la cautela en los últimos días y han restringido su uso en las personas jóvenes, a pesar de que, tras un exhaustivo análisis de seguridad, el regulador europeo aconsejara seguir empleándola sin limitaciones de edad específicas.

Desde Bogotá (Colombia), Johnattan García Ruiz, profesor de Derecho y Salud global de la Universidad de los Andes explica a elDiario.es que es muy probable que la información reciente sobre las vacunas de AstraZeneca tenga un efecto negativo en la percepción de seguridad de las vacunas en América Latina. Desde Johannesburgo (Sudáfrica), Susan Goldstein, subdirectora del Centro de Economía de la Salud y Ciencia de la Decisión del Consejo Sudafricano de Investigación Médica, indica también que es posible que la confianza en las vacunas se vea mermada "por la forma en que se comunica".

Lo mismo piensa Jeffrey Lazarus, jefe del grupo de investigación en sistemas de salud en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), que considera que en Europa la comunicación ha sido un "desastre" que puede generar incertidumbre y desconfianza dentro y fuera de nuestras fronteras. "Cada medicamento tiene sus efectos secundarios y no es una sorpresa, pero lo hemos manejado bastante mal en Europa. La confianza en la vacuna está muy vinculada a la confianza en las autoridades. Y hay cosas muy básicas de la comunicación que no estamos haciendo bien: cambiando decisiones sin evidencia, no explicando bien, haciendo política… no es el momento de hacer política. Tenemos que salir de esta crisis".

"Esto puede generar un efecto negativo para la vacuna de AstraZeneca en otras partes del mundo. La situación europea está creando una cierta desconfianza en la vacuna que puede tener repercusiones muy serias, y tenemos que ir mitigándolo ahora. Cuando se dice que se va a restringir su uso, se tiene que decir que es a pesar de que es una vacuna segura y porque tenemos otras opciones, para que dentro y fuera del país se entienda la decisión", dice.

"Y las autoridades de los países en desarrollo tienen que explicar bien que van a usar una vacuna que los propios europeos dicen que funciona bien", añade el investigador de ISGlobal. "Que hayamos estado tan vigilantes demuestra que el sistema está funcionando, que se está vigilando a niveles como nunca antes y esto debe generar todavía más confianza. Está claro que estas vacunas, incluida la de AstraZeneca, son seguras y funcionan". 

África, preocupada por la desinformación

Es la misma idea que reiteró este jueves John Nkengasong, director de los Centros de África para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). El virólogo camerunés se hizo eco de la decisión de la EMA, incidió en que la vacuna sigue siendo segura y en que los CDC de África siguen recomendando su uso en el continente, recordando que si se identificaron estos casos raros es, precisamente, por los "sólidos sistemas de vigilancia".

En África, que es la región del mundo que menos casos de COVID-19 ha registrado, preocupan las redes sociales, donde circulan rumores e inquietudes sobre la seguridad y los efectos secundarios de las vacunas –en particular sobre la AstraZeneca, impulsadas por las preocupaciones en Europa–, que contribuyen a la reticencia.

Al concluir su comparecencia, Nkengasong pidió a los países, medios de comunicación y comunidades del continente que "unan fuerzas" para luchar contra la "desinformación y la propagación inexacta de información falsa" sobre las vacunas. "Hay mucho de esto en las redes sociales. Y creo que nuestra mayor preocupación y temor es que se convierta en el factor predominante en esta ecuación, lo que no beneficiaría a nadie". Hay proyectos en marcha que tratan de luchar contra este fenómeno, como el portal de verificación de datos Africa Check.

En diciembre, los resultados de una encuesta elaborada en 15 países africanos por los CDC de África y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (LSHTM) fueron prometedores, ya que mostraron que cuatro de cada cinco encuestados en África se pondrían una vacuna COVID-19 si la consideran segura y efectiva, un nivel más alto que, por ejemplo, el que arrojaron estudios en EEUU. La disposición, no obstante, varió entre países: del 94% en Etiopía al 59% en República Democrática del Congo. 

En general, la seguridad fue la principal preocupación y los investigadores dijeron que la información errónea es responsable de mucha desconfianza y recelo en torno a las vacunas contra la COVID-19 en el continente. La encuesta, por ejemplo, reveló que muchos de los encuestados creían que se estaba utilizando a los habitantes de África como conejillos de indias en ensayos de vacunas, según explica un artículo de The Lancet. La pasada primavera, un médico francés sugirió que los fármacos para combatir el coronavirus deberían probarse primero en la población africana, lo que causó una ola de indignación en las redes sociales.

Nkengasong ha explicado que la lucha contra la reticencia no es algo nuevo para los países africanos. "Lo vimos en la pandemia del VIH. Lo vimos en la situación del ébola. Cuando se introdujeron por primera vez las vacunas contra el ébola, no estaba claro que las comunidades fueran a recibirlas", dijo al medio especializado Devex el jefe de los CDC de África, quien cree que a las dudas iniciales le seguirá una mayor confianza a medida que se inmunice a más personas.

Pero en África, la mayoría de los países no habían recibido suministros hasta hace apenas un mes y en pequeñas cantidades, y afrontarán retrasos en las próximas semanas por las restricciones a la exportación en India. La OMS calcula que menos del 2% de las cerca de 690 millones de dosis administradas hasta la fecha en todo el mundo se han puesto en el continente. Sin embargo, el ritmo del lanzamiento de las vacunas no es uniforme: más del 90% de las dosis se han administrado en solo 10 países.

La directora regional de la OMS en África, Matshidiso Moeti, informó este jueves de que países como Ghana, Ruanda y Angola han administrado una parte importante de sus vacunas en un corto espacio de tiempo, ayudados por, entre otras cosas, la formación previa del personal, la elaboración de listas previas de grupos prioritarios y la comunicación temprana con la población. "Los esfuerzos de sensibilización, por ejemplo, han sido clave para gestionar las dudas sobre las vacunas entre las personas mayores, así como las ganas de vacunarse entre los jóvenes, en un contexto de suministros limitados".

Al mismo tiempo, naciones como Benín, Comoras, Liberia, Sierra Leona y Sudán del Sur se han enfrentado a retrasos por una variedad de problemas, entre las que mencionó "limitaciones en cuanto a financiación, planificación y escasez de recursos humanos". Un reportaje reciente del Washington Post refleja la situación de Costa de Marfil, el segundo país que recibió vacunas de COVAX, que se está quedando atrás mientras intenta combatir la reticencia. "Existe un grave riesgo de que si no usamos estas dosis con una vida útil corta, será un desperdicio y un desperdicio trágico", dice Richard Mihigo, coordinador de inmunización para la rama africana de de la OMS, citado por el medio estadounidense.

Mohamed Malick Fall, director regional de UNICEF para África Oriental y Meridional, afirma que, según los datos con los que cuentan, "la inmensa mayoría de la población acepta las vacunas" y hay un "alto nivel de aceptación" entre los trabajadores sanitarios. "Nos encontramos con desinformación, rumores... pero esto no es algo nuevo, lo hemos visto en otros programas de vacunación, basándonos en nuestra larga experiencia y afrontando la reticencia, tenemos la esperanza de que saldremos adelante".

Goldstein sostiene por su parte que en estos momentos la falta de acceso y la desigualdad son preocupaciones "mucho mayores".

Pocos países se han negado a utilizar AstraZeneca hasta ahora: Chad, Sudáfrica y Zimbabue. Otros que inicialmente dijeron que no la iban a usar, la utilizarán ahora. Namibia y Camerún han confirmado que la usarán una vez que COVAX entregue los suministros. 

América Latina, sin "el privilegio de la elección"

En América Latina, esta semana, autoridades de países como México y Colombia han repetido los mensajes de los reguladores europeos para tranquilizar a la población y han dicho que continuarán sus campañas de vacunación. Costa Rica ha aprobado el uso del preparado de AstraZeneca sin límite de edad desde los 18 años.

García Ruiz, también investigador del centro Dejusticia y de la Escuela Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard, teme que las últimas informaciones sobre AstraZeneca afecten a la confianza porque los gobiernos la región, que en estos momentos experimenta un aumento de los contagios, "necesitan el apoyo ciudadano para poder afrontar la pandemia y para avanzar" en el plan de inmunización de la mejor manera posible.

"Aunque nosotros tenemos buenos niveles de confianza en vacunas, los episodios sobre seguridad que no son adecuadamente respondidos terminan cultivando la negativa a la inmunización", indica el experto. "Los países de la región no son particularmente famosos por desconfiar de las vacunas, pero la desinformación en redes sociales no puede pasarse por alto. Los gobiernos deberán innovar y actuar rápidamente para que su estrategia de comunicación logre explicar de la mejor manera los resultados sobre la seguridad de AstraZeneca de forma que ello no genere un pánico que afecte la vacunación".

Hay campañas de desinformación que ya están generando dudas en los ciudadanos en la región, pero según explica, a día de hoy, la mayor preocupación en América Latina es la compra de vacunas, más que la aceptación: la presión ciudadana hacia los gobiernos está centrada en que las dosis lleguen pronto a los países (afectados también por los retrasos de suministro), "pero no significa que la aceptación sea un fenómeno que deba ignorarse".

A su juicio, lo que demuestra esta situación es la "terrible inequidad" en el acceso a vacunas en el mundo. "Los países del norte global tienen la posibilidad de ofrecer a sus ciudadanos otras alternativas cuando existen situaciones como estas en donde la confianza de un producto se ve afectada. Pero ellos tienen el privilegio de poder hacerlo porque tienen un portafolio diverso de vacunas y pueden acceder a otras en poco tiempo".

En el resto del mundo, no existe "el privilegio de la elección", remarca. En Latinoamérica y el Caribe, explica que solo la mitad de los países tiene acuerdos bilaterales con laboratorios farmacéuticos, "por lo que los demás países dependen de COVAX o de donaciones de otros países como China e India, que ha hecho varias donaciones de vacunas de AstraZeneca a países del Caribe".

"Los países y los ciudadanos no pueden elegir y ante esto, el riesgo de la desconfianza afecta a toda su campaña de vacunación", apuntala.

Asegura que le preocupa la capacidad de los gobiernos latinoamericanos para responder a este desafío. "Tienen desplegar una estrategia de comunicación que no solo se limite a decir que las vacunas son seguras en general. Es importante que utilicen la información disponible para explicarla fácilmente a la ciudadanía de modo que esta comprenda que los riesgos son tan bajos como cualquier otro procedimiento o acción de nuestra vida cotidiana y que siempre estaremos más protegidos con la vacuna que sin ella. Esto requerirá innovación e inversión, trabajo con los grandes medios de comunicación y el uso de múltiples canales".

Lazarus, de ISGlobal, ve una oportunidad en esta situación, y explica que si los países europeos restringen el uso de la vacuna, podrían donar lo que no usen para su redistribución global. "En Europa, la semana pasada nos quejábamos del suministro de AstraZeneca por no mandar dosis y ahora las limitamos para muy poca gente. Pues démoslas a COVAX, a los países de África y América Latina".

"Y no es una cuestión de que las mejores vacunas se queden en Europa. Esta es una vacuna que los europeos dicen que es segura. Otra cosa es que los gobiernos y ahora partes de la población no la vayan a aceptar, cosa que es un fallo. Estamos diciendo no a una vacuna que hemos declarado que es segura, tiene una alta eficacia y puede salvar vidas", concluye.

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