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The Guardian en español

“Mi madre cree que estoy traicionando a Rusia”: el ataque contra Ucrania genera tensión entre distintas generaciones de rusos

Una tienda de souvenirs en Moscú con imágenes de Putin y la letra 'Z', símbolo de la invasión a Ucrania.

Pjotr Sauer

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En el tercer día de la invasión rusa de Ucrania, Victoria Gogh se percató de que se estaba distanciando de su madre. “En una conversación telefónica me di cuenta de que mi madre empezaba a repetir como un loro el discurso del gobierno sobre esta guerra: que todo era culpa de la OTAN, que Rusia no tenía más remedio que defenderse”, explica Gogh, de 28 años, una asesora de moda originaria de un pequeño pueblo de Siberia que se mudó a Moscú para trabajar. “Me propuse hacerla cambiar de opinión, mostrarle lo que realmente estaba ocurriendo”, señala Gogh, que en sus redes sociales se ha mostrado abiertamente en contra de la invasión rusa de Ucrania. 

La decisión de Vladímir Putin de iniciar una guerra con el país vecino está desintegrando a muchas familias ucranianas, ya que muchos hombres adultos –de 18 a 60 años salvo que concurra alguna circunstancia especial, como por ejemplo, tener 4 o más hijos– se ven obligados a quedarse en el país para luchar mientras otros miembros de la familia huyen de la violencia. Sin embargo, Rusia también está sufriendo su propia fragmentación familiar, entre los que apoyan la guerra y los que se oponen a ella. A menudo, esa brecha es generacional. “En términos generales, los rusos más jóvenes son menos propensos a tener sentimientos antiucranianos. Hemos visto que en gran medida son los jóvenes los que participan en las protestas contra la guerra”, señala Andrei Kolesnikov, del Centro Carnegie de Moscú. “Gran parte de la percepción de la guerra depende de las fuentes de información que sigas”, dijo. “Si uno ve la televisión, simplemente es más probable que siga la línea oficial. Y las personas mayores tienden a ver más la televisión”.

Según las encuestas, la televisión sigue siendo la principal fuente de información para los rusos, ya que más del 60% de la población confía en ella para informarse. Los rusos mayores de 65 años tienen un 51% más de probabilidades de ver la televisión que los menores de 25 años.Todos los medios de comunicación estatales rusos se han movilizado para presentar la guerra como una “operación militar especial” destinada a liberar a Ucrania y proteger a los ciudadanos de Donbás del “genocidio” ucraniano. Los vídeos de las bombas rusas golpeando ciudades han sido descritos como un montaje del lado ucraniano.

“Vemos que la mayoría de los rusos parecen apoyar las acciones del país, al menos de la forma en que estas acciones les son presentadas por los medios de comunicación”, subraya Kolesnikov.

En este sentido, le resulta poco sorprendente, habida cuenta de que se trata de una cuestión que genera muchos sentimientos encontrados, que hayan surgido tensiones en el seno de la familia o en grupos de amigos. “Aceptar que tu bando es el que está obrando mal es siempre difícil”, concluye.

Gogh, que decidió abandonar Rusia la semana pasada tras ser detenida por unirse a una protesta contra la guerra en Moscú, explica que finalmente consiguió convencer a su madre, Svetlana, del “papel devastador” de su país en la guerra. “Pero ahora tengo que convencer a mis primos y tíos mayores. Tengo toda una lista”, bromea. Su “misión” será probablemente aún más difícil. El viernes, Rusia anunció que había bloqueado Instagram, días después de hacer lo mismo con Facebook y Twitter. Y después también de que las dos redes de Meta aceptaran llamadas a la violencia contra las tropas rusas y Putin. La represión de las redes sociales –y de los pocos medios de comunicación independientes que quedan en Rusia– restringirá aún más el acceso a la información exterior sobre la guerra y potenciará la influencia de los medios estatales que difunden la versión oficial.

Para otros, como Dmitry, un consultor tecnológico en Moscú, la guerra ya ha tenido consecuencias desastrosas en su relación con su familia. “Después de la invasión, quise ir a vivir con mis padres para intentar contarles lo que realmente estaba pasando”, explica. Durante la primera semana de la guerra, siguió un ritual diario que consistía en mostrar a sus padres vídeos de los bombardeos rusos sobre ciudades ucranianas e informes críticos de blogueros y medios de comunicación independientes.

“Pero todo ese contenido no tuvo ningún efecto. En realidad, sólo les hizo estar más convencidos de que tenían razón. Al cabo de una semana, me volví a ir de casa de mis padres, y desde entonces he recibido un mensaje de mi madre en el que me dice que estoy traicionando a mi país”. La gota que colmó el vaso llegó el jueves pasado, cuando su padre le envió un clip de noticias en el que se afirmaba que el bombardeo del miércoles de un hospital de maternidad en Mariúpol era un montaje de las autoridades ucranianas, con actrices maquilladas que se hacían pasar por madres heridas. Esta teoría de la conspiración también ha sido promovida por funcionarios rusos. “Ahora estoy indignado. No estoy seguro de que podamos volver a sentarnos en la misma mesa”, lamenta Dmitry, encogiéndose de hombros. “Creo que mis padres han sido zombificados por la propaganda estatal, y realmente me ven como un enemigo del Estado. Me rindo”.

Para algunos, ni siquiera sus propias experiencias de bombardeo han sido suficientes para convencer a sus seres queridos de los verdaderos actos de Rusia.

La BBC y el New York Times han hablado con ucranianos que les explicaron que sus familiares en Rusia simplemente no creían que sus ciudades estaban siendo bombardeadas. “Mis padres saben que en Ucrania está ocurriendo alguna acción militar. Pero dicen: 'Los rusos han venido a liberaros. No van a destruir nada. No os van a tocar. Sólo atacan las bases militares”, explica Oleksandra desde Kiev, describiendo a la BBC sus intentos de explicar a sus padres que la capital ucraniana está siendo bombardeada por Rusia.

Ilya Krasilshchik, un conocido bloguero ruso y ex ejecutivo tecnológico, pidió a sus 110.000 seguidores en Instagram que le enviaran las historias de tensiones familiares que viven en carne propia. Krasilshchik pronto recibió “cientos de capturas de pantalla” de jóvenes rusos que mostraban intercambios acalorados con sus padres. Decidió publicar algunas de esas conversaciones para mostrar a los jóvenes rusos que no estaban solos. “Está claro que esta guerra es una experiencia muy traumática para muchas familias de este país”.

Traducción de Emma Reverter.

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