Música pop y bailes: cómo los funerales de los manifestantes de Irán se convirtieron en celebraciones contra el régimen
Los iraníes muertos en las protestas que sacudieron el país en enero han sido despedidos en funerales multitudinarios y festivos, acompañados de música pop y bailes, en lo que parece ser un mensaje deliberado de desafío al régimen islámico que gobierna Irán.
En vez de las ceremonias fúnebres tradicionales y sombrías, oficiadas por un clérigo chií, los allegados están transformando los entierros en celebraciones exultantes de la vida de sus seres queridos, en lo que los analistas interpretan como un desaire deliberado a la cultura de la piedad que impone la teocracia iraní.
En muchos casos, los funerales solo pudieron celebrarse después de que las familias se vieran obligadas a pagar grandes sumas de dinero para recuperar los cuerpos de los depósitos oficiales.
Según distintas informaciones, las autoridades solo entregaban los cadáveres después de obligar a los allegados a firmar declaraciones en las que se afirmaba que los fallecidos pertenecían a la Basij, una milicia progubernamental. Esta práctica busca reforzar la narrativa oficial que presenta a los manifestantes como “terroristas” que atacaron a las fuerzas de seguridad y, al mismo tiempo, inflar el número de víctimas en las filas del régimen.
Algunos cálculos estiman que 30.000 personas han muerto en las manifestaciones que estallaron a finales de diciembre y se extendieron por todo el país. Otras estimaciones son aún más elevadas.
“La alegría es un poderoso mensaje político”
Sociólogos iraníes afirman que el ambiente de los funerales de los fallecidos transmite un mensaje de rebelión frente a la represión letal.
“Muchos de quienes hoy despiden a sus seres queridos no quieren que su dolor conserve ningún rastro del luto religioso que es emblemático de la subcultura compartida por quienes los mataron”, explica Hosein Ghazian, analista iraní afincado en Estados Unidos. “En lugar de expresar el duelo de forma abierta, optan por mostrar alegría. Una alegría que transmite un poderoso mensaje político: la perseverancia en la lucha contra opresores sanguinarios”.
Las redes sociales han difundido imágenes de varios funerales. En lugar de un duelo manifiesto, los vídeos muestran escenas eufóricas, en las que se ve a mujeres sin el velo islámico tradicional gritando y bailando al son de canciones populares que suenan a todo volumen en equipos de música.
Las familias que perdieron a sus seres queridos señalan que decidieron organizar eventos vibrantes para capturar el espíritu con el que había vivido la persona fallecida.
Los familiares de Milad, de 17 años, bailaron al son de su canción favorita, Ghaf, una balada romántica de Alireza Talischi, después de que falleciera a causa de las heridas sufridas cuando las fuerzas de seguridad dispararon contra una protesta en el barrio de Naziabad, en Teherán, el 8 de enero. Las autoridades exigieron inicialmente el equivalente a 5.700 euros para devolver su cuerpo, según denunciaron. No está claro cuánto pagó finalmente la familia.
“Hicieron lo que Milad habría querido”, contó su hermano mayor, Reza, que vive en Tallin, Estonia. “Bailaron entre lágrimas en el entierro. Incluso en el duelo celebraron la intensidad de su vida”.
Shaghayegh, de 21 años, describe circunstancias similares en torno al funeral de su primo de 19 años, que murió tiroteado en una protesta en Narmak, un barrio del norte de la capital.
“Ni siquiera puedo decirte cuánto dinero pagamos, pero solo queríamos recuperarlo”, explica. “Cuando su cuerpo finalmente llegó a casa, la familia se preparó como si fuera una boda. Se instalaron altavoces en la casa. Grandes carpas llenaron el garaje. Los miembros de la familia cocinaron juntos, como lo harían para una celebración. La única diferencia era que ninguno de nosotros reía. Celebrábamos su vida, lo que significaba para nosotros, lo que podría haber aportado al mundo”.
El baile es una parte importante de la cultura iraní, pero generalmente se limita a eventos cerrados, como fiestas privadas y bodas, debido a las restricciones religiosas impuestas por el régimen.
Por el contrario, muchos de los funerales eufóricos que se muestran en las redes sociales tienen lugar al aire libre, en un ambiente que parece desafiar abiertamente las costumbres conservadoras que el régimen insiste en mantener.
Las escenas de mujeres bailando y cantando en público también pueden interpretarse como un rechazo de los principios básicos de la República Islámica, que prohíben el baile y el canto femenino por considerarlos haram (prohibidos según las normas islámicas).
Música y danza frente a la cultura estatal
Saeed Paivandi, sociólogo de la Universidad de Lorena en Francia, señala que los funerales iraníes sin simbolismo islámico tradicional representan “la resistencia contra el Gobierno teocrático que quiere imponer normas religiosas a toda la sociedad iraní y en diversos ámbitos de la vida de las personas”.
También indica que, en los movimientos de protesta, las ceremonias de duelo por las víctimas de la represión gubernamental se han convertido en un espacio para desafiar las normas religiosas y estatales.
“Lo que parece muy significativo desde el punto de vista simbólico es el uso de la música y la danza, que se consideran antivalores en la cultura estatal. La sustitución del llanto y los lamentos, considerados un valor fundamental, por una especie de alegría amarga es otro elemento significativo de esta transformación cultural. Quieren decirle al Gobierno que no lloramos por los mártires de la libertad, sino que ellos eligieron el camino correcto y son un motivo de orgullo para nosotros”, señala.
Estos funerales podrían haberse inspirado en el testimonio de Majidreza Rahnavard, ejecutado en 2022 a los 23 años, tras ser acusado de apuñalar a dos miembros de la Basij durante las protestas conocidas como 'Mujer, Vida, Libertad'.
Tras su muerte, aparecieron imágenes de Rahnavard momentos antes de su ejecución, en las que decía: “No quiero que nadie llore sobre mi tumba. No quiero que lean el Corán ni recen. Solo celebren y pongan música festiva”.
Desde entonces, los opositores al régimen han ensalzado a Rahnavard como un héroe popular y han invocado sus palabras como un legado a imitar.
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