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Sobre este blog

Stories Matritenses es un blog del grupo de periódicos hiperlocales Somos Madrid escrito por Pedro Bravo.

Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es ¡Silencio! (Debate, 2024). Además, ha publicado Cabo Norte (Menguantes, 2020), Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012). Habita en la linde occidental del barrio.

www.pedrobravo.es

Todo lo que dice de nuestra sociedad el sufrimiento diario de una mujer embarazada en el Metro de Madrid

Una trabajadora de Metro de Madrid vigila cómo entran viajeros apelotonados en una estación de la línea 5, en una imagen de archivo

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Mi amiga Rocío está embarazada, ahora de siete meses, y tiene la insana costumbre de coger todos los días el Metro de Madrid para ir y volver de su trabajo. La costumbre es insana porque Rocío llega cada mañana a su puesto agotada, como si a la hora de fichar ya hubiese hecho una jornada entera y no sólo el trayecto de ida. Se queja Rocío, aparte de los que nos quejamos todos los que usamos el transporte público en esta región, de que nadie se levanta para cederle el sitio, haciéndole aún más dura su osadía de querer formar una familia en Madrid.

Mientras me lo contaba, pensaba que cada vez es más excepcional ver a una mujer embarazada en el metro. Y en que hay razones evidentes para esa anormalidad. Se me ocurren al menos tres y todas están relacionadas.

La primera, como ya he apuntado, es el estado del servicio. La degradación de las instalaciones, los cortes e interrupciones y la notabilísima reducción de trenes y frecuencias que provoca largas esperas incluso en hora punta y una masificación que hace insoportable cualquier trayecto. El problema de Metro de Madrid no es circunstancial. Ni siquiera es, desde el punto de vista de quien lo provoca, un problema. Es una forma de hacer política. Una que consiste en fomentar el desmantelamiento de los servicios públicos y de hacerlo con recochineo. La que sufrimos cada día en el transporte, en las escuelas, la universidad y los hospitales. La que tenemos que soportar, además, en declaraciones chulescas de consejeros que sacan abanicos o presumen de ardor murciano para excitar a los algoritmos. La que se manifiesta incluso en el emparejamiento de la mandamás con uno que es parte de la trama privatizadora. 

La segunda razón tiene que ver con la vivienda. El corazón de toda la vida en una ciudad, en una región, en una sociedad, convertido en activo financiero internacional sin que ningún poder político, en este caso ni local, ni regional, ni estatal, ni supranacional, se atreva a actuar. ¿Cómo vamos a ver embarazadas en el metro o casi en ningún otro lado si es imposible soñar tener un hogar digno y cercano donde criar a tus hijos? ¿Cómo pensar en el futuro cuando el presente está siendo esquilmado? ¿Cómo hacer planes de vida cuando sólo se nos permite sobrevivir cada día?

La tercera es la que sufre Rocío que, a pesar de las dos anteriores, se atreve no sólo a formar una familia sino a meterse en el metro para llegar al trabajo y ganar un sueldo que posibilite su existencia. Que en esos coches abarrotados nadie se levante nunca a cederle el asiento es un síntoma, más que de mala educación, de nuestra falta de conexión con la realidad. Atrapados en el scroll infinito y en la infinidad de contenidos y conversaciones que nos ofrecen las pantallas, no sólo no caemos en que estamos rodeados de personas mayores, embarazadas y con otras circunstancias que pueden necesitar nuestra atención. Estamos tan fuera de sitio que, si aterrizase una nave espacial a nuestra vera, es más que probable que sólo nos enterásemos de ello viéndolo en un reel.

La atención no es una cosa menor y sirve para afrontar las soluciones a los tres asuntos que he expresado en los párrafos anteriores. Atender significa poner el foco en algo o en alguien, en el otro, en lo otro. Y, al hacerlo, cuidarlo. Despegar los sentidos de los contenidos que nos saturan desde las pantallas nos permite recuperar la capacidad de hacer tal cosa. No es fácil, porque están diseñados para que no lo sea, pero es posible. Y es necesario. Es, en este momento, una forma primaria de rebeldía.

También es posible y rebelde hacer una política que escuche de verdad las necesidades de los ciudadanos, entender que la atracción de visitantes e inversores tiene sentido sólo si se promueve como medio para que vivamos mejor y asumir que el mandato de la administración de lo común es gestionar la prosperidad colectiva. Y que ésta, sin la posibilidad extendida de habitar un hogar, no existe.

Atender es cuidar y cuidarnos, lo que la especie humana ha hecho toda la vida, lo que ha logrado que hayamos llegado hasta aquí. La cooperación es, además de la casualidad, la esencia de la evolución, también de la nuestra. Y hace unas décadas que se extendió una forma de organización, institucionalización y democratización de los cuidados que llamamos servicios públicos y que ha posibilitado unos niveles de desarrollo y justicia social siempre imperfectos pero insólitos en la historia. Algo que está en evidente peligro de extinción. Como ver mujeres embarazadas en el Metro de Madrid.

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Stories Matritenses es un blog del grupo de periódicos hiperlocales Somos Madrid escrito por Pedro Bravo.

Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es ¡Silencio! (Debate, 2024). Además, ha publicado Cabo Norte (Menguantes, 2020), Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012). Habita en la linde occidental del barrio.

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