El transporte de todo el curso en Madrid para un alumno sin padrón pasará de 90 a 500 euros tras el cambio de Ayuso
Metro de Madrid lanzaba hace poco una campaña de camisetas retro con estética futbolera para atraer a los más jóvenes. El precio de cada una es de 54,95 euros. Esto es, más de la mitad de lo que ahora se gasta un menor de 26 años en su abono joven para todo un curso. Por solo diez euros al mes (veinte cuando finalicen las bonificaciones todavía operativas gracias al acuerdo entre el Gobierno central y el autonómico), puede moverse en suburbano, autobuses de EMT o interurbanos, Cercanías, Metro Ligero...
Esta realidad está a punto de cambiar drásticamente el curso que viene para muchos estudiantes si la medida aprobada el pasado viernes por la Comunidad de Madrid sigue adelante: impedir la expedición de tarjetas personales de transporte (como la del abono joven) a quienes no estén empadronados en la Comunidad de Madrid o los municipios cercanos con los que el Ejecutivo autonómico dispone de acuerdos. Algo que previsiblemente alejará del transporte público a esos mismos jóvenes a los que apelaba la campaña de Metro, un servicio dependiente de la misma Consejería de Transportes del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso que ahora ha introducido este drástico cambio.
La modificación disminuirá los ya escuetos bolsillos de los estudiantes, a tenor de los nuevos gastos que deberán afrontar. De este modo, los actuales 10 euros al mes (90 para un curso de nueve meses), se convertirían en 29,20 euros al mes (262,80 al año) para un estudiante que se desplace cinco días por semana al campus y regrese a casa otras cinco veces. Cuatro recargas mensuales que no incluyen otros desplazamientos al margen de las aulas o durante el fin de semana, trayectos a ellas que requieran de un cambio de transporte (por ejemplo pasar de bus a Metro) ni que alguno de los puntos se encuentre fuera de la zona tarifaria A (correspondiente a Madrid ciudad).
La decisión perjudica especialmente a quienes deben efectuar desplazamientos con transbordos entre diferentes medios. Es decir, a quienes vivan o estudien en la periferia. Si alguien debe alternar por ejemplo un bus interurbano y el Metro para ir a clase, en el contexto anterior destinaría la misma cifra a transporte ya que la cantidad era independiente al número de viajes. Si estudian, por ejemplo, en el campus de Somosaguas, al que hay que llegar en bus desde Moncloa. En estos casos gastarán el curso que viene dos viajes a la ida y otros dos a la vuelta. Jóvenes que hoy cubren sus idas y venidas a la universidad por 90 euros al curso abonarán 525,60 euros en ello (casi seis veces más).
El escenario puede ser peor si se retiran las citadas bonificaciones al transporte, que rebajan un 50% el bono joven y un 40% el de diez viajes (la a priori alternativa más utilizada ante el veto de Ayuso a los no empadronados).
Si acabaran estas ayudas, cuya continuidad es incierta cada año, el gasto para quien mantenga el bono joven pasará a 20 euros mensuales y 180 por curso. Con los abonos de diez viajes, incluidos en la tarjeta Multi (que no es unipersonal), el dispendio será de hasta 48,80 euros al mes y 439,20 por curso. Y si es necesario hacer varios transbordos, el coste se eleva hasta los 878,40 euros (multiplicándolo prácticamente por cinco).
Todas estas cuentas no incluyen el efecto en zonas tarifarias diferentes o en la intermodalidad. De hecho, muchos bonos de 10 viajes no funcionan para otros medios de transporte. Por ejemplo, el de Metro no suele operar en Cercanías o buses interurbanos. Tampoco al revés. Es por ello que la mayoría de sistemas metropolitanos del país (Barcelona, Bilbao, València o Sevilla) permiten acogerse a los títulos personales a toda la población, con independencia del padrón, que sí exigen en mayor medida municipios de una menor entidad con una red no tan interconectada.
Así, futuros estudiantes de las potentes universidades y campus de fuera de la capital pierden un enorme aliciente para venir a la región. La libertad de movimiento a un precio económico repercute igualmente en la capacidad para recorrer cualquier municipio autonómico o de zonas colindantes incluidas en el abono joven, caso de Toledo o Guadalajara. Con todo ello, el conjunto de la Comunidad de Madrid se dejará previsiblemente capacidad de atracción de talento.
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