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Demoleer reafirma su éxito en Murcia: “Hay tanta cultura en el trabajo de una ganadera como en Brigitte Vasallo escribiendo en su libreta”

Las organizadoras de Demoleer celebran entre los aplausos del público el éxito de su tercera edición al cierre de la última mesa de la jornada

Marta Hernández Cano

17 de mayo de 2026 19:31 h

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Las fundadoras de Demoleer ya no tienen nada que demostrar. Tres años consecutivos de crecimiento exponencial hablan por sí solos. Este sábado se celebró la tercera edición del festival feminista de literatura de referencia en la Región y, como en la edición anterior, la primera planta de la Biblioteca regional (BRMU) se convirtió en una fiesta de más de 300 personas convocadas en torno a la celebración y reivindicación feminista de la cultura.

Si el año pasado hablábamos de “consolidación”, este año la palabra es “identidad”. Tras tres ediciones, el festival ha conseguido construir, definir, delimitar —podemos llamarlo de muchas formas— una identidad que ya sabíamos que existía en gran parte de la sociedad murciana, pero no sabíamos cómo nombrar, cómo imaginar, cómo condensar. No tenía forma.

Lo que la izquierda institucional no ha conseguido en décadas —un relato común, una fuerza cohesionada— lo ha construido Demoleer en tres ediciones, reuniendo a esa Murcia que vive al margen de los actos oficiales y que, habitualmente, no encuentra su lugar en la agenda cultural pública. Desde la poesía de la murciana Lola Tórtola, pasando por las reivindicaciones migratorias de Brigitte Vasallo, hasta la presencia de discursos contra el genocidio israelí desde el movimiento internacional BDS (Boikot, Desinversiones y Sanciones). La primera edición fue una sorpresa. La segunda, un orgullo. Esta tercera ha sido una toma de posición.

¿Poetas o poetisas?: “Que ellos se llamen poetos”

Inma Pelegrín, Lola Tórtola y María Sánchez-Saorín, acompañadas de la
presentadora Marta Gómez de la Vega, durante la primera mesa de la jornada

Pasadas las 10:00 de la mañana arrancó la primera mesa. Lo que en entrevistas anteriores sus fundadoras definían como el buque insignia del festival: la mesa ‘¡Literatura, murciana!’. Un espacio dedicado al talento de las escritoras de la Región.

Las poetas -o poetisas, si se prefiere- María Sánchez-Saorín (Ricote), Lola Tórtola (Murcia), e Inma Pelegrín (Lorca), en una mesa moderada por la artista Marta Gómez de la Vega, conversaron sobre la verdad poética, el debate en torno los términos ‘poeta’ o ‘poetisa’, y sobre una idea compartida por todas: la abundancia de poetas y el movimiento literario que existe en la Región de Murcia destaca a nivel nacional y, sin embargo, no hay un “ni gran ni pequeño apoyo por parte de las instituciones”.

Inma Pelegrín defendió la poesía que incomoda: “Los poemas que me gusta leer son los que me hacen pensar, los que me hacen preguntarme cosas”. También reivindicó el término ‘poeta’ para las mujeres que escriben poesía: “Si a ellos no les gusta que nos llamemos poetas, que se llamen ellos poetos”, un comentario cargado de ironía que arrancó las risas y aplausos del público.

En esta tercera edición, un público entregado volvió a ser protagonista

Lola Tórtola habló del mayor reconocimiento de las autoras en los últimos años: “Si las mujeres poetas tienen éxito es porque están encontrando nuevas formas para hablar de los temas de siempre”. Cirujana de profesión, diseccionó el ejercicio poético hasta llegar al núcleo que le da sentido: “La poesía tiene que ser verdad, que no realidad. Sin referentes femeninos, si nosotras nos hemos sentido identificadas con poemas escritos por hombres es porque hemos sentido esa verdad”.

La autora recordó que el término ‘poetisa’ ha sido históricamente utilizado para minimizar a las mujeres que escriben poesía: “Suele ser un hombre mayor quien te llama poetisa”, y que en ese motivo está el origen del rechazo actual al término.

María Sánchez-Saorín, por su parte, defendió la posibilidad de resignificar el término y devolverle el sentido literal: mujer que escribe poesía. También puso el foco en el tratamiento que los medios de comunicación hacen de las autoras: “Se publican titulares como ‘La poesía de la mujer triunfa’, cuando en todo caso lo correcto sería decir que lo que triunfa es la poesía escrita por mujeres”

Durante toda la mesa la conversación se desplazó entre lo poético, lo político y lo colectivo. Vistiendo una kufiya, Sánchez-Saorín recordó que ese 16 de mayo se cumplían 75 años de la primera expulsión del pueblo palestino, e interpeló a sus compañeras: “¿Cómo las poetas nos damos el derecho de buscar la belleza en la poesía mientras tanta gente en el mundo la tiene prohibida?”. Pelegrín respondió parafraseando a la poeta polaca Wisława Szymborska: “Es horrible leer y escribir cuando el mundo se deshace en guerra, pero peor sería no estar leyendo y escribiendo”.

“Hay tanta cultura en el trabajo de una ganadera como en Brigitte Vasallo escribiendo en su libreta”

María Sánchez, Brigitte Vasallo y Margaryta Yakovenko durante la mesa
Diásporas. Al fondo la presentadora, Isabel Cutillas.

A las 11:45 arrancó la segunda mesa, 'Diásporas', presentada por la socióloga Isabel Cutillas. Un espacio para situar los procesos migratorios en el centro del debate y explorar cómo son narrados, vividos o silenciados desde la literatura. Brigitte Vasallo, María Sánchez y Margarita Yakovenko articularon una conversación atravesada por identidad, clase, memoria y territorio.

Antes de empezar, Cutillas quiso recordar a la recientemente fallecida profesora de la UMU Elena Gadea, especializada en estudios migratorios: “Ella estaría aquí ahora mismo”, dijo emocionada.

Ya en el debate, la presentadora señaló un tema común en la obra de las tres autoras: “La construcción social del lenguaje como una forma de poder”. María Sánchez dirigió parte de su intervención al reconocimiento de su clase: “Soy la primera mujer de mi familia en ir a la universidad, y también la primera con las condiciones materiales para escribir. Hay que usar este privilegio para contar de dónde venimos”, explicó.

Sánchez defendió la necesidad de “bajar la cultura” y repensar aquello que entendemos como cultura legítima: “Parece que cultura es solo lo que hace la academia, y la realidad es que hay tanta cultura en el trabajo de una ganadera como en Brigitte Vasallo escribiendo en su libreta”.

Por su lado, Brigitte Vasallo celebró la existencia de Demoleer al margen de las lógicas del mercado y centró su intervención en la identidad charnega y las migraciones internas: “Si supiéramos las discriminaciones que han sufrido los migrantes internos nos reiríamos de los fachas cuando nos hablan de la prioridad nacional. Somos la sociedad que somos gracias a las migraciones internas”.

Margaryta Yakovenko llevó la conversación hacia la experiencia personal de la migración y la guerra. “Lo que muestran las diásporas es que el hogar es algo que puedes perder de un día para otro”, explicó.

Yakovenko señaló también que si todavía no existe un debate profundo sobre las causas de las migraciones es porque “los hijos de migrantes no están en los espacios de poder”. Y habló de la sensación de pérdida cultural que acompaña a cualquier proceso migratorio: “Puedes interactuar con el nuevo entorno, pero nunca vas a integrarte del todo. Siempre habrá alguien que te pregunte de dónde eres”.

“¿De qué sirve la cultura cuando la vida está siendo arrasada?”

El público ojea libros en el mercadillo, situado en el patio de la BRMU

Tras la pausa del mediodía en la que el público pudo disfrutar del mercadillo situado en el patio de la BRMU, pasadas las 16:30 llegó ‘¡Atiende!’, el espacio de micropresentación de proyectos presentado por la periodista Ana Arce. Un formato rápido donde distintos colectivos y creadoras explicaron los trabajos y proyectos que construyen desde fuera de los circuitos culturales tradicionales.

Nuna Ninguna presentó el fanzine Amor no romántico y otros relatos; Abbey C Díaz, ganadora del Poetry Slam Cartagena, recordó que la ciudad acogerá el campeonato nacional los días 17, 18 y 19 de septiembre; Belén, integrante del movimiento internacional BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) leyó un manifiesto haciendo una llamada a la acción frente al genocidio de Israel y reivindicó la necesidad de seguir hablando de Palestina desde los espacios culturales: “Para nosotros hablar hoy de Palestina no es introducir otro tema más, es preguntarnos de qué sirve la cultura cuando la vida está siendo arrasada”.

Mesa redonda de ¡Atiende!, donde las participantes presentan sus proyectos al público. Presenta Ana Arce

La mesa la cerró Lola López Abellán con la presentación del fanzine Poétika Ciudad, una propuesta para “mirar de manera poética una ciudad que no siempre ofrece una imagen así”.

Y, por último, ¡las zagalas solo quieren divertirse!

Sara Barquinero, Mónica Ojeda y María Bastarós durante la última mesa de la jornada. Al fondo, la presentadora María Ponce

La última mesa, presentada por la doctora en Estudios de Género María Ponce, reunió a María Bastarós, Mónica Ojeda y Sara Barquinero bajo el título 'Las zagalas solo quieren divertirse'. Un debate en torno a la escritura de la violencia y la mirada social sobre las autoras.

Bastarós defendió que escribir sobre violencia no implica legitimarla, sino que puede abrir procesos de reparación. “Cuando escribía de pequeña era para inventar finales alternativos a cosas que habían pasado en mi vida y no me gustaban. Siempre he creído en la reparación”, afirmó.

Ojeda definió la escritura como una forma privilegiada de pensamiento: “La literatura más interesante es la que te incomoda”. Señaló además que en su país de origen, Ecuador, el juicio hacia las mujeres escritoras sigue siendo especialmente duro. Coincidió con Bastarós en el placer de escribir sin saber hacia dónde conduce el texto: “Pierdo el interés si ya sé lo que va a pasar”.

Una de las preguntas que la presentadora lanzó a las autoras es cómo el éxito de sus obras ha condicionado el proceso creativo. Bastarós reconoció que, más que las expectativas, lo que le incomoda es “la urgencia de saber que hay lectoras esperando algo suyo”, lo que en ocasiones puede “acelerar la escritura de algo que quizá necesita más tiempo”.

Ojeda vive ese éxito desde la nostalgia: “Cuando empecé a escribir nunca imaginé que tendría lectores, echo de menos ese desparpajo de escribir sin sospechar que alguien me leería”. Un desparpajo que -confiesa- le gustaría recuperar.

Por su parte, Barquinero, puso el contrapunto y admitió que esa exposición estimula su proceso creativo: “Cuando escribes una novela de 900 páginas y en la 600 te atrancas, pensar en seguir es duro porque no sabes si alguien valorará todo eso algún día”, comentó sobre sus primeras experiencias como escritora. Sin embargo, ahora y tras el éxito editorial, considera que “es bonito saber que alguien está esperando a leerte. Esa expectativa genera presión pero también me anima a seguir”.

La celebración de la literatura

Tras la última mesa, el festival se trasladó al Patio del Archivo. Al aire libre, la jornada se disolvió en conversaciones, reencuentros y una continuidad natural de lo que había comenzado horas antes: la literatura como espacio compartido.

La actuación de la poeta Laura Sam puso el broche con una interpretación y presencia escénicas que absorbieron todo el bullicio del patio hasta convertirlo en un silencio que la convirtió en protagonista indiscutible del espacio. El broche final -para las demoleerdoras más duras- tuvo lugar en el bar de ocio Plan 9.

Se cierra así la culminación de una tercera edición del festival que ya no irrumpe, se asienta. Que ya no sorprende, se espera. Y que lejos de ser solo un evento cultural se convierte en una forma de reivindicación y celebración de la literatura feminista en la Región. Un festival que, tras esta tercera edición, representa ya una identidad murciana.

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