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Los dioses y la patria, en paz

Este pasado martes 21 de agosto se presentó `Antígona´, de la compañía murciano-valenciana La Ferroviaria, en la 49ª edición del Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier

`Antígona´, montaje de La Ferroviaria

`Antígona´, montaje de La Ferroviaria

Para los amantes del teatro acudir al auditorio municipal Parque Almansa de San Javier durante el mes de agosto es un placer obligado. Este pasado martes 21 se presentó `Antígona´, de la compañía murciano-valenciana La Ferroviaria, en la 49ª edición del Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier.

Sófocles  escribió `Antígona´ en el año 442 a.C. Una pieza dramática que ha sido representada y reinterpretada en infinidad de ocasiones. El autor heleno que más veces ganó las Grandes Dionisiacas gozó de tal popularidad y prestigio en la sociedad griega de su tiempo que fue nombrado jefe mayor del ejército Ateniense. Algo realmente impensable en nuestros días hasta para el más reputado dramaturgo. Cabe decir que su desempeño al frente de las tropas helénicas fue un desastre, pero esto es otra historia.

La vida de una de las heroínas que nos ha brindado el mundo clásico es conocida. Antígona, hija de las celebrities más famosas de la mitología griega, Edipo y Yocasta, demanda piedad, compasión y justicia divina a su antagonista, el rey Creonte, que a su vez exige el cumplimiento de la ley.

Muertos Esteocles y Polinices, hermanos de Antígona, uno a manos del otro, Creonte  proclama un edicto en el que ordena dar sepultura a Esteocles mientras que a Polinices, por traidor, lo deja insepulto a las afueras de Tebas. Para Creonte la autoridad y razones de Estado son irrenunciables. Mientras que Antígona no cede su derecho al culto familiar. Una regla universal impresa en la conciencia humana que, sin embargo, le costará la vida después de enterrar, desobedeciendo la orden, a su hermano Polinices.

Paco Macià, director artístico de La Ferroviaria, nos tiene acostumbrados a unas propuestas estéticas que ahondan en el formalismo. Una obsesión del director escénico por el teatro físico que se percibe en cada escena, en cada transición e incluso en cada gesto del elenco. Un todo medido que alcanza su máximo grado de belleza plástica en las coreografías, en este caso, ejecutadas por un magnífico coro.

El espacio vacío potencia toda esta dramaturgia visual apuntalada con una escenografía sencilla y efectiva realizada por un colaborador habitual de la compañía, Ángel Haro.  Destacan un juego de sillas de madera rotas y envejecidas con las que el coro monta inquietantes esculturas y por momentos forman parte del  juego coreográfico. Estas sillas portan unas varillas de incienso incandescente adheridas a su estructura, un aroma que impregna parte de la grada y que evoca, sin duda, el olor de la tragedia griega, un olor a cementerio.

El Niño de Elche es el encargado del estremecedor espacio sonoro generado a lo largo de la tragedia. Un trabajo hipnótico y perturbador creado ex profeso por un artista acostumbrado a la heterodoxia y el riesgo en su quehacer musical y en las colaboraciones con artistas escénicos contemporáneos.

Antígona, interpretada de forma contundente por Eloísa Azorín, protagoniza varios de los momentos más emotivos de la obra. En uno de ellos, conocida su sentencia de muerte, recibe la vista de su hermana Ismene. Las dos, mujeres y hermanas de Esteocles y Polinices, se abrazan mientras tararean una canción en catalán. Dos visiones del mundo sollozando por la arrogancia cegadora artífice de grandes calamidades humanas.

Creonte, el antagonista, el rey tirano, machista, soberbio, presa de la hybris, enconlerizado por la desobediencia de Antígona y para el que las razones de estado son inquebrantables, está magistralmente interpretado por Enric Juezas.

La tragedia `Antígona´ es una obra maestra de la literatura y muestra a una heroína con muchos matices y varios temas que potencian la acción principal. Paco Macià, a cargo también de la dramaturgia, respeta la estructura clásica de la obra dramática intercalando ciertos desvíos: como una orgía, pasajes contemporáneos (como el acertado paralelismo con la situación de miles de personas asesinadas y enterradas en fosas comunes por la represión franquista) o personajes transmutados (como el viejo adivino Tiresias ahora un señor trans) que potencian el desarrollo de la acción dramática.

En este sentido, se echó en falta una mayor duración de la presentación escénica para reflejar esa otra visión del mundo más pragmática que representa Ismene y refuerza el carácter amazónico de Antígona, así como mostrar de forma rotunda el castigo que sufre Creonte por causa de su soberbia y obstinación. Cuando Antígona se da la muerte, las consecuencias son funestas para la familia de Creonte. Su hijo Hemón se mata y Eurídice, esposa de Creonte, llena de terror, también acaba con su vida. Creonte consigue su objetivo a costa de cargar con la culpa y el desgarro de la tragedia familiar. Y curiosamente, Antígona también cumple su misión, enterrar a su hermano, algo que paga con su propia vida. Los dioses y la patria al fin quedan en paz aunque, una vez más, huela a cementerio. “La sensatez es la primera condición de la felicidad”, puede leerse en algún párrafo de `Antígona´.

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