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Murcia y aparte es un blog de opinión y análisis sobre la Región de Murcia, un espacio de reflexión sobre Murcia y desde Murcia que se integra en la edición regional de eldiario.es.

Los responsables de las opiniones recogidas en este blog son sus propios autores.

Navidad, ¿por qué no nos deslumbra el sufrimiento humano?

Luces de Navidad en Murcia / Ayuntamiento de Murcia

Joaquín Sánchez, 'el cura de la PAH'

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De nuevo es Navidad y observamos cómo todas las ciudades compiten entre sí para que la iluminación de sus calles sea mayor y tenga más eco mediático, atraiga más turismo, llene nuestros sentidos y tengamos la sensación de felicidad y bienestar. Luces para despertar el consumismo, para generar grandes aglomeraciones, para hacernos salir de nuestras casas y pasear por las calles iluminadas. Son luces que nos deslumbran y que despiertan nuestra admiración, poniendo toda nuestra atención en los escaparates y en las calles; hasta se hacen figuras de luces de diversos colores. Y, cuando se apagan, sentimos tristeza y melancolía.

Son luces que nos hacen olvidar el sufrimiento humano, que nos hacen ser indiferentes ante tanta inhumanidad, tantas injusticias, tanta represión y explotación. Pero, ante tanto espectáculo, ruido y entusiasmo vacío quiero hacer la pregunta de por qué el sufrimiento de tantas personas no nos deslumbra, no llama nuestra atención y no queremos que interfiera en nuestras vidas. Lo único que aceptamos es que pongan una caja de recogida de alimentos para una ONG y echemos un paquete de leche o de fideos como expresión de solidaridad.

¿Por qué nos emociona un espectáculo de niños y niñas representando el belén y cantando villancicos y no nos conmociona ver niños y niñas en la pobreza o en una patera o debajo de los escombros después de un bombardeo?

¿Por qué nos emociona ver a María, José y al niño Jesús y no nos conmociona el desahucio de una familia con menores y mayores o la separación de los hijos e hijas de sus padres y madres en la frontera norteamericana, estando todos enjaulados?

¿Por qué nos emociona el canto de los villancicos y no nos conmociona el canto de millones de personas que piden libertad, justicia y paz?

¿Por qué nos emociona ver la cabalgata de los Reyes Magos y no nos conmociona el racismo, la xenofobia y el rechazo al pobre?

¿Por qué nos emociona las doce campanadas con su sonido y no nos conmociona el sonido de las bombas y las balas que siegan miles de vidas civiles?

Necesitamos alumbrar una nueva humanidad y una humanidad nueva que denuncie unas estructuras socioeconómicas basada en la concentración de las riquezas en las manos de unos cuantos, saqueando los recursos naturales de los países a través de la deuda y a través de la violencia y de la guerra. Una humanidad nueva que denuncie una cultura dominante basada en el individualismo, el consumismo, el productivismo y el sálvese quien pueda.

Una humanidad nueva que derribe muros y fronteras hechas de dolor y de exclusión, que derribe los muros de los CIEs, de los campos de refugiados, de la pobreza, del racismo y la xenofobia, que elimina las concertinas.

Una humanidad nueva que quiera un trabajado digno y decente, no el paro ni la precariedad, que quiera la plena igualdad entre mujeres y hombres, no la discriminación ni la violencia machista, que quiere que cualquier persona con dificultades encuentre una administración pública que lo proteja y un entorno familiar y social que le ofrece acompañamiento y solidaridad.

Una humanidad nueva que quiera establecer puentes, una cultura de comunión y del bien común donde nadie quede atrás, una cultura de la paz, la justicia, el perdón, la fraternidad y la libertad. Una cultura donde todos los derechos humanos se hagan realidad.

Una humanidad nueva, donde los inmigrantes, los refugiados, los parados y paradas, los trabajadores y trabajadoras con trabajos eventuales y precarios, donde los mayores que viven en soledad y abandonados, las familias rotas por el motivo que sea, las personas que viven humilladas y pisoteadas, encuentren la caricia, el beso y el abrazo que les dé fuerza para recuperar su autoestima y su dignidad.

Tenemos que ser constructores de ese mundo lleno de vida y vida en abundancia. Construyamos este mundo nuevo siendo nosotros y nosotras, en nuestra vidas, expresión de ese cambio que queremos que se dé en la sociedad, compartiendo con todos aquellos que convergemos, desde ideales y credos diferentes, en que la persona y su dignidad deben ser lo primero, renunciando a la avaricia, la codicia, la ambición, la envidia, la soberbia, el poder y la violencia.

Desear que esta Navidad despierte nuestra esperanza, unas veces dormida, otras veces abandonada y convertida en desesperanza, por construir ese otro mundo posible, necesario y urgente.

¡Feliz Navidad en el amor y la lucha y próspero año 2020 en la justicia, la libertad y la hermandad!

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