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REGIÓN DE MURCIA

La noche electoral

Me levanto y pienso que ahora tenemos en Murcia un gobierno fascista y siento vergüenza, vergüenza y miedo.  El sentido común me dice entonces que no malgaste la palabra miedo

Todo, y digo todo, lo que se podía hacer mal se ha hecho mal, hasta acabar haciendo crecer en toda España y dejando campo libre en Murcia a los fascistas de Vox, a los mentirosos, a los homófobos, a los racistas

Para mí, el gran culpable de esto es Sánchez, un Pedro Sánchez ensoberbecido que pensaba que en noviembre se habría librado del mandato popular, emanado de las urnas

Vox ha barrido en la zona del Campo de Cartagena, de San Javier, en las zonas limítrofes al Mar Menor. Les ha llevado el discurso de que sus males son culpa de los inmigrantes, no de sus dirigentes ni de los responsables económicos

El líder del PSOE Pedro Sánchez y la cúpula del partido celebran los resultados del 10N

El líder del PSOE Pedro Sánchez y la cúpula del partido celebran los resultados del 10N EFE

Después de ver los resultados de la noche electoral me despedí de las compañeras por WhatsApp diciéndoles que me iba a dormir,  que si tenía una pesadilla no podría ser peor que ésta. En el duermevela  me ha ocurrido como en el cuento de Cortázar,  'La noche boca arriba', una obra maestra del terror onírico: la pesadilla se ha desarrollado simultáneamente a dos niveles, me despertaba de una pesadilla para amanecer en otra. Me levanto y pienso que ahora tenemos en Murcia un gobierno fascista y siento vergüenza, vergüenza y miedo.  El sentido común me dice entonces que no malgaste la palabra miedo, que me podrá hacer falta para lo que vendrá después.

A pesar de lo recurrente, cuesta acostumbrarse a este fatalismo perdedor de la izquierda.  De las anteriores elecciones para acá no hay ni una sola cosa que se haya hecho bien. Desde la falta de entendimiento entre Sánchez e Iglesias hasta el surgimiento de Más País, fragmentando la izquierda por enésima vez y que produjo en mí misma la enésima esquizofrenia, porque,  a pesar de las simpatías por las personas que lideraban el proyecto,  sabía que iba a restar y no a sumar como así ha sucedido, también por enésima vez. Todo, y digo todo, lo que se podía hacer mal se ha hecho mal, hasta acabar haciendo crecer en toda España y dejando campo libre en Murcia a los fascistas de Vox, a los mentirosos, a los homófobos, a los racistas.

¿Se podría haber hecho peor? Sí, podría haber ganado la derecha en el país.  Ha sido como lanzar el coche en plan kamikaze en una carrera enloquecida y después de dejarte retrovisores,  antena, media puerta, un neumático en la carrera, quedarte al borde del precipicio y ¿para qué? ¿Cuál era el plan? Para mí, el gran culpable de esto es Sánchez, un Pedro Sánchez ensoberbecido que pensaba que en noviembre se habría librado del mandato popular, emanado de las urnas, de tener que pactar con Unidas Podemos. Un desastre  que, tampoco se nos olvida, ha contado con la colaboración inestimable de un Iglesias desnortado. Aún así, el sentido común y la paciencia de los votantes de izquierda, que hemos votado por segunda vez casi lo mismo, como si estuviéramos en el día de la marmota política, ha evitado que la opción de formar gobierno caiga en manos de los conservadores.

A la derecha moderada que es Cs, su indefinición política le ha llevado al borde de la extinción, cosa de la que no me alegro pues su espacio político ha sido ocupado ahora por la derecha y la ultraderecha. Pero vamos a ver, Rivera: ¿qué opciones habíais descartado para que os pareciera buena idea que salieras en pantalla con un perrito, como Paris Hilton? La del ladrillo no era mejor, ni que estuvieras asesorado por Belén Esteban… Claro que en el pecado llevas la penitencia. Esta situación ha dado al mismo tiempo oxígeno a un PP que sacó en abril los peores resultados de su historia y que en estas elecciones ha rebañado unos cuantos diputados que ellos hacen pasar por victoria. De ilusión también se vive. Unidas Podemos pierde votos otra vez y sigue estrellándose despacito.

Lo peor de todo para mí en este momento es que en esa tensión Sánchez- Iglesias se ha perdido Murcia,  dándole así la puntilla a un Mar Menor semi cadáver. Se ha puesto en marcha la distopía de la que hablaba en mi anterior artículo. Vox ha barrido en la zona del Campo de Cartagena, de San Javier, en las zonas limítrofes al Mar Menor. Vox les ha llevado el discurso de que sus males son culpa de los inmigrantes no de ellos, no de sus dirigentes ni de los responsables económicos de acabar con un ecosistema. Vox ha explotado el relato de cómo vamos a volver al secano, qué disparate, de no os preocupéis que no vais a perder el trabajo, ya nos ocupamos nosotros; y se lo han comprado íntegro. A quién le importa el mar, que además, no vota.

Estamos en la casilla de salida y no es un buen síntoma el que Sánchez, la noche de las elecciones, mientras sus simpatizantes celebraban la victoria al grito de “¡Con Iglesias sí, con Casado no!”, él les hiciera callar entre incómodo e irritado. Parece haber vuelto a olvidar (y qué pronto) que los votantes mandan y él obedece. Al menos, en eso consiste la democracia; lo otro sería caciquismo. Aún así, me gustaría pensar que ahora se va a hacer bien, aunque más les valdrá porque los electorados respectivos han demostrado  no estar ya para más tonterías.

 

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