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Las dos caras del cambio climático en Navarra: sequía en los pantanos, inundaciones en la Ribera

Inundación en la carretera dirección Pamplona en Artajona - a la izq.- y niveles del pantano de Yesa a mediados de agosto

Sol Gragera

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Y uno de los días más lluviosos irrumpió en el verano más seco de los últimos 45 años. Carreteras inundadas, pasajeros de un tren varados a 100 metros de la estación de Lodosa, el desprendimiento de un muro en Artajona, o locales e incluso un cuartel de la Guardia Civil inundados. Todo esto fueron algunas de las fotografías vistas en la mitad sur de Navarra -tanto en la zona media como en la Ribera- en la madrugada del miércoles, 1 de septiembre. El motivo: la fuerte tormenta provocada por la llegada de una DANA - acrónimo de depresión aislada en niveles altos, un fenómeno meteorológico de fuertes lluvias que suele ser común con la llegada del otoño-.

Tudela llegó a registrar hasta 63,4 litros por metro cuadrado en tan sólo una hora. Según la delegación de la Agencia Estatal de Meteorología en Navarra (AEMET), supone el mayor dato desde que comenzaron los registros hace 32 años. Mientras, en paralelo, el embalse de Yesa -el de mayor capacidad de la comunidad foral, ubicado en el noreste del Prepirineo- atraviesa el quinto año más seco de su historia y la campaña con menos aportaciones acumuladas entre primavera y verano. Recoge apenas el 28% de una capacidad total de 447 hectómetros cúbicos.

Es la paradoja de los fenómenos meteorológicos que se tornan cada vez más extremos, las consecuencias y dos caras de la misma moneda del cambio climático. Si bien las fuertes tormentas provocadas por la gota fría son más comunes en la zona del Mediterráneo a comienzos de otoño, desde la AEMET en Navarra apuntan que dichos fenómenos empiezan a ser cada vez más normales en esta época del año y otras menos tradicionales en la comunidad foral. Aunque no se puede concluir que dicho acontecimiento concreto, de forma aislada, sea efecto del cambio climático, sí supone la meteorología extrema una consecuencia de ello.

En un solo día, el 1 de septiembre, cinco estaciones meteorológicas -Larraga, Tudela, Olite/Erriberri, Monteagudo y Monreal/Elo- recogieron un total de 311,6 litros por metro cuadrado. Fue la estación de Larraga la que mayor aportación recibió, un total de 102. Una cifra, según la AEMET, sólo superada en los últimos 50 años en la mitad sur de Navarra por el día 8 de julio de 2019.

Ello contrasta con unos meses de julio y agosto que han registrado valores “muy secos” o “extremadamente secos”, según apunta el delegado de la AEMET, Peio Oria. De hecho, la principal estación meteorológica, la del Aeropuerto de Pamplona, ha marcado en dicho periodo la menor aportación acumulada de los últimos 45 años. La excepción, de nuevo, ocurrió con las tormentas registradas en la segunda quincena de junio. Tanto éstas -asegura- como las fuertes lluvias registradas en mayo han sido las aportaciones que han salvado lo recogido desde el pasado mes de marzo. De hecho, apunta Oria, no sólo el verano sino los últimos seis meses suponen el cuarto período más seco de los últimos 45 años.

Dichos registros resienten el agua embalsada de la comunidad foral, que alcanza el 40% de su capacidad total. El pantano de Yesa es el más afectado ya que, según señala a elDiario.es la Confederación Hidrográfica del Ebro, atraviesa una situación de gran escasez, de las más importantes del último siglo. Recoge apenas un 28% de su capacidad -124 hectómetros cúbicos de 447-. Ello deja imágenes impactantes como la recogida desde las alturas por miembros del Real Aeroclub de Zaragoza a mediados del mes de agosto y que acompaña a esta información. Aunque la Confederación no prevé limitar el consumo a las poblaciones, sí ha establecido restricciones para los regantes del Canal de las Bardenas, quienes no es la primera vez que han de ajustar de forma responsable los usos de un bien tan escaso.

A expensas de lo que suceda a lo largo del mes de septiembre y en el comienzo del año hidrológico, la Confederación sí vaticina que tanto Yesa como el embalse de Itoitz -al 45% con 190 hectómetros cúbicos de 417 de capacidad total- terminarán el año con las reservas “muy mermadas”. De hecho, desde el organismo apuntan que será necesario “hasta un año y medio de aportaciones” para que los embalses recuperen “los máximos niveles normales”.

En este sentido, desde la AEMET reconocen la dificultad de realizar predicciones a un mes vista, pero las tendencias indican que las precipitaciones de septiembre y octubre se acercarán a valores próximos a la media. “Creo que no podemos hablar todavía de una situación preocupante, porque depende de lo que vaya a pasar la próxima semana”, matiza el delegado de la AEMET. No obstante, el año hidrológico que finaliza el 31 de septiembre cerrará con “valores muy próximos a lo normal, o incluso de superávit”, tanto en el extremo sur de la comarca de Tudela como en el extremo sur de la comarca del Bidasoa. Eso sí, “con una distribución muy irregular”, asegura, como ya evidencian los fenómenos más extremos.

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