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Canibalismo inverso

Más que elegir nuevo presidente del consejo de RTVE habría que clausurarla, pero, claro, esto es pensar como una hormiga

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Pedro Sánchez durante su primera entrevista para RTVE, como presidente del Gobierno

Pedro Sánchez durante su primera entrevista para RTVE, como presidente del Gobierno EFE

El Dicrocoelium dendriticum es uno de los parásitos más despiadados que existen. Para viajar de huésped en huésped, de inquilino en inquilino, es capaz de alterar la mente de su portador y llevarle a provocar el suicidio con el fin de que sea devorado y así pasar a otro organismo. Esta manera de control mental se da en las hormigas, en los ratones y, parece ser, que en el hombre, quien en los primeros estadios de la evolución era poco menos que un buen bocado para los grandes felinos que poblaban el planeta.

Científicos de la Universidad Ben Gurión acaban de publicar en la revista Frontiers in Psychology un artículo en el que narran ejemplos de manipulación mental en el reino animal, cuya realidad no tiene nada que ver con la de Disney. Es especialmente truculento lo que el Dicrocoelium hace con la hormiga. Antes de llegar a ella ha iniciado su periplo en el hígado de un animal, pongamos una oveja, en donde deposita a su progenie. A través de las heces del huésped, el parásito viaja al exterior, en donde se encuentra con un caracol en busca de alimentos. La mucosidad del caracol atrae a las hormigas a su vez por lo que el huevo del parásito es incorporado a su organismo. A partir de ese momento, el parásito tiene que convencer de algún modo a la hormiga de que se deje comer (como tema de conversación entre humanos no es muy recomendable a la hora del té) y así aquel pasar a otro organismo en cuyo hígado poder reiniciar el proceso.

Lo fascinante de este caso es que para hacerlo llega a controlar la mente de la hormiga portadora, cuyo comportamiento roza el sonambulismo. La hormiga infectada, al anochecer, deja la colonia y se encarama a una brizna de hierba. Una vez en lo alto, muerde con fuerza la planta y se deja colgar, a la espera de que un depredador la devore. Si eso no ocurre, vuelve a subir y retorna a la colonia como si nada. Al día siguiente se comportará como una más, pero al caer el sol volverá a dejar el grupo para repetir la operación.

¿Cómo provoca el parásito este comportamiento? El hemolinfo es la sangre de las hormigas. Los párasitos engordan en el interior de la hormiga, excepto uno, que se desplaza hasta la cabeza del insecto en donde segrega un elemento químico que controla su conducta. A partir de aquí, de nuevo el misterio. Solo sabemos que la hormiga dedica sus escapadas nocturnas al canibalismo inverso.

No tengo nada claro que a estas alturas nuestra mente no siga siendo controlada por alguna molécula generada por un parásito que nos hayan traspapelado y que nos haga comportarnos con estupidez. Como puede imaginarse, el comportamiento estúpido es mucho más abundante que el inteligente, a pesar de lo cual todavía no ha encontrado su lugar en la tabla periódica el causante de este gran trastorno de la humanidad, cosa que merecería sin duda.

Pero hay que reconocer que somos más complejos que las hormigas y que ya podemos prescindir de la química. Ahí está por ejemplo la televisión. Ahora que todo el mundo se rasga las vestiduras por la negociación del nuevo responsable de la cosa, tenemos delante de nuestras narices al causante de que cada noche abandonemos la manada y nos dediquemos a colgar de una brizna intentando seducir a un depredador. Como no hay tanto depredador para tanto televidente es obvio que muchos de ellos debemos volver al día siguiente a nuestras ocupaciones. Pero no hay que preocuparse, que por la noche nos daremos otro paseíto al fresco.

Más que elegir nuevo presidente del consejo de RTVE habría que clausurarla, pero, claro, esto es pensar como una hormiga: cree que es libre cuando no es más que el político que le está exprimiendo las meninges.

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