eldiario.es

9

Cual perlas ante una piara


A Clement Walker, jurista y político durante la Revolución Inglesa del siglo XVII, se le atribuye la afirmación de que “no cabe forma de gobierno sin sus debidos misterios. La ignorancia, y la admiración que de ella dimana, es la fuente de la devoción y la obediencia civil”. Esto lo decía Walker al censurar a las sectas ‘comunistas’ de entonces por haber “desplegado ante el vulgo, cual perlas ante una piara, todos los misterios y secretos del gobierno, enseñándole a desmenuzarlos hasta los primeros principios, de manera que, en adelante, la gente presenta tal grado de arrogancia que le resulta imposible reunir la humildad suficiente para acatar una administración civil”.

Semejante reflexión la publicaba ‘post mortem’ en 1661. En nuestros días, un joven ex-analista de la CIA, Edward Snowden, está poniendo al descubierto todos los importantes secretos que han pasado por sus manos. En la cascada de realidades desveladas se acaba de dar a conocer el espionaje cruzado entre socios y se anuncian nuevas revelaciones todavía más impactantes para las próximas semanas.

El conocimiento de las verdades ocultadas por los poderes ha estado siempre en la base de las estrategias manumisoras: el pueblo tiene que conocer la verdad para que por sí misma genere una reacción contraria a la obediencia, pues ésta se soporta en el desconocimiento. Desde Platón cuando advertía de que el principio de todos los males residía en la ignorancia, pasando por el referido sermón de Walker y terminando por el llamado ‘periodismo de investigación’, todos partimos de aquel aserto de San Juan de que “la verdad nos hará libres”. Pues no es así.

Posiblemente coincidan en el tiempo la posibilidad de conocer más gracias a las tecnologías de la información y de la comunicación –de la imprenta a internet- con la creciente y desnuda desfachatez con que los poderosos nos dominan. Hace ya mucho que nadie oculta nada, que los secretos se guardan dejándolos a la vista. Los mandamases del mundo se espían entre sí. Ahora lo sabemos a ciencia cierta. Antes lo sospechábamos, lo dábamos por supuesto. Los banqueros se enriquecen con la ruina de la gente. La presente crisis es palmaria al respecto de esa verdad. Podríamos hacer interminable la lista de cosas que cualquier ciudadano puede saber… si quiere hacerlo, y que soportan situaciones de manifiesta injusticia.

Posiblemente coincidan en el tiempo la posibilidad de conocer más con la desnuda desfachatez con que los poderosos nos dominan. Hace ya mucho que nadie oculta nada, que los secretos se guardan dejándolos a la vista


El rebelde y el revolucionario se exasperan ante tamaña impudicia y, sobre todo, ante la incomprensible apatía de la gente para protestar y levantarse. No entienden o no recuerdan aquello de que la realidad por sí misma no insta a nada, o al menos a nada concreto e igual para todo el mundo. Entre la realidad y el sujeto media la percepción, cómo entiende cada cual por qué pasan las cosas, a qué se deben. La crisis puede caer del cielo –“la que está cayendo”, se dice- como la lluvia, por naturalidad providencial, o por naturalidad económica, por aquello de los ciclos, la saturación de los mercados o el desplazamiento de los centros internacionales. Pero puede percibirse también como fase suprema de la dominación y usurpación de una clase sobre otra, de la minoría sobre la inmensa mayoría. De hecho, así se denuncia también. Conforme se vea colectivamente de una u otra forma pasarán unas u otras cosas, o se verán los remedios de los gobiernos como sacrificios bien intencionados para “salir de ésta” o como medidas que concretan y remachan el robo, el reparto desigual de las riquezas y el beneficio de unos pocos soportado en la creciente miseria de muchos.

En ese sentido, estaríamos como al principio de los tiempos; al menos de los tiempos en que el individuo humano fue invitado a pensar por sí mismo y a adquirir autonomía: un cuarto de milenio. La realidad se muestra ahora exigente, demandando inevitables y esperables (en su sentido) respuestas. No hemos transitado tantos decenios de conformación de una ciudadanía responsable como para permanecer ahora impasibles, pasivos, cuando tan diáfano es todo lo que hay que derrumbar. Pero no.

Falta la mediación –otra mediación alternativa, pues el sistema ya se soporta en una- entre la realidad objetiva y su percepción subjetiva. Proceso que se concreta a través de la experiencia personal y grupal, y a través del relato explicativo del porqué de las cosas. Acción y teoría, la eterna doble peana que sostiene la intervención en el mundo, la de quienes quieren cambiarlo (a mejor, se supone) y la de quienes quieren que siga igual (de mal). Es curioso cómo las posibilidades para el bien y para el mal, si se me permite esta tosca traducción moral de la política, son siempre parecidas, siempre se apoyan en similares recursos, en idéntica escala de oportunidad y amenaza. Y es curioso también hasta qué punto la política institucional casi exclusiva de algunos partidos ha olvidado el territorio y las prácticas donde y como se producen la comprensión de la realidad y la consiguiente reacción a la misma.

Muy Bien, has hecho Like

¿Qué tipo de error has visto?
¿La sugerencia que quieres realizar no está entre estas opciones? Puedes realizar otro tipo de consultas en eldiario.es responde.
Error ortográfico o gramatical Dato erróneo

¡Muchas gracias por tu ayuda!
El equipo de redacción de eldiario.es revisará el texto teniendo en cuenta tu reporte.

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha