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800.000 euros de sueldo en tiempos de crisis

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Ninguno de nosotros sabe lo que es ganar 800.000 euros al año ni fantaseando. Pero, también lo desconoce el poderoso Obama, que percibe unos 400.000, Angela Merkel, que se conforma con 240.000, o Mariano Rajoy que gana 78.0000. Incluso la eterna abogada de la austeridad, la presidenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, cobra 324.000 euros anuales, tras subirse el sueldo un 11% nada más llegar al cargo.

Tiene que ser asombroso mirar la nómina –aunque, dudo de que estos personajes comprueben impacientes si han recibido el ingreso– y comprobar que uno realiza trabajo de dioses.

No ya por encima de los mortales, sino el rey del olimpo debe sentirse Gregorio Villalabeitia, el nuevo presidente de Kutxabank, por sobrevolar sobre esas cifras tras subirse él mismo un 73% el sueldo cuando sustituyó hace un par de meses a Mario Fernández.

El nuevo presidente estudió en la Universidad de Deusto en un tiempo en que ello abría las puertas al país de la fortuna. Y, en ese territorio del triunfo fue sumergiéndose hasta lograr ese prestigio que ahora le ha animado a hacer reventar su sueldo.

No dudo de los extraordinarios conocimientos del señor Villalabeitia. Pero, cuando el Salario Mínimo Interprofesional se ha incrementado este año un 0,5% respecto a 201, y es de 9080,40 euros al año; y el sueldo medio de un trabajador es más bajo que hace 20 años, subirse un 73% el propio sueldo debería hacer enrojecer.

¿Por qué esta subida tan inusual? ¿Pensará el nuevo presidente invertir más horas que su predecesor y ha hecho el cálculo de lo que le correspondería ganar en ese caso?

¿Deberá agradecérselo al partido que le propuso para tan alto cargo? ¿O es que no podría haber vivido con el sueldo de su antecesor? ¿En que invertirá tanto dinero? Como siempre, la respuesta, amigo mío, está en el viento. ¡Que ya lo auguró hace décadas Bob Dylan!

Claro que pudiera ser que la subida fuera un aliciente para que bajo su mandato Kutxabank siga obteniendo beneficios. Entonces, debería también pagar más a los empleados y, puestos a repartir, ¿por qué no favorecer a los clientes, rebajando el coste de las operaciones o los créditos?

O, y aún más necesario, ¿por qué Kutxabank no gestiona de manera ética y flexible con los deudores y acepta la dación en pago y el alquiler social? ¿Por qué sigue aplicando los Índices de Referencia de Préstamos Hipotecarios (IRPH) a pesar de las críticas de instituciones públicas y tribunales de justicia?

“Cuando el Salario Mínimo Interprofesional aumenta este año un 0,5% y es de 9080,40 euros al año; y el sueldo medio de un trabajador es más bajo que hace 20 años, subirse un 73% el propio sueldo debería hacer enrojecer”

Kutxabank es la entidad que más desahucios ejecuta en el País Vasco por impago de hipotecas. Así, de 1.127 ejecuciones o lanzamientos, 213, casi uno de cada cinco fueron exigidos, según un informe del Gobierno vasco con datos de 2013 y 2014.

Y, justo estos días, la plataforma Stop Desahucios ha señalado con el dedo a la entidad vasca por vender deuda a bancos buitres con el fin de sanear sus cuentas.

La auto asignación de tan llamativo sueldo no es solo un mal gesto del banquero en tiempos de penuria económica o que Villalabeitia marque en su particular caja registradora en solo un día bastante más que en un mes un trabajador de sueldo medio. Lo que realmente asombra es que las cajas de ahorro siempre han presumido de estar apegadas a los valores sociales, desmarcándose del resto de entidades bancarias. Y, muchos nos lo hemos creído. El propio Villalabeitia anunció que se proseguiría inyectando beneficios a la obra social.

En todo esto, hay otro factor extraordinariamente relevante y aún más difícil de entender y es el comportamiento de los 14 representantes del PNV, PSE y PP en el Consejo de Administración de la fundación que han respaldado la decisión de su presidente y con sus votos le han hecho merecedor de un sueldo que genera alarma social.

Como todo es negocio, y si no nos gustan sus principios tienen otros peores, han demostrado estar bien entrenados para cumplir. Quizá esperen un trofeo de reconocimiento. O solo que les dejen donde están. Resulta, al menos llamativo, que las direcciones de los partidos a los que representan no supieran la decisión que iban a adoptar sus afiliados.

Por el contrario, a quienes se comprende fácilmente es a todos esos vascos invadidos por la rabia a los que sus padres les abrieron una cuenta de ahorro un día lejano. O a aquellos que decidieron hacerlo con la ilusión del primer sueldo y ahora sienten hartazgo.

Y, se entiende de maravilla a todos esos ancianos para los que no existen las operaciones on line, en los cajeros pierden la guerra contra la pantalla y en las ventanillas ya no les atienden como antes.

La mayoría de nosotros sobrevivimos echándonos a andar mundo adelante. Pero, hay hombres –la gran mayoría son hombres de traje gris– destinados al éxito. No hay duda de que el presidente de Kutxabank es uno de ellos. Subirse el sueldo él mismo un 73% en un País Vasco con 174.000 parados y establecerlo en 800.000 euros anuales cuando el salario medio anual no llega a los 20.000 es la prueba de que lo ha conseguido.

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