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Por los periodistas despedidos de la radio pública vasca y otros miles

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El día 1 de Junio los 27 periodistas se despertaron sabiendo que por primera vez en décadas ese día no se escucharían sus voces en las tres emisoras de la radio pública vasca. Junto a ellos, dos técnicos. Fue de golpe, sin que importara la visibilidad de los micrófonos mudos y las sillas vacías ante tanta ausencia.

El abandono obligado ya había comenzado hace semanas. Como un goteo incesante. Imparable.  La dirección de EITB (PNV) con el respaldo de EH Bildu y el sindicato LAB aprobó en Consejo de Administración el despido de 79 trabajadores de Radio Euskadi, Euskadi Irratia y Radio Vitoria. Nada importó que algunos llevaran una veintena de años de trabajo y responsabilidad directa en los principales programas. Y que casi todos formaran parte de la historia de los medios de comunicación vascos. Ninguno había logrado el nivel de euskera exigido en las pruebas y eso era suficiente. La decisión estaba tomada.

La drástica medida no solo es un acto de magna injusticia, sino que merma la plantilla en un 20% y supone el mayor recorte en los 30 años de vida de la radio pública vasca. Para muchos, también puede suponer una descapitalización y malversación de fondos públicos. Y para casi todos el deterioro de un medio público de comunicación. La dirección con el beneplácito de quienes sostienen defender los derechos de los trabajadores han optado por la insensatez más manifiesta con el pretexto de pretender resolver una situación irregular creada en su momento y mantenida en el tiempo. La dirección de EITB no halló ningún otro sistema para integrar a sus trabajadores. La solución fue echarlos.

Se ha hecho todo tan mal, clama de tal manera el hacer de EITB en este asunto, que por increíble que parezca, ha incumplido los plazos legales en la comunicación de los despidos, con la consiguiente carga para las arcas públicas. A pesar de que es una decisión sabida desde hace meses y que los afectados han vivido de manera agónica y sus compañeros, compungidos.

Siempre nos enseñaron que los periodistas nunca deben ser noticia. La gran paradoja: el periodista denuncia las condiciones laborales de otros colectivos pero calla sobre la suya. A cambio, nos dedicamos a la profesión más bonita del mundo, que presumía García Márquez. Por ello nunca trascienden los cientos de horas regaladas a las empresas, los festivos trabajados o los avatares padecidos para lograr el objetivo: la noticia. Tampoco importa sufrir una amenaza, implorar a un desconocido la revelación de un secreto sumarial, el acoso laboral de un jefe o una caída cuando corriendo tratabas de llegar a donde fuera. Porque, los periodistas siempre estamos yendo a algún sitio.

Desde el año 2008 la crisis económica, el capitalismo de rapiña o la mala gestión de las empresas se ha llevado por delante a 11.900 periodistas

Sin embargo hace tiempo que los periodistas corren cada vez menos porque no tienen donde ir a escribir o ante qué micrófono o cámara hablar. Los despedidos de la radio pública vasca son una afrenta. Pero, desde el año 2008 ya son, somos, 11.900 los que la crisis económica, el capitalismo de rapiña o la mala gestión de las empresas se llevó por delante. Pocas profesiones como el Periodismo se han visto tan vapuleadas por la tenebrosa situación económica. Más de 300 medios desaparecidos y un presente incierto.

Perder el trabajo, cualquier empleo, es como recibir uno esos derechazos que dejan al boxeador noqueado en la lona. Todos los que lo han vivido saben que contar hasta diez no suele ser suficiente para recuperar el aliento y ponerse en pie. Hace falta más tiempo. Mucha energía y suerte.

Pero, si además, eres periodista (y seguro que muchos otros profesionales dirán lo mismo), no solo te quitan el trabajo sino que te arrebatan una parte esencial de tu vida.

Porque un periodista suele serlo las 24 horas del día. No desconectamos al llegar a casa ni paseando a los perros. La vida y el periodismo son inseparables: una misma cosa. Curiosos, siempre atentos, resolutivos…. No se trata tampoco de hacer una tesis sobre la profesionalidad de los periodistas. Los hay buenos y mediocres, como en todo. Pero, los de verdad, aquellos para quienes el periodismo es una vocación, no una forma de ganarse la vida; los afortunados, los que conocen el sabor de la adrenalina, la emoción de narrar una historia, de tumbar a un indeseable, de vigilar al poder, de vivir… esos son unos pura sangre.

Vivimos tiempos de mediocridad en los que las empresas prefieren trabajadores sumisos que mentes brillantes pero rebeldes. Recién llegados con ilusión pero sin experiencia. Despedir a buenos y leales profesionales para “salvar la empresa”.

He escuchado este argumento mientras observaba como se dilapidaban los beneficios solo unos meses antes. Te lo dicen con voz queda, mientras tú, impotente ante tanta ignominia, te aguantas las lágrimas. Porque ¡es tanta la hipocresía de querer convencerte de que con tu despido ayudas a mantener la empresa! Como si los trabajadores fuéramos los culpables. Mientras, tú solo piensas en tus padres, en tus hijos, en cómo hacer para no romperte, para demostrarles que no tienes miedo, que el fracaso no está en tus planes. Que todo va a salir bien.

Ahora, son los periodistas y técnicos de Radio Euskadi, Euskadi Irratia y Radio Vitoria. Antes fueron otros. Y, en muchos casos, no trascendió. Nadie supo de la injusticia, de su dolor. Al menos, en esta ocasión, los despedidos han sido noticia, han roto las leyes del periodismo para convertirse en lo que nunca quisieron ser: protagonistas de la noticia. Para ellos y para todos aquellos que siguen luchando a pesar de todo, van estas líneas. Por lo vivido. Hasta la batalla final.

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